Sobre agresiones imperiales, comunicados y la responsabilidad de tejer un futuro colectivo de vida digna

Héctor Zetina Vega*

La última agresión del imperialismo estadounidense contra la soberanía de Latinoamérica, y particularmente del hermano país de Venezuela con el secuestro del presidente Maduro y la abogada Cilia Flores, ha desatado movilizaciones de indignación en todo el mundo. Tanto en la prensa como en redes sociales se han difundido varios comunicados públicos que han puesto en evidencia las preocupaciones de una escalada imperial que pone en riesgo la convivencia pacífica entre los pueblos. Las preocupaciones fueron señaladas por sindicatos, universidades, colectivos académicos y movimientos sociales, entre otros, lo que obliga a repensar las bases de la seguridad y la unidad regional de América Latina y la solidaridad popular.

Al leer los comunicados se observan coincidencias de fondo y algunas diferencias. La Sección 9 de la CNTE llama a la solidaridad de clase y coincide con el de la Universidad Autónoma Metropolitana en denunciar la violación del derecho internacional, exigiendo vías de solución diplomáticas; colectivos académicos conectaron la operación con prácticas que se han probado en contextos como el del genocidio en Gaza y advierten sobre la normalización de la violencia colonial; el EZLN y organizaciones afines, por su parte, hicieron la denuncia convocando a la solidaridad y la acción colectiva desde abajo. El propio gobierno venezolano, encabezado en este momento por Delci Rodríguez, difundió un comunicado oficial describiendo la agresión en la que fueron asesinados varios civiles a manos de soldados yanquis y pidiendo respuestas multilaterales.

Pero para comprender por qué ocurren estas ofensivas hay que mirar el entramado económico del capitalismo y su modelo energético que sigue valorando y disputando los combustibles fósiles y los recursos extractivos de manera demencial, frente a las advertencias de la comunidad científica internacional del riesgo existencial para la humanidad. Esta forma de economía reproduce patrones coloniales y desarrollistas del siglo XIX que han convertido territorios y bienes comunes en objetos de despojo, promoviendo disputas geopolíticas y la militarización de nuestros países a niveles impensables hace unas décadas, al menos en México.

A mi entender, la denuncia debería combinarse con propuestas alternativas. El pensamiento y la praxis zapatista ofrecen elementos significativos; los principios del “mandar obedeciendo” plantean que gobernantes y representantes deben ser verdaderos instrumentos de la voluntad colectiva. La apuesta por “lo común” y la “no propiedad” propone formas de uso colectivo del territorio que impiden su mercantilización y el aprovechamiento digno de sus frutos. Aplicados con creatividad en políticas públicas, esos principios permiten priorizar la toma de decisiones comunitaria, establecer límites a la extracción depredadora y diseñar transiciones energéticas, y con ellas el conjunto del aparato productivo, que respeten territorios, conocimientos y valores locales.

Ese giro debe incluir la interrupción de nuevas concesiones extractivas, a diferencia de lo que está proponiendo el gobierno actual de reabrirlas en sus múltiples modalidades; incentivos reales para energías renovables distribuidas y gestionadas por comunidades y colectividades locales; mecanismos de control social vinculantes sobre megaproyectos; y reconocimiento jurídico de formas comunales de gestión que restrinjan la venta de tierras y recursos al capital privado. Es una transformación que se debe exigirse a todos nuestros gobiernos, incluyendo los denominados progresistas y que, en demasiadas ocasiones, han priorizado el extractivismo y la articulación al capital transnacional sobre la capacidad de la Madre Tierra para la reproducción de la vida.

La defensa de la soberanía y de la paz regional requiere, por tanto, no sólo el rechazo a la intervención externa, sino también transformaciones internas que reconozcan el valor del común y la democracia desde abajo. El comunicado del Movimiento por la Autonomía y la Democracia de la UPN destacó precisamente esa necesidad de articular la solidaridad con otra forma de política que ponga en el centro la protección de los bienes naturales comunes como base de la paz y el fortalecimiento de la vida comunal. Siguiendo y parafraseando el comunicado citado, es el momento de una verdadera movilización ética y pedagógica. La academia, los movimientos y las comunidades deben articular respuestas que defiendan la autodeterminación, preserven el común y abran caminos reales hacia la justicia ambiental. Es urgente frente a los signos cada vez más evidentes del colapso civilizatorio.

Posdata 1: En días recientes fue detenido y puesto en libertad horas después el campesino y defensor del territorio, don Eliazer Zamora, del pueblo de Amilcingo. En el último año han desaparecido a una persona y se ha asesinado a otra, relacionadas con la oposición al Proyecto Integral Morelos. Enviamos nuestra solidaridad a don Eliazer y su familia e invitamos a las organizaciones que han luchado contra este megaproyecto fósil a estar atentas de este renovado intento de represión y criminalización contra los pueblos del oriente de Morelos.

Posdata 2: Para profundizar sobre lo que pasa en Venezuela la charla que ofreció el Dr. Gilberto López y Rivas recientemente es un recurso invaluable. Se puede visualizar en las páginas de Facebook de Acción por Palestina-Morelos y la Red Morelense de Apoyo al CNI-CIG

Para acceder a algunos de los comunicados citados:

(1)https://enlacezapatista.ezln.org.mx/2026/01/04/en-solidaridad-con-el-pueblo-venezolano/

(2) https://insurgenciamagisterial.com/comunicado-del-movimiento-nacional-por-la-autonomia-y-la-democracia-de-la-universidad-pedagogica-nacional-en-contra-de-las-agresiones-contra-el-pueblo-de-venezuela/?w3tc_note=flush_all

(3) https://academicxsconpalestina.blogspot.com/2026/01/primero-fue-gaza-ahora-es-venezuela-que.html

(4) Los comunicados de la sección 9 de la CNTE y de la UAM fueron tomados de sus redes sociales.

*Académico y Coordinador del Observatorio de la Calidad del Aire de Morelos

Año nuevo en el caracol zapatista de Oventic. Foto: Héctor Zetina Vega

La Jornada Morelos