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Las secuelas del frío

Por Luisa Santillán

La respuesta de nuestro cuerpo al clima helado depende de la edad, las enfermedades, la ingesta de líquidos y la alimentación.

El frío, el calor, la humedad o la altitud son factores estresantes medioambientales y cuando estamos ante alguno de ellos, nuestro cuerpo activa mecanismos con el fin de enfrentarlos y ayudarnos a guardar el equilibrio. Pero si éstos no funcionan el organismo entra en un estado de aclimatamiento, que es la respuesta fisiológica corporal hacia dichos estresores.

Por ejemplo, si tenemos frío, lo sentimos en la piel en donde percibimos la temperatura baja. De inmediato el sistema nervioso periférico entra en acción y se comunica con el sistema periférico central. Esta comunicación la hace a través del hipotálamo (estructura cerebral que nos permite regular la temperatura), el cual envía señales a los vasos sanguíneos de la piel y a los de las zonas periféricas de nuestro cuerpo, los brazos, las manos y las piernas.

Esto permitirá que las venas se cierren temporalmente para que no se disipe el calor, el cual es necesario conservarlo en la parte central de nuestro cuerpo, donde tenemos órganos vitales como la cabeza, el tórax y el abdomen.

Además, cuando estamos en climas gélidos, el corazón empezará a latir más rápido para que la sangre que está tibia empiece a circular y se mantenga la temperatura que nuestro cuerpo requiere. También se produce una disminución de la temperatura basal, que es la cantidad de energía que nuestro organismo va a ocupar para sus funciones.

El doctor Daniel Pahua Díaz, del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la UNAM, explica que estos son algunos de los mecanismos que nuestro cuerpo utilizará ante las temperaturas frías, aunque aclaró que si el frío es demasiado, incluso puede haber un mal funcionamiento de los órganos.

Cuando una persona está expuesta a temperaturas extremadamente frías por tiempos prolongados puede sufrir hipotermia, que según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) es una temperatura corporal anormalmente baja, es decir, por debajo de los 35º C.

Existen tres tipos de hipotermia: leve, moderada y severa.

La leve va de los 32 a los 35º C. La piel puede estar ligeramente pálida y fría, habrá dificultad para hablar y se presentarán temblores en el cuerpo: “el temblorcito va a generar calor, porque aumenta la tasa metabólica en el músculo y el ejercicio muscular va a aumentar la temperatura”, explica el doctor Pahua Díaz.

La hipotermia moderada va de 28 hasta 31.9º C. Se presenta falla cardiaca y hay riesgo de una contracción descontrolada del corazón, lo que se conoce como fibrilación. Incluso, puede haber alteraciones del estado de conciencia, “podemos no estar completamente conscientes ni ubicados ni poder articular bien las palabras”.

La hipotermia severa es cuando la temperatura está por debajo de los 28º C. En estos casos la vasoconstricción es más severa y se puede sufrir de gangrena porque se congela el cartílago de las orejas, la nariz y los dedos. Además, las células empiezan a congelarse y una persona puede morir por enfriamiento.

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La Jornada Morelos