

(Tercera y última)
Soy tan hermoso
Es probable que el personaje más recordado del elenco Manzano fuera Gordolfo Gelatino, nombre cercano al galán del cine mudo Rodolfo Valentino y émulo de su amigazo Mauricio Garcés que se decía padecía de mamitis al tiempo que se procuraba a sí mismo una imagen galante y vanidosa para su propio personaje cinematográfico. El origen de esa inspiración fue el de una señora real: Doña Naborita que sí existía: era una portera de una vecindad de la Guerrero que además de esa función vendía lotería, gelatinas, chácharas; y lavaba y planchaba ajeno siempre con entusiasmo por emprender esas batallas en bien de su familia. En la tele, Naborita no quería, veneraba a su retoño: “lo hice yo solita” declamaba. Era famosa por sus trayectos a gran velocidad en el Periférico tripulando un “patín del diablo”. El ademán de “Ahí Madre” se lo copiaron a su compadre Marco Antonio Muñiz, actor de reparto en sus películas y programas de televisión de su primera etapa. El “Lujo de México” apuntaba con el índice hacia adelante y levantaba la pierna en ciertas estrofas de sus canciones (acaba por cierto de ser homenajeado en el Auditorio Nacional por su hijo “Coque” y la Veros, su amigocha por su cumpleaños 92).
Existió durante varios años una historieta semanal llamada “Vida y Movidas del Muñecazo de Oro” de la Editorial América. Publicó su primer número el 19 de diciembre del año 1969. El personaje tuvo diversas apariciones en algunas de los diecinueve largometrajes que protagonizaron Cuenca y Manzano (“El Aviso Inoportuno”, “Ahí Madre”, “Hijazo de mi vidaza” y “Entre Ricachones y Pobretones” son algunos de sus títulos). Shampoo de cariño de la cabecita de algodón al papucho de papuchos en la pantalla grande.
Don Teofilito, Agallón Mafafas y los malandros
Confiesa Manzano que la figura del anciano don Teofilito se inspiró en un zapatero de su propia colonia que siempre decía “no voy, no voy y no voy” y siempre iba. Agallón Mafafas era por supuesto don Pedro Armendáriz padre quien destacó en personajes estelares del cine nacional varios de ellos como general revolucionario. Agallón sólo alcanzó a ser el “Zorro del Desierto de los Leones”, y General de un regimiento de Boys Scouts pues entonces -y ahora- el Ejército Mexicano merece ante todo respeto. Así lo entendió -supongo- el Tigre Azcárraga y evitó herir susceptibilidades políticas.

