Quiero devolverle algo a mi nieta

María Eugenia Rojas *

Soy María Eugenia Rojas, madre de Fabiola Narváez Rojas, desaparecida junto con Betzabé el 13 de enero del 2021, en Villa Frontera, en Puebla. Iban en motoneta hacia la Central de Abastos, a un banco, a sacar una tarjeta de débito. Todavía en la tarde, como a las dos, ella me habló, me dijo: mamá, ¿qué vas a hacer de comer? Ella casi a diario, me pedía un consejo, me mandaba fotos de las niñas o me saludaba. Ese día tuve otra llamada, pero no la escuché. Me imagino que era cuando salía; no sé qué me quería decir. A las siete, recibo la llamada de mi nuera; me dice no sé qué pasa con Fabi, no regresa. Le dije: esperen otro rato. Esperando, más o menos a las nueve, hablan y nos dicen que no había aparecido. Su papá, su hermano, su pareja, y la mamá y el novio de Betza salieron a buscarlas, se repartieron en diferentes lugares y no aparecían. Entonces levantaron la denuncia. En la fiscalía conocen a una persona del colectivo, y le dicen a mi nuera que, si se quería unir, iban a hacer una marcha el próximo 8 de marzo. Fui a la marcha, hicieron una reunión en el Zócalo y pusieron las fotos de las personas desaparecidas con esténcil. Los ayudé, me dio gusto, porque ya estaba la foto de mi hija. Pero fue en la marcha de mayo cuando me presenté. Participé con el colectivo en el plantón para lograr la Ley de Desaparición, y en el 2024, la Declaración Especial de Ausencia. Gracias al colectivo hemos recibido acompañamiento psicológico y talleres. En una ocasión, levanté la mano y dije: lo que necesitamos es aprender a ayudar a nuestros niños, porque tengo una nieta, hija de Fabi, que está conmigo. Antes no hablaba de su mamita para nada, con nadie. En ocasiones me decía: abuela, ¿cuándo va a venir mi mamá? Salió a trabajar, le decía siempre. Un día me dice, abuela, por favor, ya no nos mientas, ya sabemos que está desaparecida. Nos enseñaron que debemos hablarles a los niños con la verdad, porque ellos captan todo. El colectivo me ha ayudado a ayudar a mi nieta y a mí misma, porque los únicos que nos entienden son los que tienen los mismos zapatos. Gracias al colectivo puedo exponer lo que siento, lo que pienso y hasta gritar: la rabia, el coraje, lo que siento contra las autoridades que nos han hecho a un lado. La desaparición nos cambia la vida; nos hace vivir llenas de coraje, de tristeza, de rencor. Antes me culpaba, decía ¿por qué no cuidamos bien?, pero pronto aprendí que nadie tiene la culpa, más que esos desgraciados que se las llevaron. Se imaginan: todo cambió, antes mi hija se iba a trabajar, llegaba, veía a sus niñas, estaba contenta. ¿Y quién se la llevó? No lo sabemos, hay una persona detenida, pero como le digo a la fiscalía: ¿de qué me sirve? Díganme. A mí no me importa, yo lo que quiero es encontrar a mi hija para devolverle algo a mi nieta.

* Colectivo La Voz de los desaparecidos en Puebla / Transcripción de Kassandra Sánchez Morales. Laboratorio de Contra/Narrativas (CIIHu-UAEM)

Fotografía cortesía de la autora.

LA JORNADA MORELOS