Jessica Rivera Hamed 

Sí, este es un análisis más del fenómeno Antonio Benito Martínez Ocasio alias Bad Bunny, y su impacto en el imaginario colectivo. Para unos, el show de medio tiempo del súper bowl fue un espectáculo más del juego más capitalista del mundo. Para otros, una puesta en escena con alto valor simbólico de enunciación latinoamericana. Y es por ello que traigo aquí algunas reflexiones con base en las ideas del teórico W.J.T. Mitchell con respecto a la imagen como un fenómeno cultural y social complejo.  

Para Mitchell, la imagen no puede entenderse aislada de su contexto, es inseparable de las prácticas, los discursos y las relaciones de poder en las que se inserta. Y eso es tal vez una de las razones más fuertes por las que el espectáculo del puertorriqueño sorprendió, conmovió, y llamó la atención de públicos de diversas generaciones, hasta aquellas a quienes no les gusta el reggaetón y nunca lo habían escuchado. La política anti migrante en Estados Unidos no es nueva y no llegó con Trump. Sabemos que el gobierno de Obama fue uno de los que más inmigrantes deportó en la historia. La característica del actual gobierno estadounidense además del recrudecimiento de las prácticas del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas, (Immigration and Customs Enforcement ICE), es la construcción de una narrativa violenta y discriminatoria contra toda persona inmigrante que habita ese país, con o sin documentos.  

La enunciación importa y tiene poder. Para Mitchell las imágenes intervienen activamente en la construcción de la realidad social, organizan la percepción y movilizan emociones. También están insertas en luchas simbólicas y participan en la producción de consensos culturales. Y creo que es aquí donde la representación de cañaverales, puestos de tacos, fiestas latinas, hombres y mujeres con agencia de su cuerpo bailando música afrocaribeña y las banderas de todo el continente para declarar que América somos todos, toma relevancia; en un contexto de disputa simbólica, en el que los capitalistas también juegan su papel para tener contento al público latino.  

Para Mitchell las imágenes no operan unilateralmente, su eficacia depende de la interacción con quienes las miran. Ignorar lo que el espectáculo afrocaribeño cantado en español puede representar para la población migrante perseguida en Estados Unidos es ver el mundo en blanco y negro. Y es en los matices donde las cosas suceden, se quiebran, se reconstruyen, se agrietan. Para Mitchell la intensidad de las reacciones que provocan las imágenes se explica, además de su contenido visual, por el lugar que ocupan en los imaginarios colectivos y por las tensiones sociales que condensan.  

Es decir, sí, también existe conflicto y disputa en lo que vemos por televisión. Las imágenes influyen en cómo se perciben los cuerpos, los territorios y los acontecimientos. Se puede legitimar un discurso o contravenirlo.  Para Mitchell ver, representar y producir imágenes es una práctica social situada y representar es un acto de construcción simbólica. 

Y en esta columna no hablamos del contenido musical y lírico del trabajo de Benito en general, que, más allá de gustarnos o no, es interesante analizar por qué para algunos es motivo de repulsión que no se entiendan los regionalismos pueltoliqueños de las canciones. Bueno pues en Puerto Rico sacaron un libro para entender algunas palabras del álbum Debí Tirar Más Fotos, que, por cierto, habla de gentrificación, colonización y nostalgia. Nos leemos en la siguiente. 

Quieren quitarme el río y también la playa 
Quieren al barrio mío y que abuelita se vaya 
No, no suelte’ la bandera ni olvide’ el lelolai 
Que no quiero que hagan contigo lo que le pasó a Hawái 

Aquí nadie quiso irse, quien se fue sueña con volver 
Si algún día me tocara, que mucho me va a doler 
Otra jíbara luchando, una que no se dejó 
No quería irse tampoco y en la isla se quedó 
Y no se sabe hasta cuando- 

Jessica Rivera Hamed