Una entidad federativa y su dinámica cultural, es tan fuerte como lo sean sus instituciones, sean gubernamentales como civiles. Tratándose de las civiles, esas que se levantan y sostienen por ciudadanas y ciudadanos con un proyecto cultural o artístico, sabemos que inician su zaga por ramilletes, pero logran pasar de cuatro o cinco años, apenas dos o tres de ellas, y llegan a cumplir los 25 años, quizás una de cada 50 iniciativas. ¿Por qué sucede así?

Me atrevo que se debe al enorme esfuerzo de sus propulsoras(es), tanto económico, moral, intelectual, artístico y social, a lo largo del tiempo, con subidas y bajadas, atravesando diversas crisis, algunas de las cuales dejan en el camino a la mayoría de las iniciativas culturales. Esta vez quiero invitarles a celebrar a una de esas iniciativas que libraron las mareas, las crisis, los abandonos estatales para el desarrollo cultural, con dos de sus componentes: el Ballet Español Escénica y la Escuela de danza Escénica de Cuernavaca, que cumplen sus 25 años, a partir de la iniciativa, cuidado y cobijo de la Maestra de danza, bailarina y coreógrafa Norma Elena Arredondo.

¿Qué requirió ella para llegar a este punto en el 2025? No bastaba con tener una gran idea, o convertirla en proyecto, e iniciarlo. Eso es muy común. Faltaba mucho. Sólo se puede explicar ese gran logro en personas como ella que se caracterizan por su constancia en la tarea (obstinación también le llamamos), su entusiasmo sostenido, su conocimiento y práctica de la danza, como de su enseñanza, su fé inquebrantable en el alumnado y el respeto y cuidado de cada una de sus alumnas y alumnos, su atención personal y específica para el desarrollo de las capacidades dancísticas de cada quien.

Pues eso es parte, falta mucho por reconocerle: sostener una academia o escuela de danza requiere además formar y conservar a un grupo de maestras, dar seguimiento a su trabajo, crearles condiciones que permitan su desarrollo y conservarlas. También, se requiere construir una relación con las madres y padres de familia, en función del desarrollo de sus hijas e hijos, para mantener su gusto y compromiso con la danza, con las artes, con su misma vida. Como estamos revisando, se trata de un gran conjunto de atributos que pocas veces confluyen en una sola persona. Falta que mencione otros más: capacidad de coordinación con otros agentes de la danza y de las artes escénicas, locales y de fuera de Morelos, con las cuales armar festivales de danza, encuentros, óperas, escenografías y tantas otras linduras, propias de la creación cultural y artística, que la han caracterizado.

Debo mencionar un hecho que ha atravesado varios sexenios gubernamentales: hacer uso de las salas o espacios públicos destinados a eventos dancísticos, operísticos y musicales, tiene un alto costo que frecuentemente resulta impagable para quienes organizan funciones, festivales. En ocasiones, tardan en pagar la parte convenida, lo que compromete la confianza de los organizadores ante quienes fueron contratados como colaboradores. ¡Qué difícil y atrevido lanzar festivales de artes escénicas en tales condiciones! Más mérito aún tienen quienes a pesar de ello, nos entregan, año con año, programas y festivales que nutren nuestra experiencia artística y vital, el crecimiento artístico de nuestros vecinos, hijos y descendientes.

¡Agradecimientos a la Maestra Norma Elena Arredondo por tan valioso logro, a sus familiares, y a su alumnado también!

 

Foto: Ian Lizaranzu, proporcionada por el autor

Miguel Á. Izquierdo S.