
Roberto Abe Camil*
A la par de una histórica trayectoria luchando por México y la consolidación de la soberanía e independencia nacional, la Secretaría de la Defensa Nacional (Defensa), sucesora de la Secretaría de Guerra y Marina, es una entidad fundamental y entrañable para la sociedad mexicana. No en vano, como ya se ha compartido en este espacio, las Fuerzas Armadas, son la segunda institución más valorada por los mexicanos, tan solo por detrás de la familia. Hoy en momentos complicados para la seguridad nacional, las tropas del Ejército, Fuerza Aérea y Guardia Nacional, no solo están prestas para cumplir con el mandato constitucional de garantizar la salvaguarda de la ciudadanía, sino que también despliegan acciones, que vemos reflejadas a través del afamado Plan DN-III-E que data de 1966, así como de una intensa labor social y de proximidad a lo largo y ancho del territorio.
Mención aparte, merece el esfuerzo que realiza el Ejército Mexicano a favor de nuestra identidad y memoria histórica. Lo anterior se robustece por medio de la Dirección General de Archivo e Historia, que resguarda el acervo documental de Defensa, pero también asiste al Alto Mando en asesoría histórica, desfiles, ceremonias cívico-militares y trabajos editoriales. A su vez, administra la red de museos y bibliotecas militares, en edificios históricos como Bethlemitas en Filomeno Mata y Tacuba en el Centro Histórico de la Ciudad de México o bien el antiguo templo de San Diego en Tacubaya, hoy Museo de la Cartografía entre otros más. Los inmuebles históricos a cargo de Defensa no son pocos y van desde la legendaria e histórica sede del Heroico Colegio Militar en Popotla, al Cuartel Colorado en Guadalajara, la sede de la 21 Zona Militar en Morelia, así como la imponente Hacienda de la Llave en Querétaro, asiento del Séptimo Regimiento Mecanizado.
En el Estado de Morelos, como ocurre en el resto del país, numerosos monumentos, particularmente templos, conventos y haciendas han tenido un uso militar a lo largo de la historia. Como referente local, se levantan el templo y convento de San Diego en Cuautla, que fue el puesto de mando del Generalísimo durante el sitio de 1812, en Cuernavaca el icónico Hotel Moctezuma, cuartel de Zapata durante la Revolución y el edificio virreinal que alberga el Museo de Arte Indígena Contemporáneo de la UAEM, que fue durante la primera mitad del siglo pasado, comandancia de la 18 Jefatura de Operaciones Militares. Al sur poniente de la Entidad, el bello convento de Santo Domingo de Guzmán, en Tlaquiltenango, aún conserva junto a los frescos de arte sacro, una inscripción que da cuenta de su pasado como instalación militar.
Como es del dominio público, en la memoria y patrimonio monumental morelense, existen alrededor de medio centenar de haciendas que van del siglo XVI al XX. Dichos inmuebles, son mudos testigos de una identidad excepcional que giró fundamentalmente alrededor de la prosperidad de la caña de azúcar, aunque existen algunas excepciones de haciendas ganaderas o que trabajaron como beneficio de minerales. Hoy sus condiciones son distintas, algunas simplemente desaparecieron, otras han sido invadidas, algunas más se encuentran en ruinas y afortunadamente también subsisten las que se conservan en magníficas condiciones, mayoritariamente en manos privadas, ya no son los trapiches azucareros de antaño, sino residencias o atractivos hoteles, restaurantes, spas y parques acuáticos.
Caso particular, es que el que corresponde al casco de la hacienda de Buenavista ubicada en Cuernavaca, se estableció fuera de la zona de cultivo de caña de azúcar, pero cercana a los bosques y aguas del norte de la Eterna Primavera. Fungió durante el siglo XIX y los primeros años del siglo pasado como fábrica de aguardiente y alcohol. La fecha de su construcción es incierta, pero se ha documentado que primero fue de Julián de la Borbolla, quien después la vendió al afamado hacendado Ramón Portillo. Llegó a ocupar una extensión de poco más de 132,000 metros cuadrados, contó con importantes instalaciones y maquinaria. En 1886, la hacienda produjo 3,520 barriles de aguardiente y en 1889, Buenavista obtuvo mención honorífica en la Exposición Internacional de París por la calidad de su aguardiente. En el año de 1909, previo al estallido de la Revolución en el norte, la fábrica ya no estaba en uso.

A partir de la década de los cuarenta del siglo pasado, Buenavista funge como Cuartel General de la 24 Zona Militar, que depende de la Primera Región Militar. A pesar de ser una instalación operativa que coordina el mando territorial en Morelos, el Ejército Mexicano ha tenido especial cuidado en preservar el monumento histórico, al día de hoy, la hacienda luce impecable y rodeada de bellos jardines. El casco consta de la casa principal, instalaciones aledañas, el vistoso chacuaco, así como la capilla a San Miguel Arcángel, coincidentemente, advocación tan ligada al medio castrense. Los corredores de la hacienda también exhiben una interesante colección de fotografías antiguas del Estado de Morelos y de la Revolución.
Aquí también destaca, como ya se mencionó, el especial cuidado que ha tenido Defensa en cuidar la Hacienda de Buenavista, el mantenimiento al inmueble es constante. No en vano, durante los sismos de 2017, la hacienda sufrió daños materiales y la 24 Zona Militar fue la única entidad que terminó en el tiempo acordado y bajo la supervisión del INAH, la restauración del monumento bajo su custodia. Es por ello, que no es exagerado afirmar que la Vigésima Cuarta Zona Militar, no solo es garante de la seguridad y la integridad de los morelenses, sino también centinela de su patrimonio histórico y cultural.
*Escritor y cronista morelense.

Chacuaco de la Hacienda de Buenavista. Foto: Gerardo Gama.

