La inteligencia elegante de Iván Illich

 

De Iván Dom Illich (1926-2002), lo primero que podemos decir es que representa, como pocos en el siglo XX, al hombre elegante que vislumbró José Ortega y Gasset (1883-1955) en su libro, inacabado por su muerte: Origen y epílogo de la filosofía. Esta obra fue publicada de manera póstuma por el Fondo de Cultura Económica en el año de 1960, a manera de homenaje, y por iniciativa de algunos de sus discípulos transterrados en México. Transplante que fue consecuencia de la Guerra Civil en España (1936-1939).

Ortega postula que a ese acto y hábito del correcto elegir llamaban los latinos primero: eligentia, y luego elegantia. Es, tal vez, de este vocablo del que viene nuestra palabra inteligencia. “De todas suertes, Elegancia debería ser el nombre que diéramos a lo que torpemente llamamos Ética, ya que es esta el arte de elegir la mejor conducta, la ciencia del quehacer.”

El hecho de que la voz elegancia sea una de las que más irritan hoy en el planeta es su mejor recomendación. Elegante es, al decir de Ortega, “el hombre que ni hace ni dice cualquier cosa, sino que hace lo que hay que hacer y dice lo que hay que decir”.

De una forma excepcional, Iván Illich hizo y dijo lo que era necesario y urgente, decir y hacer en su momento. Si atendemos el poema de Octavio Paz, titulado “Decir hacer”, observamos que el decir de Illich es un hacer, que también es un decir, dice lo que hace, y hace lo que dice con impecable elegancia poética pero también con rigurosa congruencia política:

Decir hacer

Entre lo que veo y digo,

entre lo que digo y callo,

entre lo que callo y sueño,

entre lo que sueño y olvido,

la poesía.

Se desliza entre el sí y el no:

dice lo que callo,

calla lo que digo,

sueña lo que olvido.

No es un decir:

Es un hacer, que es un decir.

La poesía se dice y se oye: es real.

Y apenas digo es real, se disipa

¿Así es más real?

También podemos establecer siguiendo a Alfonso Reyes en su libro póstumo titulado: Andrenio o los perfiles del hombre, que Iván Illich es un humanista por excelencia. Un humanista con amplitud de miradas y comprometido con la humanidad de su tiempo. Dice Reyes:

Hoy el humanismo no es, pues, un cuerpo determinado de conocimientos, ni tampoco una escuela. Más que como un contenido específico, se entiende como una orientación. La orientación está en poner al servicio del bien humano todo nuestro saber y todas nuestras actividades. Para adquirir esta orientación no hace falta ser especialista en ninguna ciencia o técnica determinada, pero sí registrar sus saldos.

Humanista entonces es aquel que pone su experiencia y conocimientos para el bienestar del otro, de lo común, de lo que nos hace comunidad. Y ese compromiso se expresa en Illich, a partir de su crítica radical al modo de producción industrial ecocida del capitalismo y a su núcleo dominante, controlado por el complejo: militar, financiero y científico-técnico, en la segunda mitad del siglo XX.

En Reyes la palabra “humanista” define antes que al estudioso de la antigüedad clásica al hombre consciente de sus responsabilidades sociales. . . (al) aficionado a otras disciplinas que le permitan conocer mejor la propia, ávido en fin de mantenerse al tanto del progreso científico para tratar de que su empleo se encauce en beneficio del mundo.

Al advertirnos contra los peligros crecientes de la especialización, Reyes no defiende la superficialidad, el conocimiento ligero de todo y profundo de nada: defiende la profesión general del hombre.

Iván Illich es para nosotros ahora, una inteligencia elegante que defiende la profesión general del hombre, polímata – peregrino – políglota, migrante perenne por necesidad y vocación de diálogo intercultural. Pensador humanista radical desde la interculturalidad, esto es, la conversación entre las culturas del mundo industrializado y las precapitalistas todavía en parte ajenas al mercado. Y también un crítico implacable del desarrollo que salva al pobre mientras lo “educa” y somete como voraz consumidor al mercado.

Una mente inclasificable en las manías taxonómicas de los especialistas de los claustros académicos. Dado que su reflexión tiene variados frentes, su pensamiento y análisis trasciende las disciplinas y especialidades, por la intrincada variedad compleja de sus análisis. Técnicamente no es sólo un filósofo o un historiador; ni un sociólogo o antropólogo; ni un urbanista o economista; ni pedagogo o “profesor de tiempo completo”, ni teólogo de la liberación o anarquista pacifista, al menos no solamente. Pues su pensamiento contiene esos puntos de vista especializados y otros no listados. Quizá filósofo poeta en la práctica sea una aproximación ligeramente conveniente, en el sentido que le da Santayana a sus Tres poetas filósofos y el ingeniero poeta Gabriel Zaid a La poesía en la práctica.

La crítica de Iván Illich a la cultura del progreso capitalista, parte de la originalidad de su pensamiento. De ese original radicalismo humanista, con el que acertadamente lo caracterizó Erich Fromm en su memorable introducción al libro de Illich titulado: Alternativas. El concepto del Humanismo radical es desarrollado por Fromm en otro libro, titulado en español: Y seréis como dioses. El humanismo radical de Iván Illich es su ejemplo y legado.

José Ortega y Gasset. Foto: arjephilo.com

Braulio Hornedo Rocha