Manzano tuvo dos eventos críticos: al salir de una entrevista en el Canal 12 de Tijuana, Baja California recibieron un “mensaje” de una pequeña mafia que controlaba los bares y centros de espectáculos de esa frontera. Le rompieron los frenos al vehículo que tripulaba el empresario Manuel Orellana cuando se dirigían al centro nocturno donde actuarían. Se estrellaron en la carretera colina abajo sufriendo lesiones importantes que los inhabilitó por varios meses. La competencia local no deseaba que el dueto presentara su exitoso show en el Cabaré Los Flamingos. Tuvieron que convalecer por largo tiempo en que la magia de la repetición en moderno videotape no dejó que el público los olvidara. Cuenca fue el más lesionado. Manzano sólo alcanzó a decir antes de su ingreso al nosocomio: “La vimos cerca. Estuvimos a punto de morir”. El accidente ocurrió en mayo del 69, 57 años antes de que sí muriera en este diciembre del 2025.
La segunda experiencia fue aún más amarga: el matrimonio Manzano-López Parra había sufrido dos o tres asaltos en la Ciudad de México. Harto y enojado Eduardo consigue un permiso y una pistola para su protección. Se ve obligado a usarla cuando un comando asalta un estudio fotográfico mientras el matrimonio esperaba a que le atendieran. Los ladrones activan sus armas y le lesionan una pierna. Se presume incluso que se trató de un intento de secuestro del famoso comediante. Un de los pillos no sobrevivió a la defensa propia del actor. Los otros dos maleantes se llevaron un coche para abandonarlo a unas cuadras. Treparon a otro y huyeron. Manzano cargó para siempre con esa cruz. La muerte rondó. Era el año 1998, vivió para contarlo 27 años más.
Sus escritores
Muy importante fue la participación de ocurrentes escritores de televisión y de cine mexicanos en la carrera del dúo más que dinámico. Los Polivoces actuaron con scripts de Roberto Gómez Bolaños, el Shekespeare chiquito – “Chespirito” en sus cintas cinematográficas con Rafael Baledón en la dirección- sin embargo, fue Mauricio Kleiff su pluma más valiosa, aunque como dice Manzano “la creación de personajes fue nuestra”. Eduardo y de Enrique derramaban creatividad no antes vista en esa época de la televisión. Se cuenta que el escritor Kleiff fue tan valioso para la empresa que incluso el propio Azcárraga ordenó liquidar las deudas de juego que tenía el guionista. Dejó de apostar años después. Partió de manera temprana el talentoso escritor. Mauricio jugó también un papel de conciliador de las diferencias en el trabajo entre los dos protagonistas. Fue un fiel amigo de la pareja y un gran talento para Los Polivoces.
En mi gusto nunca entraron Los Hermanos Lelos, también inspirados en personas reales. Me parecía que el tono lento de hablar y de musicalizar no sacaba las mejores bromas de Los Polivoces. El chiste corto les quedaba muy bien a Chano y Chón (inspirados tal vez en Régulo y Madaleno, pareja cómica del cine y la televisión en blanco y negro) perdimos a la Gurrumina, con su minifalda y sus enormes pestañas postizas evadiendo al Señor Vallito en papel de Romeo (Guillermo Vallejo en la vida real. Era empresario de las “caravanas puebleras”. Sus hijas fueron socias de Carmen Salinas como empresaria).
Perdimos también a Armándaro Valle de Bravo personaje paródico de nuestro Woodstok, el “Festival de Rock y Ruedas” celebrado en Avándaro, Estado de México. También se fue el ratero Xocoyote que caía en las rejas de la policía que Siempre en Vigilia mientras parodiaba a Pepe El Toro de Pedro Infante cuando cayó en desgracia en el Palacio de Lecumberri. Todo lo que le ocurría al Xocoyote era “por pura mala suerte”. Se fue Mary Pompis, la novia de Pancho Reatas que haría ver pálido -aunque lo es naturalmente- a Trump con la forma de ganarle todas a las y los gringos a base de ocurrencias de paisano ladino.
Había una pareja de esposos norteños que presentaba a una señora fodonga y cachetona que concluía el sketch preguntándole dramáticamente a su cínico marido ¿Queeé nos está pasando Laureano?, mirando al cielo por la mala conducta del bigotón regiomontano. Doña Paz representaba a la esposa hiperdependiente y Cuenca en Don Laureano encarnaba al macho norteño y poderoso que todo lo resolvía a billetazos a pesar de la fama de codos de los regios.
El Chachalaco vs El Molacho
Enrique Cuenca daba vida a su personaje “El Púas” recordando al talentoso campeón mundial del barrio, Rubén Olivares, habitante permanente de la fiesta hasta poco antes de subir al ring cuando se mutaba en deportista. Su vida galante no le impidió ser campeón varias veces y lograr una pequeña fortuna que atraía como moscas a compadres y hermanos del alma que le acompañaban en sus francachelas y le acercaban señoritas “amantes” del boxeo. El Molacho era ese personaje en los zapatos de Eduardo Manzano cuya desfachatez le salía perfecta.
Existe una película -biopick le dicen hoy- dirigida por Roberto Rivera que recuerda esos tiempos de campeonatos y fiestas de Olivares basada en la amplia entrevista que el escritor hidalguense -afincado hasta su final en Cuernavaca- Ricardo Garibay le hiciera al boxeador. La entrevista se volvió un libro clásico “Las Glorias del Gran Púas”. El personaje del Molacho Manzano aparece retratado en esas páginas indudablemente. El boxeador fue el mexicano más famoso de su tiempo en México y el extranjero. Después ocuparía ese lugar Julio César, Hugo, Fernando hasta llegar al Canelo y al Checo. (La pareja Rivera-Garibay habían producido poco antes “El Mil Usos” exitosa en la taquilla y en las academias).
El desfile de personajes puede continuar y las referencias a lo que ocurría en ese momento social: la serie más exitosa de la época en los Estados Unidos era la dedicada a una “fusión” América- Asia con la producción de “Kung Fu” que incorporaba la cultura oriental de la defensa personal con la profunda reflexión milenaria del lejano oriente permeando al nuevo continente. El éxito de la película Operación Dragón (1972) del inmortal Bruce Lee provocó el interés popular por lo místico y lejano de las filosofías de oriente en momentos en que las principales ciudades norteamericanas vivían una especie de violencia consentida por lo que aprender defensa personal se volvió moda. Los Polivoces y sus escritores crearon los personajes “El Maistro y el Pequeño Saltamontes” para generar el chiste de formato corto que arrancaba sonrisas con tanta facilidad. Creatividad pura e inocente.
Durante un tiempo impulsaron los personajes del Mostachón y el Wash and Wear que presentaban las trampas del socio y empleador de un desafortunado lavacoches de familia muy numerosa. “¡Gáname, gáname!” le expresaba el tramposo bigotón al de la chillona voz que siempre perdía y lloraba la maldad y la pirueta que su “socio” hacía para ganar lo que fuera. No había derecho laboral alguno. Llegó esa pareja de personajes a formar también parte importante de sus elencos cinematográficos de los años setenta.
La fila de personajes es larga: “La Chica de Sifón” (Por Cipol), “El Zopilote Vengador” (La lucha libre en su apogeo), “El Dr IQ” parodiando a Jorge Marrón, “El Tíbiri-Tábara” jarocho-cubano con pelo a la afro pillando ingenuos, etc. Hubo uno que siempre declaró como su favorito: “El Chachalaco” que era una mezcla de Pito Pérez de Manuel Medel y López Tarso combinado con Palillo y Cantinflas en sus primeros años. “Le tenía especial afecto a esa creación”, confiesa el actor Manzano.
Se fueron Los Polivoces. Murió una de las ultimas estrellas del medio siglo pasado que pasaron de las caravanas puebleras a los servicios de streaming donde es posible volver a ver y sobre todo permitir que conozcan niños y jóvenes un humor inteligente y “blanco”. Ese que puede compartirse en familia sin rubores incómodos y malosos sólo para pasar el rato sin mayor pretensión que reírse un poco a costillas de escritores, actores y productores mexicanos que dibujaron cómo fuimos en otro tiempo, y qué era lo que nos regalaba la caja llamada idiota por algunos intelectuales. Lejos del albur, el doble sentido y las picardías, diría mi tía.
*Director General de Factor D Consultores

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