Estar solos durante periodos determinados de tiempo o de vida es una condición deseable para la mayoría de los seres humanos. La soledad nos permite repensarnos, crear nuevos universos, estrategias para aprovechar la gama de posibilidades que siempre ofrece la existencia, aunque a veces las oculte la compañía. Pero el ser humano no está hecho para la soledad prolongada y, de hecho, aún quienes se creen no diagnosticados misántropos, anhelan por lo menos la compañía de grupos pequeños.

La familia, amigos, vecinos, compañeros de trabajo o de prácticas deportivas forman nuestro núcleo social desde el que construimos juntos la comunidad, la ciudad, la región y el mundo en que habitamos. Cuando esas dinámicas de relación se rompen por cualquier causa, la soledad llega sin que la deseemos, y genera efectos devastadores en la salud mental y física, incluso mayores a los que tienen el tabaquismo y la obesidad, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud.

También afecta la productividad, la integración familiar, reduce el capital social y la cohesión comunitaria, aumenta la inequidad social, genera una mayor demanda en los sistemas de salud.

Mal de muchos, padecimiento de todos

La soledad no deseada se consideraba una condición padecida específicamente por adultos mayores debido al abandono de sus familias, la ruptura de lazos laborales, las muertes de amigos y conocidos, y la falta de redes de apoyo para la vejez. El 32.4% de los mexicanos mayores de 60 años padecerían esta soledad, una tasa superior a la mayoría de los países de América Latina, de acuerdo con el estudio Loneliness Among Older Adults in Latin America, China, and India: Prevalence, Correlates and Association With Mortality (Soledad entre adultos mayores en América Latina, Cine e India: prevalencia, correlaciones y asociación con la mortalidad) publicado en la International Journal of Public Health (Revista Internacional de Salud Pública).

En Morelos, más de 93 mil adultos mayores experimentan soledad no deseada de acuerdo con la proyección que permiten los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía: 47.2% de los adultos mayores que viven solos y 17.9% de quienes viven acompañados, se sienten solos.

Pero los nuevos modelos de vida (digitalización, teletrabajo, educación a distancia, ausencia de modelos relacionales para la nueva realidad), han generado un incremento en la prevalencia de soledad en adultos en general, entre 13.2 y 34.9%; y de aislamiento social, entre 34 y 43%. También los jóvenes (uno cada cuatro) experimentan soledad no deseada en el 31.1% de la población de mujeres y 20.25 de los hombres.

La condición de soledad no deseada en México se agrava por el bajo nivel educativo de la población que se traduce en una mayor exclusión social y cultural; la autopercepción de baja salud entre adultos mayores; factores culturales que impiden la convivencia con la soledad a la que suele verse como anormal en México; y hasta la baja calidad emocional de las relaciones (es decir, aún cuando uno se rodea de gente, no conecta con ellos), lo que se traduce en sentirse solos en la familia, en la comunidad y padecer crisis existenciales frecuentes.

¿Por qué estamos tan solos?

Los expertos en psicología de todo el mundo han tenido en la crisis sanitaria y el encierro por Covid-19 una fuente inagotable de conocimiento sobre los orígenes, el manejo y las consecuencias de la soledad no deseada. La pandemia permitió identificar diferencias relevantes en la dinámica de las relaciones familiares, redimensionar el valor de las amistades, las comunidades laborales, y hasta las formas que tuvieron para sobrevivir a muchos meses de aislamiento.

La soledad no deseada tiene múltiples orígenes, y aunque en el 21% de los casos deriva primordialmente de causas internas como la dificultad para relacionarse con los demás 12.7% de los casos, y la mala salud física en el 6.4% de ellos; la mayor parte del problema viene del exterior.

En más del 57% de los casos, quienes experimentan soledad no deseada la deben a los cambios en las redes de apoyo social por falta de convivencia o respaldo familiar por la residencia lejana de los familiares; dejar de convivir con las personas con quienes habitualmente se relacionaban; o la incomprensión de los entornos. La muerte de personas cercanas (pareja, familiares, amigos, compañeros de trabajo); separaciones, cambios de residencia, jubilación, y la sensación de vacío que experimentan los padres cuando los hijos se van de casa (síndrome de nido vacío) son factores que originan o agravan la sensación de soledad involuntaria.

