Gonzalo Lira Galván

Cuando Gregory Maguire publicó Wicked: The Life and Times of the Wicked Witch of the West en 1995, no estaba pensando en princesas, canciones pegajosas ni brujas glamorosas. Su libro es oscuro, político, casi filosófico. Es una relectura del mito desde la contraparte incómoda: ¿qué pasa si la villana tiene razón? ¿Qué hacemos cuando la moralidad no cabe en un blanco y negro tan tranquilizador como el camino de ladrillos amarillos?

Maguire construye una Oz fracturada: clases sociales, discriminación, gobiernos autoritarios, la eterna pregunta sobre la naturaleza del mal. Elphaba —la futura Bruja Mala del Oeste— no es un monstruo, es una mujer empujada por un sistema que la teme. El libro no busca consolar: busca confrontar.

Cuando el musical debutó en Broadway en 2003, la pregunta era inevitable: ¿cómo adaptar un libro tan denso a un escenario que tiene que entretener, emocionar y vender boletos? La respuesta: reinventarlo sin traicionarlo.

Elphaba dejó de ser sólo un estudio sociopolítico y se convirtió en un símbolo emocional. Kristin Chenoweth e Idina Menzel construyeron una dupla que trascendió el escenario: Glinda como el brillo, Elphaba como la autenticidad cruda. Y entre ambas, una amistad que desarma todos los clichés de los cuentos de hadas.

“Defying Gravity” no es sólo una canción; es un manifiesto. Es la síntesis de lo que el musical entiende de la historia: no se trata de si eres buena o mala, sino de si estás dispuesta a cargar con tus decisiones. La obra suaviza algunos bordes del libro, pero también añade una emocionalidad que Maguire nunca buscó —y que el público abrazó como propia.

“Lo mágico es que se equilibra la ligereza y la oscuridad”, cuenta Ariana Grande, nominada al Globo de Oro por su interpretación de Glinda en pantalla. “La luz de un personaje como Glinda no puede existir sin sus sombras y todo lo que habita debajo de la superficie. Ella está llena de inseguridades. Tiene una desesperada necesidad de validación, quiere que la gente la quiera”, explica la actriz y cantante.

La adaptación cinematográfica de esta historia, dividida en dos partes, no es un capricho comercial: es un reconocimiento de que el musical y los temas que explora se han vuelto demasiado grandes para caber en una sola película. El cine permite detenerse donde el teatro corre, amplificar lo que antes se insinuaba y reimaginar visualmente un Oz que ya no depende de telones, sino de mundos digitales.

Cynthia Erivo y Ariana Grande se enfrentaron al reto monumental de interpretar personajes que ya tienen historia, fandom y expectativas encima. Pero el cine tiene algo que ni el libro ni el musical poseen: el detalle. La posibilidad de mirar de cerca la relación entre ambas, de explorar las grietas políticas del mundo de Oz y de darle a Elphaba la complejidad de una antiheroína contemporánea.

“Siempre me he sentido extraña. Siempre he sido diferente”, confiesa Cynthia Erivo. “Creo que esta experiencia y este personaje han hecho que me enamore de esas cosas que me hacen diferente. He conocido mucha gente que gracias al personaje han logrado abrazar sus diferencias y eso me parece hermoso”, explica la actriz que interpreta a Elphaba.

Con estas películas, “Wicked” entró a una nueva etapa: un puente entre generaciones. Entre quienes vibraron con Idina Menzel en Broadway, quienes crecieron viendo videos clandestinos en YouTube y quienes descubrirán Oz sin haber leído a Maguire ni pisado un teatro.

La evolución de “Wicked” no es sólo un fenómeno narrativo. Es un reflejo de cómo estamos cambiando: Es un libro que cuestiona el poder, que evolucionó en un musical que celebra la individualidad y eventualmente derivó en las películas que buscan unir ambas sensibilidades para una audiencia diversa.

“Wicked me ha hecho sentir que mi diferencia es lo que me hace especial”, continúa Erivo. “Eso ha tenido un efecto muy profundo en mí, porque ahora no me queda más remedio que mostrarme constantemente como realmente soy. Me obliga a entregarme por completo. Porque esto ahora va más allá de mí”, concluye.

Durante la presentación de la segunda parte de “Wicked” en Nueva York, el productor Mark Platt tomó el escenario para enfatizar en la relevancia de la obra iniciada en el papel por Gregory Maguire. “En tiempos de tensión y divisiones, abrazar las diferencias es el actor más subversivo”, exclamó el teatro del Lincoln Center, en Manhattan.

Quizá por eso “Wicked” ha durado tanto en el gusto de las audiencias: porque nunca habla sólo de una bruja verde, sino de todos los que alguna vez fueron juzgados antes de ser comprendidos. Aquellos a quienes el mundo etiquetó equivocadamente, quienes tuvieron que brillar desde la sombra. Y ese es un hechizo que, al parecer, nunca deja de funcionar.

Imagen: Universal Pictures

Imagen: Universal Pictures

La Jornada Morelos