

El relevo en la Secretaría de Protección y Auxilio Ciudadano de Cuernavaca (Seprac) era necesario no solo por los discutibles resultados de la gestión de Guillermo García Delgado, que inició en febrero del año pasado, sino por el desgaste que el mando de la policía y cuerpos de emergencia de la ciudad había experimentado en su relación con el personal a su cargo, el funcionariado municipal y la ciudadanía.
Durante el 2025 se logró contener la violencia en Cuernavaca, aunque no se erradicó del todo. Los números que marcaban una tendencia a la baja en homicidios contrastaron siempre con el incremento en otros delitos, la incidencia de extorsión y robos de casa habitación, negocio, transeúnte, cuentahabientes y autopartes, creció y la respuesta de la autoridad policial fue ineficiente.
Aunque se avanzó en la coordinación de la policía de Cuernavaca con fuerzas federales y estatales, aún había muchas deficiencias que permitieron la operación de grupos dedicados al robo en estacionamientos de tiendas, en casas, en calles.
También hubo un impulso al reclutamiento policial, pero siguió siendo insuficiente. Y pese a la inversión en equipamiento y tecnología para la vigilancia, los delitos continuaron generando cuestionamientos de la sociedad primero, y luego del propio alcalde José Luis Urióstegui y su cabildo respecto a la labor de García Delgado y la estrategia de combate al crimen.
Desde noviembre pasado, cuando Urióstegui hizo una especie de corte de caja de los resultados de todo su gabinete, junto a la mediocridad o rotundos fracasos de algunos funcionarios se pusieron en la mesa los magros resultados que ofrecía el mando de la Seprac, por lo que se planteó desde entonces la posibilidad de removerlo.
Pero la sustitución de un mando policiaco no es sencilla, especialmente con los requerimientos que plantea Morelos en general y particularmente su capital. Además de cumplir con la norma legal (que incluye exámenes de control de confianza y las mejores credenciales para la función), el jefe policiaco local debe coordinarse con sus similares de los otros seis municipios de la zona metropolitana, con las fuerzas federales y estatales, y, esto es muy importante, con la sociedad. Y finalmente, es recomendable tener el visto bueno de las secretarías de Protección y Auxilio Ciudadano de Morelos y del Gobierno de México, para facilitar la colaboración que incluye, necesariamente, el intercambio de información muy sensible.

Parte del perfil necesario actualmente para hacerse cargo de la seguridad pública, especialmente en territorios tan complejos como Cuernavaca, incluye la práctica de la inteligencia policial que permite, entre otras cosas, prevenir, investigar y combatir la delincuencia grave. No es un tema sencillo, pues se trata de un proceso sistemático de recopilación, evaluación, análisis y procesamiento de datos para convertirlos en productos útiles en la prevención del delito, la investigación y desarticulación de bandas, toma estratégica de decisiones y análisis del entorno.
El nuevo titular de la Seprac, Pablo Nivardo Aguilera Casados llega con todas esas credenciales. El conocimiento de inteligencia policial le permitirá hablar el mismo idioma que desde octubre pasado es discurso y práctica en la seguridad pública estatal. Aunque los habitantes de Cuernavaca y su zona conurbada tienen pocos motivos para ser optimistas respecto al combate al crimen, el relevo parece ser adecuado y obedecer a una demanda ciudadana por resultados. Esa exigencia continuará y debe convertirse en un motor para establecer una nueva forma de trabajo y cooperación contra la delincuencia.


