
A propósito de la fecha, dediquemos este espacio al Amor-Amistad, concepto estudiado en Filosofía de la Amistad por Don Pedro Gasparotto, un mi maestro sacerdote ejemplar que conocí y traté, afortunadamente. Le llamó Amor-Amistad para distinguirlo de otros como el Amor fraternal o Amor filial o, incluso, el Amor erótico.
Me invita esta circunstancia a rememorar a tantos amigos que enriquecieron mi existencia dándole sentido y orientación. Mis queridos maestros merecerían un trato único y especial por su papel preponderante.
Las ocupaciones y decisiones nos unificaron en cuanto a la Fe en el ser humano, en cuanto a la confianza surgida en la convicción sobre la necesaria transformación radical de esta sociedad basada en el consumo, en el mercado, en el dinero considerado por Marx como la puta universal en sus Manuscritos. Con algunos, el camino común había sido el cristianismo, con otros, ejemplos manifiestos de coherencia, su transparente sinceridad en su antiteísmo.
Desprendidos y generosos, su entrega a las causas de la Justicia los mostraba en toda su autenticidad. Precisamente esa era su virtud principal, su autenticidad, lo cual los hacía dignos de seguimiento e imitación. Coincidimos en el Seminario, semillero de caracteres y voluntades; en la UNAM, que fortaleció la militancia y el compromiso; en el Correo del Sur, práctica del periodismo cuasiprofético, anuncio y denuncia; en el trabajo docente, con estudiantes cuya respuesta optimizaba nuestra vocación; y en la música… y en el futbol… y en …
No hago referencia a los Partidos políticos porque, lamentablemente, de grupos y equipos amables se van convirtiendo en panales de mezquindades. El Poder, racionado y oportuno, auténtica manzana de la discordia, cumple con eficacia y deshace todo vínculo afectivo y amistoso.
El Dr. Guillermo González, por ejemplo, ofreció en el Centro de Estudios Universitarios Xochicalco CEUX, becas integrales para estudiantes necesitados: hospedaje, alimentación y estudios. Trabajó con una Escuela de Medicina, muchos egresados dan cuenta de su eficacia. El Dr. Víctor Núñez, Oncólogo distinguido, atendió a muchos de sus pacientes con total gratuidad. El cooperativista Pedro Romero logró, con la Cooperativa BANDERA, la formación de gente colaboradora, generosa y solidaria. El P. Julio auxilió a muchos estudiantes provenientes de pueblos lejanos…

Cuando el triunfo del movimiento armado e inicio de la Revolución coincidimos, en Nicaragua, con el Sr, Obispo Don Sergio, nombrado Presidente Honorario de la Campaña de Alfabetización, con el Mtro. Alberto Híjar, impulsor de un proyecto cultural solidario y con el ahora Comandante Marcos o Galeano, entonces compañero de estudios en la Facultad de Filosofía. La estancia obedecía al cumplimiento de tareas solidarias con esa Revolución que tantas esperanzas enternecedoras había despertado.
Los chicos éramos el Subcomanche y yo. Los mayores cumplían otras responsabilidades. Durante esos días compartimos una cena y catres de lona para descansar. Todos los días éramos testigos de la muerte de jovencitos sandinistas que estaban defendiendo su patria en las fronteras con Costa Rica y Honduras. La Contra, financiada por Ronald Reagan, otro asqueroso, cobraba vidas juveniles.
Hicimos más amistades con compañeros extranjeros, norteamericanos y europeos: un Doctor en Historia por la Universidad de Texas y Jutta Klass, de Alemania que se manejaba en un español muy fluido. Tuvimos una seria y argumentada discusión con un mexicano que alcanzó a vislumbrar un destino no precisamente exitoso de esa revolución. Doctor en Historia que trabajaba en el Colegio de México, nunca presumió sus títulos. Esas amistades breves fortalecían también nuestras convicciones. Todos sabíamos que difícilmente nos volveríamos a encontrar.Muchos amigos ya no están. El P. Julio, Guillermo, Víctor, Pedro… La nostalgia duele. Con nosotros están el Subcomanche Marcos y nuestro admirado y querido Maestro Híjar que, a sus 90 años, se mantiene enhiesto y firme en su convicción revolucionaria. Citemos a otro insigne, el Mtro. Sánchez Vázquez: “Entre el optimismo sin barreras y el pesimismo sin fondo hay el Socialismo como proyecto necesario, posible y realizable… este Socialismo excluye tanto el optimismo de un eufórico marxismo “ortodoxo” como el pesimismo de los que, rehuyendo los retos de las dificultades y los fracasos, prefieren quedarse a la vera del camino, dejar las cosas como están y justificar con su desesperanza su propio cansancio, incomodidad o impotencia”.

