

Eduardo C Lazcano-Ponce, Jorge Emiliano Martínez Delgado y Martha Itzel García Torres*
“Estoy encorvado, pero no roto. Tengo cicatrices, pero no estoy desfigurado.
Estoy triste, pero no desesperanzado. Estoy cansado, pero no impotente.
Estoy enojado, pero no amargado.
Estoy deprimido, pero no me voy a dar por vencido”.
La depresión, o trastorno depresivo mayor (TDM), es un trastorno grave del estado de ánimo que se caracteriza por tristeza persistente, pérdida de interés y una reducción significativa del disfrute de las actividades cotidianas, que dura al menos dos semanas e interfiere con el funcionamiento normal. Va más allá del simple decaimiento; implica cambios emocionales, cognitivos, físicos y conductuales, como fatiga, alteraciones del sueño y del apetito, problemas de concentración, sentimientos de inutilidad y, en ocasiones, pensamientos suicidas, derivados de una compleja combinación de factores genéticos, biológicos y ambientales.

El 13 de enero se conmemora el » Día Mundial de Lucha contra la Depresión «, una fecha clave para generar conciencia, reducir el estigma y alentar la búsqueda de ayuda para el diagnóstico y tratamiento.
Si bien los trastornos depresivos son una de las principales causas de pérdidas de salud no mortales en el mundo, aún existen pocas investigaciones que examinen la carga poblacional de las enfermedades mentales en países de ingresos medios y bajos, en particular en América Latina, incluido México. Esto es muy relevante, dado que se estima que más del 80% de la población general, experimentará un trastorno psiquiátrico diagnosticable en algún momento de su vida.
En nuestro país carecemos de un registro sistemático de enfermedades mentales, incluyendo los trastornos depresivos, y de un programa integral de atención a la salud mental desde modelos de atención primaria a la salud. Esto limita la capacidad del sistema para prevenir, detectar y atender oportunamente la depresión, y refuerza las inequidades existentes, sobre todo en poblaciones vulnerables.
La carga del TDM en los jóvenes está determinada por factores de riesgo sociales, familiares e individuales. Las experiencias adversas en la infancia, como la violencia familiar, el abuso sexual y el acoso escolar, son factores clave. A ello se suman las disparidades socioeconómicas, la presión académica y las expectativas sociales, que exacerban aún más el sufrimiento mental y, en muchos casos, se vinculan con el aislamiento social y la deserción escolar. Biológicamente, la predisposición genética, los cambios hormonales y los desequilibrios de neurotransmisores pueden aumentar la vulnerabilidad en ciertos subgrupos de adolescentes. También se ha documentado que el apoyo social limitado y el estigma en torno a la salud mental a menudo retrasan el diagnóstico y el tratamiento, mientras que las diferencias culturales y regionales influyen en la prevalencia de la depresión. Las regiones de escasos ingresos enfrentan dificultades en el diagnóstico oportuno y el tratamiento debido al acceso limitado a la atención profesional, mientras que la población de países ricos, enfrenta un mayor estrés psicológico vinculado a la competencia social. De hecho, se estima que solo el 20 % de las personas con TDM a nivel mundial recibirán el tratamiento adecuado.
Los costos sociales de los trastornos de salud mental son alarmantes y representan un desafío central para los sistemas de salud y para la formulación de políticas públicas. El impacto económico de las enfermedades mentales es inmenso; se estima que los problemas de salud mental generan a la economía mundial pérdidas cercanas a un billón de dólares anuales, principalmente asociadas a la disminución de la productividad. Estos costos se derivan del ausentismo, la reducción del rendimiento laboral y el aumento de los gastos de atención médica. Además, cuando las afecciones de salud mental no son atendidas oportunamente, pueden derivar en enfermedades físicas crónicas, lo que incrementa la demanda de servicios, eleva los costos de la atención médica y ejerce una presión adicional sobre los recursos de salud pública.
La política informada por la evidencia, en lugar de la basada en la evidencia, reconoce que la formulación de políticas es un proceso inherentemente político en el que la evidencia científica es solo uno de los factores, aunque el más importante que influye en la toma de decisiones. La evidencia científica a menudo compite con creencias, intereses personales, consideraciones políticas, tradiciones culturales, experiencias pasadas y limitaciones financieras.
