

Creer para existir
Germán R Muñoz G
A pesar de que vivimos en un mundo marcado por el avance científico, la hiperconectividad y la aparente secularización de la vida pública, la religión sigue ocupando un lugar central en la historia y en el presente de la humanidad. No solo como sistema de creencias, sino como fuerza cultural, social y simbólica que ha moldeado civilizaciones enteras y continúa influyendo en la forma en que los grupos humanos entienden el bien, el mal, la vida y la muerte.
Lejos de ser un vestigio del pasado, la religión —o, más ampliamente, la necesidad de creer— está presente en los grandes dilemas contemporáneos: los derechos humanos, la igualdad de género, la diversidad sexual, la justicia social y el papel del Estado laico. Comprender este fenómeno resulta elemental para interpretar el mundo actual y sus tensiones.
La necesidad humana de creer
Desde una perspectiva antropológica, la religión surgió como una respuesta a la fragilidad humana. La conciencia de la muerte, la incertidumbre frente a la naturaleza y la imposibilidad de controlar el destino llevaron a las primeras comunidades a construir relatos que ofrecieran orden y sentido. Rituales, prohibiciones, mandamientos y ceremonias no solo buscaban agradar a una divinidad, sino regular la conducta, crear conciencia sobre las consecuencias de los actos y ofrecer una filosofía del “bien hacer”. En este sentido, la religión funcionó como pedagogía moral antes de la existencia de códigos jurídicos formales.

