
Ciencia con rostro de mujer: motor de desarrollo para Morelos
El desarrollo científico y tecnológico sigue avanzando con una deuda estructural hacia las mujeres. No se trata únicamente de justicia o igualdad simbólica, sino de algo mucho más tangible: el crecimiento social y económico de las naciones depende, en buena medida, de cuántas inteligencias están efectivamente participando en la producción de conocimiento.
Morelos: potencia científica con tareas pendientes
A pesar de ese hecho, como documenta Jazmín Aguilar en “Igualdad científica, mujeres y niñas aún fuera”, la brecha de género en la ciencia es global, persistente y profundamente estructural. Las mujeres representan apenas una tercera parte de las personas dedicadas a la investigación en el mundo y siguen estando subrepresentadas en las áreas de mayor prestigio académico y de mayor impacto tecnológico. No es una cuestión de capacidades —los datos y las trayectorias lo desmienten—, sino de barreras culturales, educativas e institucionales que comienzan desde la infancia y se refuerzan a lo largo de la vida académica.
Morelos es un caso paradigmático. El estado concentra una de las mayores densidades de centros de investigación del país, universidades públicas de alto nivel y una comunidad científica activa que se ocupa de problemas de dimensiones nacionales y globales. Sin embargo, esa fortaleza convive con desigualdades persistentes como lo denota el hecho de que apenas un tercio de las personas integrantes del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII) en la entidad sean mujeres.
Mujeres en la ciencia, mujeres en la vida real

En “Científicas en la vida real; logros, desafíos y techo de cristal”, Antimio Cruz pone nombre y rostro a esa estadística. La física Julia Tagüeña, la micóloga María de Lourdes Acosta Urdapilleta, la genetista computacional Daniela Ledezma Tejeida y la joven divulgadora Alexandra Villafranco muestran que la ciencia es una práctica viva que transforma comunidades, economías locales y expectativas de vida.
El caso de Acosta Urdapilleta es especialmente ilustrativo para Morelos: su trabajo pionero en el cultivo de hongos comestibles y medicinales ha generado conocimiento aplicado, autoempleo y cadenas productivas locales. Ciencia convertida en desarrollo económico, innovación social y arraigo comunitario. Lo mismo ocurre con la investigación en energías renovables, genómica o divulgación científica temprana: cada niña que se reconoce capaz de hacer ciencia amplía el horizonte productivo del estado.
Pero el texto de Cruz también subraya un punto clave: los avances conviven con techos de cristal. Menos del 12% de los puestos directivos en áreas STEM están ocupados por mujeres y la carrera científica sigue diseñada, en muchos sentidos, para un modelo masculino que invisibiliza el trabajo de cuidados. Mientras ese reparto no sea equitativo, el talento femenino seguirá encontrando frenos innecesarios.
Ciencia, política y desarrollo: una misma ecuación
Por su parte, aunque la nota “Las mujeres gobiernan diferente, aún sin sus derechos políticos”, se centra en la participación política, su lectura resulta clave para entender el vínculo entre liderazgo femenino, toma de decisiones y desarrollo.
Las experiencias de mujeres gobernadoras, como la de Morelos, y de la actual Presidenta de la República, muestran que, cuando las mujeres acceden al poder, tienden a priorizar políticas públicas vinculadas con educación, salud, desarrollo económico local, equidad y bienestar social. No es casual que muchas de estas agendas estén directamente relacionadas con el conocimiento científico, la innovación y la formación de capacidades.
Que hoy México tenga una presidenta con formación científica envía un mensaje claro a niñas y jóvenes sobre la legitimidad de la ciencia como camino de liderazgo y transformación social. En estados como Morelos, donde la infraestructura científica ya existe, este hecho debería traducirse en políticas públicas que articulen investigación, desarrollo tecnológico y justicia social.
El panorama no es idílico, pero tampoco es inmóvil. Invertir en mujeres y niñas en la ciencia no es una concesión ni una moda: es una estrategia de desarrollo. Para Morelos, significa aprovechar plenamente su vocación científica; para México, fortalecer su soberanía tecnológica; y para cualquier nación, ampliar su capacidad de enfrentar los desafíos del siglo XXI. La ciencia con rostro de mujer es una necesidad histórica. Reconocerla, impulsarla y sostenerla es apostar por un desarrollo más justo, más inteligente y, sobre todo, más humano.

