Sin temor a exagerar, los morelenses vivimos las jornadas más difíciles desde la cruenta etapa de la Revolución del Sur, hace poco más de cien años. La inseguridad es el cáncer que ha minado la bonanza local en todos los campos. Hoy cobra fuerza la certera sentencia de que, sin seguridad, es imposible lograr el desarrollo económico y social. Más allá de las cuentas alegres que pretenden darnos quienes nos gobiernan desde los tres órdenes, difícilmente se puede encontrar a alguna familia morelense que no haya sido víctima de la delincuencia del fuero común en sus bienes o en su integridad física.

Cuernavaca, la idílica Cuernavaca como se refiere Paco Guerrero Garro a la capital morelense, es presa de criminales, y lo más grave aún, es que no se avizora la luz al final del túnel. El sábado pasado, Paco Guerrero y Harriet Goff, por tercera ocasión fueron víctimas de los delincuentes que con absoluta impunidad irrumpieron en su domicilio en la colonia Delicias y lo saquearon. Harriet y Paco, salieron a buscar a una de sus mascotas, momento que los criminales aprovecharon para dar testimonio de quien manda, por lo menos en Cuernavaca.

Paco y Harriet son personajes entrañables en nuestra comunidad, y hoy su pena es la de todos, su voz se alza para denunciar y protestar en nombre de los morelenses que impotentes vemos a quienes no merecen llamarse mexicanos, hacerse de los bienes productos del esfuerzo de una vida de trabajo y poner en riesgo nuestra integridad física.

Paco, ha consolidado una trayectoria que lo hace un morelense de excepción, representa a los hombres de las genuinas causas progresistas, un referente de la izquierda mexicana, aquella que es congruente, lo opuesto a quienes utilizan el discurso político solo para enriquecerse, y que moralmente están a la misma altura que aquellos que se dedican a robar casas. Guerrero Garro, es un intelectual y periodista avezado, fundó La Jornada Morelos, y sin temor a exagerar es un referente actual del pensamiento en Morelos. Pero también es un cuernavacense sencillo, uno de aquellos que estudiaron en la Cristóbal Colón cuando estuvo en la subida de Salazar, que cortejaban a las muchachas en el zócalo y que, en palomilla, asistieron a los bailes en el Casino de la Selva.

Se casó con Harriet, nacida en Estados Unidos, mujer visionaria y emprendedora con quien Cuernavaca siempre tendrá una deuda de gratitud. Los Guerrero Goff, con enorme visión fundaron Cemanáhuac, la decana de las escuelas de aprendizaje de español para extranjeros. Cemanáhuac no se limitó a enseñar gramática hispana en la aulas, sino que fue motor para divulgar la identidad y la cultura mexicana. Con pasión y orgullo, Paco mostró mágicos rincones de México a sus alumnos. A su vez, los Guerrero Garro colocaron a la idílica Cuernavaca en el mapa de Estados Unidos y Europa, visitando universidades y ferias internacionales para mostrar y promocionar las bondades de la Eterna Primavera.

A nivel local, fomentaron la derrama económica en la capital morelense, eran miles los extranjeros, particularmente estadounidenses, quienes en los veranos los vimos caminar por nuestras calles, abarrotaban los cafés, los restaurantes, los bares y discotecas, pero también las tiendas, las lavanderías y vivían con familias cuernavacenses. No pocos hogares se sostuvieron con los ingresos generados por albergar a los extranjeros. Los alumnos de Cemanáhuac eran generalmente estudiantes universitarios, pero también miembros del cuerpo diplomático acreditado en México que vinieron a aprender español en Cuernavaca. En lo personal recuerdo a James Jones, embajador de Estados Unidos en México durante la presidencia de Bill Clinton, visitando solo y sin escolta, el mural de Diego Rivera en el Palacio de Cortés y después bebiendo una “Tongolele” en La Universal. Jones en esos días, alquiló un bungalow por el rumbo de Las Palmas y fue alumno de Cemanáhuac en las semanas previas a presentar sus cartas credenciales. Hoy con sendas alertas migratorias emitidas por Estados Unidos y Canadá, sería imposible ver a un embajador norteamericano caminando por las calles de Cuernavaca.

Lamentablemente el golpe a Paco y a Harriet está dado y difícilmente podrán recuperar lo robado o ver a los criminales aprehendidos. Pero es de reconocer el valor de Paco, hombre entrado en años, de alzar la voz y denunciar el crimen. Como ya se mencionó, su reclamo no solo es el suyo, sino el de toda una sociedad que clama por seguridad. Es negligencia criminal, que Seguridad Pública Municipal solo tenga 55 policías por turno para toda la ciudad, como también lo es, el hecho de haber intentado engañar a la ciudadanía diciendo que cuentan con 2,000 cámaras, poco después tuvieron que salir a aclarar que esas cámaras son las que los ciudadanos han colocado en sus casas y negocios, precisamente para llevar a cabo la vigilancia que la policía municipal no hace.

El robo a los Guerrero Garro y todos los demás no deben quedar en la impunidad, es imperante contar con resultados en materia de seguridad pública. Pero también la sociedad exige consecuencias, la primera de ellas por elemental ética, sería que el titular de seguridad pública municipal ponga ya su renuncia en el escritorio del alcalde.

*Escritor y cronista morelense.

Paco Guerrero y Harriet Goff. Foto: Cortesía

Roberto Abe Camil