Los casos desaparición y feminicidio del que fueron víctimas por separado las jóvenes estudiantes Kimberly Ramos en Cuernavaca, y Karol Toledo, en la zona sur de Morelos, han adquirido una sonoridad natural por todos los componentes de los hechos en sí mismos. Las dos eran jóvenes de 18 años, ambas estudiantes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, y también en los dos casos ultimadas con particular saña. Ambas sucumbieron a manos de criminales en hechos de particular crueldad. 

Los fallecimientos hablan de la inhumanidad de sus victimarios y probablemente de una profunda crisis de valores en parte de la juventud. Sólo de eso. Por ello el reclamo social real y legítimo va dirigido, en ambos casos a que se haga justicia castigando a quienes cortaron sus vidas. 

Esa búsqueda de justicia debe incluir, primero, la verdad. Conocer puntualmente lo que ocurrió en ambos casos. Es algo que merecen primero las familias, pero también la comunidad universitaria y la sociedad. El conocer lo ocurrido permite trazar rutas de atención a las causas, pero, sobre todo, dar certeza a los deudos de ambas jovencitas, que se cuentan por miles. 

La justicia también requiere, por supuesto, del castigo a los responsables. En el caso de Kimberly hay un detenido. En el caso de Karol hay investigaciones avanzadas. Las sanciones que merecen quienes asesinan a mujeres se han establecido en las leyes, y deberán ser aplicadas con todo rigor y respetando acuciosamente el debido proceso para evitar cualquier espacio de impunidad. Sólo así resultarán castigos ejemplares y cumplirán la función de inhibir futuras conductas delictivas en la sociedad. 

También la verdadera justicia debe ofrecer la garantía de no repetición, algo sumamente difícil porque obliga al involucramiento de todos. En estos casos, los gobiernos, las instituciones educativas y, sobre todo, la sociedad. 

La no repetición de cualquier delito es un reto sumamente complejo para cualquier sociedad; pero en el caso de los feminicidios en Morelos se dificulta aún más. El delito que se comete con mayor frecuencia es la violencia intrafamiliar o violencia contra la pareja. La prevalencia de una cultura machista, el alto consumo de bebidas alcohólicas y drogas, la falta de cultura social para la resolución pacífica de conflictos, entre otros factores, son un caldo de cultivo que victimiza a las mujeres constantemente. 

La justicia requiere entonces, de atender a las causas, investigar acuciosa y profesionalmente los delitos y construir garantías de no repetición. Sobre eso deben dirigirse los reclamos sociales y los particulares de la comunidad universitaria. 

Distraer esas legítimas demandas con agendas políticas, con discursos incendiarios, con noticias falsas, con cargas provocadoras de mayor odio, ira y miedo entre los morelenses es distraernos de lo fundamental. 

Justicia para Kimberly. Justicia para Karol. Justicia para todas las víctimas. 

La Jornada Morelos