
Elsa Azucena Alfaro González
El proceso natural aceptado desde que el ser humano evoluciono de manera biológica y social donde nacer, crecer, envejecer y morir fue la ruta que se ha seguido de manera automatizada donde la esperanza de vida se modificaba de acuerdo con el avance médico, tecnológico e industrial; sin embargo, durante estos últimos años se ha observado un comportamiento de negación ante un proceso biológicamente natural generando una nueva generación dispuesta a pagar y hacer lo que sea para mantener una imagen que observaron durante su juventud intentando engañar a los años.
Se han confundido dos conceptos importantes, por un lado tenemos la oxidación celular, un proceso que se detona principalmente por estrés continuo, mala alimentación y falta de descanso notándose en un semblante cansado, manchas en la piel, cambio de aliento, alteraciones metabólicas y algunas enfermedades desde controlables hasta graves; en el otro extremo tenemos el envejecimiento conocido en lenguaje técnico como un aumento de catabolismo (destrucción) durante el cual los órganos inician un proceso de deterioro que lentamente se traducen en signos visibles como disminución de absorción de nutrientes, sensación de fatiga constante y arrugas como parte de la disminución de proteínas en la piel.
A manera de mercadotecnia, se mezclan estos procesos para definir a la vejez produciendo una serie de suplementos y tratamientos que hasta la fecha no cuentan con suficiente investigación científica que garantice su eficacia poniendo en un riesgo sobre los efectos a largo plazo a quienes eligen consumirlos. Es cierto que muchas empresas productoras de estos remedios buscan un interés económico, a pesar de la notable falta de ética, su justificación se basa en el objetivo principal de las mismas; el peligro surge cuando los profesionales de la salud retoman el discurso de los productos milagro bajo lo imponente de un título profesional compartiendo el mismo interés pero ante una notable diferencia: se trata de personas que han dedicado años de estudio y han alzado su mano frente al juramento hipocrático con la promesa del cuidado de salud de otros seres humanos, siendo entonces visto bajo una lupa de la ética mucho mayor exigente.
Bajo el objetivo de riqueza, diversos profesionales han promovido un discurso repetitivo y vacio de ética profesional en el que argumentan que el consumo de ciertos suplementos (que pueden funcionar como patrocinadores o empresa propia) retroceden el paso de tiempo garantizando -entonces- que frente al espejo veras esa misma imagen que hace 20 años denotaba una edad diferente acorde al proceso de crecimiento natural. Algunos de ellos añaden una alimentación basada en el nulo consumo de proteínas naturales con excusas como contaminación química que muy pocas veces pueden comprobar, por lo tanto la alimentación promovida se basa completamente en vegetales, frutas y pocos cereales además de una enorme cantidad de suplementos añadiendo un gasto que puede afectar la economía familiar pero que, desde el punto de vista de salud, puede desembocar en anemia por falta de nutrientes encontrados en proteínas animales, disminución peligrosa de masa muscular (sarcopenia) traducido en una sensación de cansancio constante y una sobrealimentación por exceso de ingesta de multivitamínicos sobrepasando las dosis adecuadas además de omitir procesos como evaluaciones bioquímicas que delimiten lo que realmente necesita cada individuo.
Los efectos de los tratamientos antienvejecimiento no pueden ser descritos todavía ya que se encuentran en un riguroso proceso científico que -para los profesionales- implica la mesura en su recomendación priorizando firmemente la salud de sus pacientes sobre la ventaja económica que ofrecen.

Distorsionar la idea de envejecimiento convirtiéndolo en un proceso que genera miedo en vez de explicar de manera detallada lo que es inevitable y aquello que puede revertirse bajo las indicaciones generales de alimentación equilibrada, actividad física adecuada al estilo de vida y un buen descanso; debería ser vista como una actividad ilegal que pueda condicionar el permiso que una cédula profesional ofrece para promover la salud.
Un proceso de envejecimiento debe ser amigable bajo un esquema de un estilo de vida equilibrado con el cuidado de la salud física y mental de los individuos, orientándolos desde edades tempranas pero también denotando lo inevitable de los procesos biológicos, difundir la idea de que envejecer debe ser evitado a toda costa -además de las consecuencias en la salud- afecta notablemente el autorreconocimiento y la autoestima de quienes reciben el mensaje; es importante difundir información real con un sustento que ofrezca seguridad para quienes implementan un tratamiento por lo que es necesario la propia responsabilidad de los servidores de salud y de los medios de difusión.
*Psico nutrióloga

Imagen: Cortesía de la autora