La mitad de las personas con alguna discapacidad padecen soledad no deseada; el 32.5% de los migrantes; casi el 35% de la comunidad LGBT; y otros grupos vulnerables por su condición de salud, bajo ingreso, edad, etnia sufren discriminaciones que aumentan la sensación de abandono.

Habitar en municipios medianos cuyas dinámicas sociales no están tan establecidas como las de las zonas rurales o las grandes ciudades también parece incidir en mayores sensaciones de soledad.

Y por supuesto, está el asunto del trabajo; el exceso de trabajo es común en el 6.2% de quienes padecen soledad no deseada; el trabajo remoto, los ambientes laborales competitivos, la exclusión organizacional, la falta de interacciones significativas con los compañeros de trabajo, son otras de las causas laborales que refiere el 11.1% de quienes padecen soledad no deseada.

Un solo problema con efectos múltiples

La sensación de soledad no deseada se considera un factor de riesgo independiente para la salud mental pues suele traducirse en episodios de ansiedad y depresión. El 81% de los adultos que se sienten solos reportan ansiedad o depresión refleja un estudio de la Universidad de Harvard sobre la epidemia de soledad derivada de la desconexión social.

Hay evidencia de que el estrés prolongado que deriva de la soledad tiene manifestaciones clínicas que se agravan durante las noches, como ansiedad, depresión y trastornos del sueño.

También se ha probado un deterioro cognitivo significativamente mayor en las personas adultas que viven solas; el riesgo de demencia es 50% mayor en adultos mayores en situaciones de soledad. En general, las personas en condición de soledad ven afectada su capacidad de atención y concentración, la memoria reciente y experimentan deterioro cognitivo progresivo.

La soledad también parece tener un vínculo con el riesgo de muerte por suicidio y comportamientos de autolesiones.

El aislamiento también erosiona la capacidad de relacionarse en sociedad. Las historias de ermitaños groseros, lejanos, ásperos no son un asunto de películas; en la realidad la soledad erosiona las habilidades sociales, provoca interpretaciones erróneas de las interacciones, disminuye la motivación para socializar y genera que los rechazos comunes y hasta aparentes parezcan mucho más graves.

La salud física también se deteriora aceleradamente en individuos que padecen de soledad no deseada. Los expertos en todo el mundo han encontrado mayor incidencia de infartos, accidentes cerebrovasculares e hipertensión en personas que se sienten solas.

Un estudio del Instituto Nacional de Geriatría en México encontró que el aislamiento social se asocia con mayor propensión a enfermedades y mortalidad por todas las causas.

La soledad también provoca deficiencias nutricionales por los cambios de hábitos alimenticios y aumenta la posibilidad de eventos de salud adversos.

La soledad es adversa para la economía también

Por si todos los anteriores daños no fueron suficientes para empezar a ocuparnos del problema que representa la soledad no deseada, encontramos también una lista preocupante de efectos económicos.

Porque la soledad no deseada está asociada con costos sanitarios como hospitalizaciones, consultas médicas, medicamentos, y deterioro de la productividad (bajas laborales, reducción de jornadas laborales o abandono de empleos, frecuentes ausencias). Estos son los efectos que podrían medirse en pesos y centavos.

También se ha demostrado que reduce el capital social y la cohesión comunitaria, y suele ser altamente contagiosa.

La soledad no deseada se transmite de padres a hijos, lo que afecta los resultados educativos, las aspiraciones y por supuesto, la capacidad de relacionarse y construir comunidades y redes de apoyo.

En México, dada la baja cohesión social, la edad avanzada se asocia con mayor soledad que se ve afectada aún más por fallos estructurales en la inclusión social.

La soledad no es una sociopatía

Podría pensarse que la condición de soledad puede convertirse en una enfermedad contra la sociedad (sociopatía), pero a pesar de tener efectos perjudiciales para la comunidad, los expertos consideran que no es así. Hay una colección de diferencias entre la soledad no deseada y la sociopatía.

