
Fin de las oligarquías
El capitalismo, en su versión liberal y en su versión social/demócrata, ya no es funcional para crear el bienestar de la mayoría de los ciudadanos de un país. Las premisas que lo sustentaban quedaron anuladas por el surgimiento de un capitalismo neoliberal, en el que la auténtica economía (la que genera bienes y servicios que satisface necesidades reales de las personas) dio paso, por un lado, a la “economía casino” orientada a la especulación financiera dedicada a hacer dinero con el dinero; y por otro, a la renuncia de la soberanía nacional en las decisiones económicas, dejando que grandes fondos de inversión internacionales y poderosas corporaciones configuren las formas de producción, distribución, consumo e ingreso.
La prueba de este fracaso la documenta el reciente informe de Oxfam 2025, titulado «Contra el imperio de los más ricos: defendiendo la democracia frente al poder de los milmillonarios«, en el cual se señala que la riqueza conjunta de los milmillonarios aumentó sólo el año pasado en 16%, equivalente a 2,5 billones de dólares. Dicha cifra es equiparable a la riqueza total en manos de la mitad más pobre de la humanidad, es decir, 4.100 millones de personas. Con ella, se podría erradicar hasta en 26 veces la pobreza extrema existente.
En paralelo, el informe menciona que la reducción de la pobreza se ha estancado, y que estamos en niveles semejantes a los de 2019, aunque agravándose en el continente africano. La disminución de ayuda al desarrollo se estima que podría resultar en la muerte de 14 millones de muertes adicionales de ahora al año 2030.
Por otra parte, se advierte que esta concentración extrema de riqueza aumenta la desigualdad mundial, incrementa la pobreza extrema y debilita las instituciones democráticas nacionales. Los más ricos tienen un gran poder político, lo cual les permite influir en las dinámicas económicas a su favor, sin importar los impactos negativos que estás tienen en materia de derechos y libertades de los ciudadanos. Una expresión de ello es el control que los superricos tienen de los medios de comunicación tradicionales y digitales. Más de la mitad de las empresas de medios de comunicación, y la totalidad de empresas de redes sociales son controladas por los milmillonarios. Algunos ejemplos que da el reporte son los de Jeff Bezos que compró el Washington Post, y el de Elon Musk, que compró Twitter/X. De igual forma, en 2024 se confirmó el agravamiento las libertades civiles y derechos políticos, así como el incremento de protestas y de represión gubernamental en al menos 68 países
Este panorama de concentración de la riqueza en favor de los milmillonarios, así como sus efectos inmediatos, coincide con la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, cuyos decretos han impulsado esta concentración de riqueza. En efecto, este presidente del país hegemónico ha impulsado una agenda que favorece a los más ricos, disminuyéndoles impuestos, e inhibiendo avances y consensos en la imposición de impuestos a las grandes corporaciones, así como en los intentos por controlar los monopolios; aunque es de reconocer que este fenómeno de apoyar a las oligarquías no es privativo de los Estados Unidos.

En sus conclusiones, el reporte hace algunas recomendaciones a los gobiernos para atender la problemática señalada, por ejemplo, la de poner en marcha Planes Nacionales realistas y con indicadores de avance concretos orientados a reducir la desigualdad social; la de instrumentar agendas efectivas que aseguren la tributación de los superricos; la de regular los lobbies y el financiamiento de las campañas electorales; la de asegurar la independencia de los medios de comunicación y prohibir los discursos de odio; así como, la de fomentar la participación ciudadana y la libertad sindical.
Habría que evaluar la viabilidad de poner en práctica dichas recomendaciones, teniendo en consideración la realidad de cada país, ya que no se puede ignorar factores tan importantes, como la gran influencia que tienen los poderes fácticos, las serias limitaciones financieras que impone el servicio de la deuda externa, y la interdependencia que se genera por lo intrincado de las actuales relaciones comerciales; lo anterior, sin obviar el desinterés tácito de algunos gobiernos por resolver de fondo los problemas sociales y económicos de la población.
En este marco, habría que abrirse a conocer el extraordinario desempeño de la República Popular China en materia de generación y distribución de la riqueza, no para imitarla, sino para estimular la imaginación y el deseo de encontrar formas nuevas de lograr el bienestar de la población, adaptadas a la historia, tradición y cultura de cada país.
Es a todas luces insensato el seguir insistiendo en que modelos de desarrollo económico y político disfuncionales y fuera de época, como el capitalismo neoliberal y el socialismo de estado, sigan siendo la única referencia para el actuar gubernamental, tanto en el Norte como en el Sur Global.
Están dadas las condiciones y la coyuntura mundial, para impulsar nuevos modelos de convivencia y desarrollo socio/económico que no tengan al dinero como eje de las interacciones humanas, sino que sea la convivencia, la complementariedad, la solidaridad, y la justicia social lo que las articule.
*Interesado en temas de construcción de ciudadanía.