Las creencias dejaron de ser exclusivamente personales para convertirse en estructuras colectivas. La religión no solo ofreció consuelo espiritual, sino que estableció normas morales, sistemas de autoridad y formas de convivencia. Así, lo sagrado se convirtió en un elemento clave para la cohesión social y la legitimación del poder. En las civilizaciones antiguas, religión y política eran inseparables. Los gobernantes solían presentarse como elegidos de los dioses o intermediarios entre lo divino y lo humano. Este vínculo otorgaba estabilidad, pero también justificaba jerarquías rígidas y los castigos que sufrían quienes cuestionaban el orden establecido.
Paul Tillich, desde la filosofía existencial, amplió esta idea al definir la fe como la “preocupación última” del ser humano: aquello que da sentido a la existencia y orienta las decisiones fundamentales. Para Tillich, Dios no es solo una figura sobrenatural que decide el futuro humano, sino la expresión del hombre de aquello que le da sentido a su vida.
El historiador de las religiones Mircea Eliade sintetizó esta condición al describir al ser humano como un homo religiosus: un ser que estructura su experiencia de la realidad a partir de lo sagrado. Para Eliade, la religión no se limita a la creencia en un Dios específico, sino a la forma en que los seres humanos distinguen lo significativo de lo banal, lo que da sentido a la existencia personal frente al caos en el que está inserta la humanidad.
Rituales, símbolos y ceremonias funcionaron —y siguen funcionando— como mecanismos para enfrentar los retos de la vida cotidiana, generar conciencia sobre las consecuencias de los actos y transmitir una ética compartida. En ese sentido, la religión también ha sido una escuela moral colectiva, incluso para quienes no se reconocen como creyentes.
Dios, destino y libertad: las miradas filosóficas
El debate sobre el papel de Dios ha atravesado siglos de reflexión filosófica. Para algunos pensadores, Dios representa una realidad trascendente que orienta la vida humana; para otros, es una construcción simbólica que expresa necesidades profundas.
Karl Marx interpretó la religión como una respuesta al sufrimiento generado por la injusticia social, una forma de consuelo frente a condiciones materiales adversas, mientras que Sigmund Freud, desde el psicoanálisis, la consideró una proyección del deseo humano de protección ante la angustia y el miedo.
Estas posturas críticas no niegan la importancia histórica de la religión; por el contrario, revelan su capacidad para reflejar los miedos, anhelos y contradicciones de cada época. Incluso en su cuestionamiento, la religión sigue siendo una clave para entender al ser humano.
Más allá de la experiencia individual, las religiones han sido decisivas en la configuración histórica de las sociedades. El sociólogo Émile Durkheim sostuvo que la religión es, ante todo, un hecho social: un sistema de creencias y prácticas que fortalece la cohesión del grupo y establece una frontera entre lo permitido y lo prohibido.
Religión y sociedad: el tejido de las civilizaciones
La historia ofrece múltiples ejemplos de lo determinante que ha sido la religión para conformar a las sociedades humanas más allá de sus credos particulares. Las Cruzadas medievales reflejaron una época en la que lo político y lo religioso eran inseparables. La Reforma luterana no solo transformó la teología cristiana, sino que influyó en la identidad nacional, la educación y la organización política de varios países europeos.
Max Weber profundizó esta relación al mostrar cómo ciertas interpretaciones del protestantismo influyeron en la ética del trabajo, el ahorro y la responsabilidad individual, elementos que terminaron por moldear el desarrollo del capitalismo moderno.
En América Latina, la conquista europea dio lugar a un profundo proceso de sincretismo cultural y religioso. Las creencias de los pueblos originarios no desaparecieron; se mezclaron, resistieron y resignificaron dentro del cristianismo impuesto, dando forma a expresiones religiosas propias que aún hoy definen la identidad de amplios sectores de la población en nuestro país y del continente.
En Asia y Medio Oriente, el islam se consolidó como un sistema que articula religión, derecho y vida cotidiana, conformando uno de los grandes bloques culturales del mundo contemporáneo.
Modernidad, secularización y persistencia de la fe
Durante décadas, se asumió que el avance de la ciencia conduciría al declive de la religión. Sin embargo, la realidad ha demostrado lo contrario. Aunque en algunos países se ha reducido la práctica religiosa institucional, la necesidad de creer no ha desaparecido: se ha transformado. Hoy conviven religiones tradicionales, espiritualidades alternativas, movimientos laicos con valores éticos heredados de la religión y nuevas formas de búsqueda de sentido. La fe ya no es homogénea ni incuestionable, pero sigue siendo un elemento central en la vida de millones de personas.
Creer en el siglo XXI
Uno de los principales desafíos del siglo XXI es la relación entre religión y derechos humanos. La ampliación de derechos para las mujeres, el reconocimiento de la diversidad sexual y la consolidación del Estado laico han generado tensiones con instituciones religiosas que durante siglos definieron normas sociales y morales.
Mientras algunos sectores religiosos se resisten a estos cambios, otros han emprendido procesos de reinterpretación teológica que buscan reconciliar la fe con la dignidad humana, la igualdad y la justicia social. Esta pugna refleja un debate más amplio entre tradición y transformación.
Desde una perspectiva de derechos humanos, la libertad religiosa es un derecho fundamental, pero no absoluto: ninguna creencia puede justificar la discriminación, la violencia o la negación de otros derechos. Este principio resulta especialmente relevante en sociedades plurales como la mexicana.
Lejos de desaparecer, la religión se está transformando. En muchas regiones crece el número de personas sin afiliación religiosa, pero no necesariamente sin espiritualidad. La búsqueda de sentido persiste, aunque adopta formas más individuales, menos institucionales y más diversas.
El futuro de la religión dependerá de su capacidad para responder a la pregunta original que la vio nacer: ¿qué sentido tiene la existencia humana en un universo que no controlamos? Si logra dialogar con la ciencia, los derechos humanos y la pluralidad cultural, seguirá siendo una fuerza viva. Si se encierra en la imposición dogmática, corre el riesgo de convertirse en fuente de división.
Las religiones ya no monopolizan las respuestas, pero siguen siendo referentes culturales, éticos e identitarios. Comprender la religión no implica necesariamente profesar alguna. Implica reconocer que, a lo largo de la historia, las creencias han sido una de las herramientas más poderosas con las que el ser humano ha intentado ubicarse en el universo y enfrentar aquello que no puede controlar.
Quizá la pregunta central de nuestro tiempo no sea si Dios existe tal como lo conciben las religiones, sino por qué, incluso en la modernidad, el ser humano sigue necesitando creer que hay algo más allá de sí mismo. En esa búsqueda persistente se encuentran claves fundamentales para entender nuestro pasado, nuestro presente y los retos éticos que aún están por venir.