El Trastorno Antisocial de la Personalidad (sociopatía) de caracteriza por el desprecio y la violación de los derechos de los otros. Tiene su raíz en la infancia o adolescencia temprana y persiste hasta la adultez y puede identificarse por falta de empatía genuina; ausencia de remordimiento o culpa; comportamiento engañoso, manipulador e impulsivo; y la dificultad para mantener las relaciones.

La soledad no deseada, en cambio es una experiencia de angustia derivada de la pérdida involuntaria de conexiones sociales, que generalmente mantiene la capacidad de empatía y el interés genuino en restablecer las relaciones.

Esto no significa que quienes padecen trastornos antisociales, histriónicos y narcisistas no sientan la soledad, pero ésta es debido a características deficientes de su persona; en estos casos, la sensación de abandono puede exacerbar los comportamientos antisociales.

Aun con la diferenciación, hay estudios que documentan sintomatología similar a la del Trastorno Antisocial de la Personalidad en personas que experimentan aislamiento social extremo y prolongado en etapas críticas del desarrollo, especialmente durante la infancia; aunque tale se identifican más como problemas del desarrollo socioafectivo que como una sociopatía.

La soledad que nos puede alcanzar a todos

En el 2023, la autoridad sanitaria de los Estados Unidos consideraba que la soledad no deseada podría convertirse en la próxima pandemia y la ubicaba como de dimensiones mayores a la de Covid-19.

Aunque la declaración parecía dramática, lo cierto es que hay un aumento importante en la población que padece la soledad. Cada segmento de afectados por ella tiene sus propias causas o matices, pero puede identificarse en términos generales que las mujeres padecen más la condición que los hombres decido a su carga histórica como cuidadoras; la vulnerabilidad a la violencia, la mayor longevidad y la desigualdad económica.

En el caso de Morelos también hay causas comunes que amenazan con extender el problema a muchas más personas, como la urbanización acelerada cuyo ritmo acelerado y anonimato agrava la sensación de soledad; la pobreza y desigualdades económicas que marginan a la población de menores ingresos de espacios comunitarios, actividades y redes de apoyo; la pérdida de cohesión comunitaria por el deterioro de espacios públicos de encuentro; la permanente discriminación de grupos que son excluidos sistemáticamente; cambios de vida adversos como divorcios, pérdidas, migraciones forzadas, diagnósticos de enfermedades; y la hiperconexión digital que refuerza el aislamiento social real.

¿Y qué hago con mi soledad?

La amenaza de la soledad en la sociedad moderna es real y suele agravarse porque hemos desaprendido lo elemental sobre las relaciones humanas.

Curiosamente, combatir la soledad no deseada es mucho menos difícil de lo que se piensa, basta con buscan conexiones sociales, fortalecer el cuidado personal y, en su caso, buscar ayuda profesional,

Para reconectar con la gente puedes iniciar conversaciones, no necesitas temas complejos, basta con sinceramente interesarte por los demás; “¿cómo estás?” siempre es un motor de inicio.

Involúcrate en actividades de grupo, acude a clases, talleres, clubes de tus intereses, para conocer más gente.

Participa como voluntario así no solo ayuda a otros, te sentirás útil y podrás ampliar tu red de conocidos.

Recuerda que, usadas con responsabilidad y moderación, las redes sociales y las aplicaciones pueden mantenerte en contacto con amigos y reunirte con comunidades que comparten tus intereses.

También debes reaprender a cuidarte, sé amable contigo; no te juzgues, reconócete; recuerda que sentirse solo es una experiencia común en los humanos.

Levántate temprano, haz ejercicio, cuida tu alimentación, te sentirás mejor y tu estado de ánimo será ideal para socializar.

Aléjate de los pensamientos negativos que contribuyen a tu sensación de soledad; recuerda que tu forma de hablarte incluye en cómo te sientes.

Busca ayuda profesional si la sensación de soledad te abruma y no la puedes controlar. La ayuda puede estar en la terapia profesional, grupos de apoyo y para urgencias puedes llamar en México a la Línea de la Vida (800 911 2000), donde encontrarás profesionales capacitados para escucharte y orientarte.

Imágenes: Inteligencia artificial Copilot

Daniel Martínez Castellanos