
Píntala de azul, no, de amarillo…
La ausencia del alcalde de Cuernavaca José Luis Urióstegui Salgado ha servido para demostrar que, si bien el ayuntamiento de la capital tiene la fortaleza institucional suficiente para funcionar adecuadamente; hay quieres pueden convertirlo en una lucha política para intentar demostrar fortaleza de formas totalmente absurdas que cuestan recursos del erario.
Por lo menos dos de los aspirantes que se consideran a sí mismos sólidos para ser candidatos a la presidencia municipal de Cuernavaca en el 2027 aprovecharon la ausencia de Urióstegui para medir sus fuerzas en una lucha de sombras que parece haber culminado el sábado en las guarniciones de la ciclopista de Río Mayo, uno de los emblemas de las administraciones panistas de la ciudad.
Un prólogo que regalaba el final
En la ausencia de Urióstegui Salgado, el diputado panista, dirigente de su partido en el estado y probable nominación de él mismo y su cofradía a la alcaldía capitalina, Daniel Martínez Terrazas, se reunió con funcionarios del ayuntamiento para darles instrucciones (en efecto, no peticiones de apoyo, sugerencias, quejas, demandas ciudadanas, sino órdenes precisas) sobre diversas intervenciones de bacheo, cambio de luminarias y hasta la habilitación de un pozo. Las instrucciones fueron para el funcionariado que está en la nómina municipal por intervención de la dirigencia panista, es decir, el propio Martínez Terrazas. A nadie sorprendió que los asistentes pusieran manos a la obra de forma mucho más ágil que cuando se los pide el alcalde Urióstegui (al que hacen bastante poco caso).
Pero también la síndica municipal (en funciones de presidenta municipal, como insiste en llamarse), Paula Trade Hidalgo, hizo de la ausencia de José Luis un momento para brillar con luz ajena y exhibir el poderío prestado. Lo mismo dio explicaciones durísimas sobre el despido de la directora de Protección Civil municipal, que le valieron ser señalada como violentadora política en razón de género; que aprovechó casi hasta los estornudos del personal municipal para aparecer en medios mostrándose como la autora de las alergias que los provocaron. Trade apareció más en los boletines del Ayuntamiento de Cuernavaca en un par de semanas que Urióstegui Salgado en varios meses; la proyección que se intentaba dar era que, si algo se movía en el ayuntamiento era gracias a ella.

Eventualmente, las dos fuerzas se tendrían que topar. Es cierto que el ayuntamiento tiene muchas áreas que requieren de la atención diaria, pero acá no se trataba de servir, sino de ser visibles, y para eso no parece haber tantos espacios, o por lo menos no tan emblemáticos como la ciclopista.
Vale decir que nadie en el Ayuntamiento parecía estar muy cómodo con la situación, porque si bien es cierto que la administración pública requiere de liderazgo, la duplicación de éstos genera confusión, angustia y hasta niveles de respuesta institucional sumamente bajos.
Hay que decir que se evadieron bien del choque de trenes los despachos de seguridad, obras públicas, administración, tesorería, y hasta desarrollo económico. Los demás fueron parte gustosa y obligada en el colosal desmadre.
El ridículo de la ciclopista
Así llegó el viernes en que el ayuntamiento convocó a los medios a la visita de Paula Trade al módulo de seguridad en la ciclopista de Río Mayo a las 12:30. Pocos fueron, pero aún así la síndica se llevó pintura y gente para las guarniciones de las banquetas de la pista. Lástima que antes Daniel Martínez Terrazas había ido al mismo sitio a pintar las mismas guarniciones de azul panista porque, dijo “estoy convencido de que rescatar los espacios públicos es rescatar la convivencia, la seguridad y el orgullo por nuestra ciudad”.
Eso no importó a la síndica que llegó con sus cartelotes con su foto frente a tonos lilas que colocó cerca del módulo de seguridad, y desde ahí instruyó a su gente a repintar, ahora en amarillo, lo que antes estaba pintado de azul.
Fue como aquellos juegos de villanos en las campañas electorales donde un equipo llena de pendones una calle y luego pasa el de otro candidato para quitarlos y poner los propios. Pero esto se hizo con recursos del Ayuntamiento, en ausencia del alcalde, y con cargo político a Urióstegui.
Institucionalmente la autoridad municipal en Cuernavaca no sufrió sobresaltos. Políticamente es evidente la ruptura y le costará al alcalde no porque vaya a agravar la situación de distanciamiento o definición de los grupos políticos al interior del ayuntamiento; sino porque la profundiza, además de evidenciar por algo que parece meramente cosmético, una terrible disfunción de la autoridad municipal.
La Nueva Regla 20525
Por todo eso nos atrevemos a sugerir la Nueva Regla 20525 para el Ayuntamiento de Cuernavaca: José Luis Urióstegui no se debe ausentar de la alcaldía para evitar que aquello se vuelva una batalla tipo Guerra Mundial Z. Lo sabemos, el alcalde, como cualquier otro funcionario, merece tener ratos de descanso, pero con esos colaboradores y presuntos aliados políticos es imposible, alguien tiene que poner orden en el funcionariado municipal y esa chamba le corresponde exclusivamente a él, no a la síndica que hace como que corre a la gente, no al diputado que hace como si ya estuviera ensayando para cuando sea alcalde. La conducción del ayuntamiento le corresponde a José Luis Urióstegui, aunque a sus cuates se les olvide.
@martinellito / martinellito@outlook.com