Detalle de Wanderer Above the Sea of Fog (c1817) de Caspar David Friedrich. Museo de Arte de Hamburgo /Wikipedia

La creación de Adán. Miguel Ángel, 1510. Bóveda de la Capilla Sixtina, Roma. Wikipedia

Sueño. Mariusz Stawarski, 2025. Foto: personalart.pl/mariusz-stawarski
Recuadro 1
Las religiones del mundo
En la actualidad existen alrededor de 4 mil 200 religiones en el mundo, que pueden clasificarse en teístas (monoteístas y politeístas) y no teístas. Las principales tradiciones religiosas y su número aproximado de fieles son:
• Cristianismo: ~2 268 millones de personas
• Islam: ~2 022 millones
• Hinduismo: ~1 178 millones
• Budismo: ~324 millones
• Judaísmo: ~14.8 millones
• Otras religiones y espiritualidades: ~172 millones
• Personas no afiliadas a religión: ~1 905 millones
Cada una de estas religiones posee creencias, textos sagrados y prácticas específicas: el cristianismo con su diversidad interna (catolicismo, protestantismo y ortodoxia); el islam con el Corán y sus ramas suní y chií; el judaísmo como raíz del monoteísmo; el hinduismo como filosofía de vida plural; y el budismo como camino espiritual centrado en la superación del sufrimiento.

Foto: Wikipedia
Recuadro 2
México: libertad de culto y pluralismo religioso
En México, la historia de confrontación entre Iglesia y Estado dio paso a un modelo laico que en 2011 se reforzó con la Reforma Constitucional en materia de Derechos Humanos. La libertad de culto está garantizada como un derecho fundamental que incluye creer, no creer, cambiar de religión o no profesar ninguna.
El Estado mexicano no puede favorecer ni perseguir religión alguna, y las asociaciones religiosas están obligadas a respetar la ley, los derechos humanos y la convivencia pacífica. Este marco jurídico reconoce la importancia social de la religión, pero establece límites claros para evitar su uso político o discriminatorio.

Foto: cristianotas.com
Con información de
• Armstrong, Karen. Historia de Dios. Barcelona: Paidós, 1993.
• Daly, Mary. Beyond God the Father (1973). Boston, Beacon Press.
• Durkheim, Émile. Las formas elementales de la vida religiosa (1912). Madrid, Alianza Editorial.
• Eliade, Mircea. Lo sagrado y lo profano (1957). Madrid, Guadarrama / Paidós; Tratado de historia de las religiones (1949). Madrid; Imágenes y símbolos (1952). Madrid, Taurus.
• Freud, Sigmund. El porvenir de una ilusión (1927). Madrid, Alianza Editorial; Tótem y tabú (1913). Buenos Aires, Amorrortu Editores.
• Gebara, Ivone. Teología ecofeminista (2000). Madrid, Trotta.
• Gruzinski, Serge. La colonización de lo imaginario (1988). México, Fondo de Cultura Económica.
• Huntington, Samuel P. El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial (1996). Barcelona, Paidós.
• Marx, Karl. “Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel” (1844), en Manuscritos económico-filosóficos.
• Tillich, Paul. La dinámica de la fe (1957). Barcelona, Herder.
• Weber, Max. La ética protestante y el espíritu del capitalismo (1905). Madrid, Alianza Editorial.
• Organización de las Naciones Unidas (ONU). Declaración Universal de los Derechos Humanos, 1948.
• Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, 1966.
• Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
• Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público (México).
• Pew Research Center. The Global Religious Landscape (2014, actualizaciones 2017–2025); How the Global Religious Landscape Changed from 2010 to 2020.
• Encyclopaedia Britannica.
• World Religion Database (Boston University).

