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El modelo de conservación de las Áreas Naturales Protegidas en México es diferente al de otras naciones por una característica que lo vuelve más complejo, pero también más justo y exitoso hacia el futuro.

Mientras otros países declaran parques nacionales y áreas protegidas mediante los equivalentes a decretos expropiatorios que les permiten echar a los habitantes de la zona para, una vez liberada, invertir en su conservación y vedar la permanencia en ellos; la apuesta de México es la de conservar los recursos con el apoyo de las comunidades que conviven con la naturaleza.

Este modelo evita el desplazamiento forzado de los pueblos y trata de aprovechar los conocimientos y prácticas centenarias de convivencia con la naturaleza. Es una lógica que reconoce la acción más perniciosa sobre el medio ambiente en los modos de producción exigidos por las sociedades urbanas de occidente y el modelo de capitalismo extractivista.

El paradigma de conservación de la naturaleza en México es, entonces, mucho más justo al reconocer a las comunidades como guardianas de los espacios naturales, para lo que se ofrece apoyo a proyectos productivos sustentables que eviten la tentación de destruir los ecosistemas por el aprovechamiento irracional de los recursos. Este esquema, empodera a las comunidades y a su tradición de cuidado y cohabitación con las áreas naturales de la mayoría de ellas.

Pero no es un modelo sencillo, las presiones del crecimiento urbano, los “aprovechamientos” económicos, las industrias en busca de fuentes de materias primas de menos costo, y hasta los descuidos de las propias comunidades cuyo arraigo a la tierra se ha erosionado con el tiempo, se mantienen como amenazas constantes para la naturaleza.

El caso de Tepoztlán es ejemplar en todos los sentidos.

Por un lado, las comunidades que habitan en el Área Natural Protegida Parque Nacional El Tepozteco han sido modelo de resistencia para enfrentar las presiones depredadoras y han logrado conservar la mayor parte de las 24 mil hectáreas de bosque de pino encino y selva baja caducifolia con las que conviven todos los días desde hace muchos siglos. La lucha de los tepoztecos por mantener su entorno natural a salvo de la urbanización y la explotación de múltiples industrias ha servido de modelo para el estudio, pero también para prácticas de resistencia en otras partes del país y del mundo.

Pero también las presiones de la urbanización y gentrificación, la ambición de algunos pobladores, el desgaste que con el tiempo ha tenido la cultura de defensa de la tierra, y la corrupción de algunas administraciones municipales y estatales, han permitido la paulatina pérdida de muchas hectáreas de bosque, la invasión de tierras para convertirlas en residencias de fin de semana y el deterioro constante del medio ambiente.

Además de las acciones que actualmente realiza el Ayuntamiento de Tepoztlán para la protección de los bosques, es urgente empezar un relevo generacional que entregue la estafeta del amor por la tierra y la defensa de la naturaleza a las nuevas generaciones de tepoztecos, de morelenses y de mexicanos. Mientras se pueda mantener o formar la conciencia de respeto a la naturaleza y cohabitación con la flora y fauna en las nuevas generaciones, el Parque Nacional El Tepozteco, y otros espacios naturales estarán a salvo y el resto de la naturaleza podrá irse restaurando.

Es una tarea que no puede esperar.

La Jornada Morelos