

Morena y los llamados que nadie atiende
Con toda la autoridad que pudo, la dirigente de Morena en Morelos, Mirsa Berenice Suárez Maldonado llamó a la unidad a sus cuadros, especialmente a los que ya andan desquiciados en pos del conocimiento y voluntad de la militancia guinda para hacerse de una candidatura en las elecciones del 2027.
Por supuesto que nadie le hará caso, aunque la exregidora jojutlense, amiga del diputado federal y aspirante a candidato Juan Ángel Flores Bustamante, planteó argumentos que parecerían infalibles, como el que, para la nominación de candidatos falta más de un año y muchos procesos, entre ellos, las negociaciones para la coalición que encabezará Morena, y las encuestas que se aplicarán para definir a los aspirantes mejor posicionados.
¿Alguien hace caso a algo?
Pero el llamado de la dirigente partidista se topa con dos obstáculos igual de importantes: primero el hecho de que los aspirantes adelantados carecen de cualquier viso ético como para frenar sus ímpetus y aceleres, especialmente en el caso de la eventual candidatura a la alcaldía de Cuernavaca.
Los aspirantes creen tener una estructura propia que consideran mucho más poderosa que la de su partido (algo en lo que a lo mejor tienen razón) y más influyente que la marca (en lo que se equivocan). Además, la mayoría de ellos desconfían profundamente de los correligionarios que podrían aspirar a los mismos cargos, por lo que (al estilo Timbiriche) corren, vuelan y se aceleran.

En el caso de Cuernavaca, Morena tiene por lo menos cuatro aspirantes con actividad notoria: Meggie Salgado Ponce, diputada federal, los también diputados federales Agustín Alonso Gutiérrez y Juan Ángel Flores Bustamante, y el senador Víctor Mercado Salgado. Cualquiera de los cuatro, por cierto, tendría mayor estatura política que la dirigencia de Morena en Morelos, o por lo menos eso creen ellos.
La gobernadora no tiene candidato a Cuernavaca
Ninguno de los aspirantes, por cierto, es del equipo de la gobernadora Margarita González Saravia, por lo que es probable que desde el equipo de la mandataria se impulse a alguien, ya sea del gabinete o de quienes colaboran con ella desde fuera del gobierno estatal. Ahí cada comentarista parece tener sus filias o fobias, así que se menciona a varios, desde la poco probable nominación del secretario de Gobierno, Édgar Maldonado Ceballos (ya no lo estén moviendo, por Dios), hasta los jóvenes secretarios Clarisa Gómez Manrique (Mujeres) y Alan Dupré Ramírez (Desarrollo Sustentable), ambos en posiciones relevantes para la gobernadora, por lo que tampoco se ve sencillo moverlos.
Para enviar a alguien de su equipo a contender por la nominación de Morena a Cuernavaca, la gobernadora debe tener dos certezas nada sencillas: que obtendrá la candidatura y que esa candidatura ganará la alcaldía. Ninguna de las dos, por cierto, puede darse por sentado. Curiosamente, lo que juega en contra del funcionariado identificado con González Saravia es que se han dedicado a trabajar en lo que les toca (lo que implica contacto con segmentos muy definidos de la población) y no en cultivar una eventual candidatura ni para presidencia de sociedad de alumnos, así que los otros aspirantes, dentro y fuera de Morena, les llevan una ventaja de muchos meses. En efecto, el equipo de la gobernadora no tiene aspirante a la alcaldía de Cuernavaca, la posición para muchos más importante de todas las que se juegan en el plano local en el 2027.
Probablemente el equipo de González Saravia estaría dispuesto a ceder la candidatura a cambio de otras nominaciones, particularmente las que le darían un mejor control en el Congreso local.
El otro obstáculo de la dirigencia es ella misma
Otro factor por el que difícilmente se hará caso al llamado de la dirigente de Morena en Morelos es la debilidad que ha mostrado desde hace mucho tiempo, algo que no debe atribuirse solamente a Mirsa Berenice Suárez, pero tampoco se le puede excusar de ello.
El liderazgo morenista en Morelos ha carecido de legitimidad desde hace muchos años principalmente por las fracturas entre los grupos internos del partido que han llevado a que se ocupe sin mayor legitimidad. Gerardo Albarrán, Ulises Bravo y Mirsa Berenice han ocupado el cargo o la función de dirección estatal, pero ninguno de ellos ha tenido siquiera el respeto de los grupos internos.
Poco funcionaría un nombramiento desde el centro, como ha quedado demostrado antes. Los delegados especiales tampoco han sido bien recibidos por los grupos. Algo que Morena en Morelos ha dejado claro es que la legitimidad no es trasladable. Así fuera la presidenta Claudia Sheinbaum quien pusiera a un líder partidista, los grupos no lo soportarían (como no lo hicieron cuando Andrés Manuel López Obrador, siendo presidente, les pidió respetar a Ulises Bravo Molina).
Morena en Morelos no tiene dirigencia sino oficialía de partes electoral. Esto deriva lo mismo de un defecto estructural en el atado de grupos políticos diversos que lo integran, que de la propia debilidad y falta de legitimidad en la izquierda de la mayoría de los políticos locales. Así, ni siquiera un adelantado relevo en la dirigencia actual solucionaría absolutamente nada; lo que explica que ese proceso no se haya programado.
A este paso, es probable que la oposición retenga Cuernavaca, Jiutepec, Temixco, Xochitepec, y se haga de nuevas posiciones tanto en la zona metropolitana (le falta solo Emiliano Zapata), como en otras regiones (Jojutla, Zacatepec y Yautepec han dejado de ser un puerto seguro para Morena y sus aliados).
@martinellito / martinellito@outlook.com