En este contexto, el Instituto Nacional de Salud Pública lleva a cabo, con apoyo del SECIHTI, el proyecto denominado “Atlas de la salud mental en México”, una iniciativa de gran relevancia para el país. Esto es de primordial importancia porque los servicios de salud mental a menudo están «aislados» y mal integrados con la atención primaria a la salud. La futura demanda de tratamiento y atención en salud mental por parte de la población es difícil de predecir, y una solución consiste en modelar las demandas inciertas del sistema. La modelización permite a quienes toman decisiones, en el marco de una política informada por evidencia, comprender los cambios probables en la demanda de servicios, optimizar la planeación y, por ende, mejorar la asignación de recursos. Al mismo tiempo, fortalece la transparencia, la rendición de cuentas y la evaluación de políticas públicas. Implementar intervenciones de salud mental a nivel poblacional es complejo debido a barreras culturales, estructurales y económicas que limitan el acceso oportuno. En este sentido, una estrategia sistematizada como la del Atlas de la Salud Mental en México, apoyada de herramientas de modelización, y análisis espacial, se convierte en un instrumento clave y de inversión para avanzar hacia un sistema de salud mental más equitativo, accesible y eficiente, informado por evidencia científica, pero también sensible al contexto político y social del país.
Reconocer la depresión como un problema de salud pública, y no como un fracaso individual, implica avanzar hacia sistemas de atención más justos, accesibles y humanos. La OMS señala que invertir en salud mental genera beneficios no solo para las personas, sino también para las familias, las comunidades y la sociedad en su conjunto. En este sentido, iniciativas como el Atlas de la Salud Mental en México representan un paso fundamental para garantizar que todas las personas puedan ejercer su derecho a recibir una atención oportuna y de calidad.
*Instituto Nacional de Salud Pública
Caja 1
La carga de depresión a nivel mundial
- Aproximadamente 332 millones de personas en el mundo padecen depresión.
- Se estima que el 4% de la población experimenta depresión, incluyendo el 5,7% de los adultos (4,6% entre los hombres y 6,9% entre las mujeres).
- La depresión es aproximadamente 1,5 veces más común en mujeres que en hombres. A nivel mundial, más del 10% de las mujeres embarazadas y las que acaban de dar a luz experimentan depresión.
- En 2021, a nivel mundial se estimó que 727, 000 personas perdieron la vida por suicidio. El suicidio fue la tercera causa principal de muerte en jóvenes de 15 a 29 años.
- Estas cifras ponen de relieve la naturaleza generalizada de los problemas de salud mental y su potencial para perturbar vidas, reducir la productividad y sobrecargar los sistemas de salud.
La importancia de la prevención y control
• La depresión es un trastorno mental común.
• La depresión afecta a más mujeres que hombres.
• La depresión puede llevar al suicidio.
• Existe un tratamiento eficaz para la depresión leve, moderada y grave. La recuperación es posible.
- La depresión puede afectar a cualquiera: las personas que han sufrido abusos, pérdidas graves u otros eventos estresantes son más propensas a desarrollar depresión.
Lo imperativo del autocuidado
- Autocuidado- recomendaciones de la OMS
¿Qué puede hacer?
- Intente seguir realizando o retome gradualmente actividades que antes disfrutaba.
- Manténgase en contacto con amigos y familiares.
- Haga ejercicio con regularidad, aunque sea una caminata corta.
- Mantenga sus hábitos de alimentación y sueño habituales en la medida de lo posible.
- Evite o reduzca el consumo de alcohol y no consuma drogas ilegales, ya que pueden empeorar la depresión.
- Hable con alguien de confianza sobre sus sentimientos.
- Busque ayuda de un profesional de la salud.
Si tiene pensamientos suicidas:
- Recuerde que no está solo y que muchas personas han pasado por lo que usted está experimentando y han encontrado ayuda.
- Hable con alguien de confianza sobre cómo se siente.
- Hable con un profesional de la salud, como un médico o un terapeuta.
- Únase a un grupo de apoyo.
- Si cree que está en peligro inminente de hacerse daño, comuníquese con cualquier servicio de emergencia disponible o una línea de crisis.

