Cuidado colectivo y solidaridad en el Día de Muertos II.

Daniel H. Lemus*

En México, la producción de pan, los servicios funerarios y la administración de panteones permiten despedir con dignidad y respeto a nuestros fieles difuntos con el amor expresado a través del ritual. El problema es que las dinámicas económicas de nuestro mundo capitalista generan desigualdades para quienes ofrecen y consumen dichos productos y servicios.

El pan cumple la función de alimentar; las funerarias, facilitan las despedidas y los panteones son lugares de descanso. Estos elementos preservan la tradición del Día de Muertos como un ritual que une lo cotidiano con lo sagrado y lo material con lo espiritual.

Desde el sector social de la economía, las sociedades cooperativas son el ejemplo de cómo la vida y la muerte se sostienen y comparten a través de las actividades de producción, consumo o financiamiento a través de dichos elementos.

La Ley General de Sociedades Mercantiles y la Ley General de Sociedades Cooperativas, establecen que estas organizaciones deben integrarse por personas con principios de esfuerzo propio, ayuda mutua e intereses comunes para realizar actividades de producción, distribución, consumo de bienes y servicios o Ahorro y Préstamo.

En México existen 16 panaderías, 14 funerarias y 0 panteones que operan como cooperativas y generan beneficios para vivos y muertos. En miras a la construcción de Morelos solidario y cooperativo, debería fomentarse la creación de este tipo de organizaciones en dichas actividades económicas.

Las panaderías en México funcionan bajo un modelo industrial o tradicional, donde las cooperativas representan un modelo que permiten generar condiciones laborales favorables para quienes participan en ellas, tal y como la Panificadora La Estrella Roja en Nuevo León.

En Morelos funcionan 1,156 panaderías con una limitada innovación organizativa para adaptarse a las demandas del mercado, a pesar de que esta presencia involucra a comunidades locales en el proceso de planificación en cadenas cortas de valor y que en la entidad el 89% de las panaderías emplean menos de 5 personas.

En dicha entidad funcionan 181 funerarias. Cuernavaca lidera la lista con 34, seguido por Cuautla con 22, Jiutepec con 21 y Yautepec con 14; en contraste con municipios donde solo existe una o dos, como Tetecala, Tlalnepantla, Miacatlán, Tlaquiltenango y Atlatlahucan, lo que implica desafíos de accesibilidad en las zonas más alejadas.

Esta concentración invita a explorar modelos como las sociedades de entierro, organizaciones cuyos miembros contribuyen colectivamente para hacer frente a las necesidades materiales, emocionales y afectivas que surgen tras la muerte.

En Morelos funcionan 127 panteones, de los cuales 122 son administrados por el sector público y solo 5 privados. Cuernavaca, Jiutepec y Tlaltizapán de Zapata cuentan con un panteón privado, mientras Cuautla tiene 2. Estos municipios tienen altos niveles de urbanización, sugiriendo más demanda y viabilidad de este tipo de inversión.

En contraste, municipios con menos población como Huitzilac, Amacuzac, Mazatepec, Hueyapan, Totolapan o Coatetelco cuentan al menos con un panteón público, cuya gestión recae en los ayuntamientos, reflejándose como un servicio público y no un mercado privatizado.

Kropotkin señala que las relaciones humanas y la economía social pierden su sentido sin una ética del cuidado. Por ello debemos compadecernos, trabajar en conjunto y reconocer que el cuidado mutuo es una forma de resistencia y memoria colectiva con un llamado claro: que el amor por quienes ya no están, nos impulse a cuidar a quienes siguen entre nosotros.

Mapa

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En Morelos existen 1156 panaderías, 181 funerarias y 127 panteones, pero ninguna de estas unidades económicas funciona como cooperativa.

*Desastrólogo y periodista de oficio especializado en contar historias de resiliencia rural con mapas, datos y podcast. danielhernandez317@aragon.unam.mx

La Jornada Morelos