

Mujer: escribir cambia tu vida, o cómo se construye un espacio propio
De ellas he aprendido que las palabras son la llave, no sólo que abre, sino, sobre todo, que construye la propia casa
Ethel Krauze
En México, desde 1970, la mayoría de edad se alcanza a los 18 años. Para muchas personas, llegar a esa edad es sinónimo de independencia, responsabilidad y madurez; también lo es de cambios e incertidumbre. Ser mayor de edad significa comenzar a asumir que los sueños se transforman con constancia. Apenas unos años antes, en 1955, las mujeres votaron por primera vez en México; y esa constancia femenina por conquistar espacios propios se vio reflejada en 1964, cuando obtuvieron sus primeras diputaciones. Pasarían décadas hasta que, en 2022, las mujeres alcanzaron por primera vez el 50 por ciento de los escaños en el Congreso Legislativo.
En Una habitación propia, Virginia Woolf anota que el voto no le parecía tan importante como el dinero, pues era el dinero lo que permitía vivir sin depender de los hombres. Recordaba también que, durante siglos, las mujeres vivieron a la sombra de ellos, inmersas en una multitud de actividades indefinidas que no les permitían disponer de un tiempo propio. Estas interrupciones constantes, aunadas a la falta de acceso a la educación, marcaron una brecha importante en el desarrollo literario de las mujeres. De ahí que Woolf sostenga que “el libro tiene que adaptarse al cuerpo […], los libros de las mujeres deberían ser más cortos, más concentrados que los libros de los hombres, y tener una estructura que no requiera largas horas de trabajo regular e ininterrumpido —porque siempre habrá interrupciones” (p. 116–117).

El oficio de escribir exige constancia y, aún hoy, en 2025, las mujeres deben alternar la escritura no sólo con maternidades y trabajo, sino también con esa serie infinita de actividades cotidianas que rara vez se detienen. En palabras de Woolf: “descanso no es la ausencia de actividad, sino actividades diferentes” (p. 117). Escribir, entonces, sigue siendo un acto de resistencia: una forma de hacerse un lugar en el mundo sin dejar de habitarlo.
En Morelos, desde 2007, con Martha Ketchum al frente del entonces Instituto de Cultura de Morelos, se gestó el programa Mujer: Escribir cambia tu vida, con el objetivo de promover el derecho a la lectura y escritura como herramientas de autoconocimiento, autoestima y empoderamiento en la toma de decisiones dentro del ámbito familiar y comunitario. Años más tarde, en 2015, el programa tomó forma definitiva con la metodología desarrollada por la Dra. Ethel Krauze: un taller vivencial que guía a las participantes para contar su historia hasta convertirla en un manuscrito que dialoga con su vida.
Para Krauze, el programa incorpora la escritura como un hábito de desarrollo humano y cultural que, al tiempo que construye el crecimiento colectivo, reconoce el valor de cada historia en lo individual. Así, Mujer: Escribir cambia tu vida se sostiene sobre la convicción woolfiana de que las obras maestras “[…] no surge[n] de brotes individuales y solitarios, sino que [son] el resultado de un pensamiento colectivo de muchos años y muchas personas, de modo que la experiencia de toda una masa está detrás de una sola voz” (p. 102).
En 2025, el programa cumple 18 años de crear esa habitación necesaria para que las mujeres cuenten sus historias y contribuyan a la construcción colectiva de la memoria. Durante estos años ha configurado un espacio de múltiples habitaciones, donde la escritura de vida se convierte en un “instrumento de construcción y creatividad personal y social”. Por ello, el pasado 14 de noviembre, en un año donde por primera vez una mujer encabeza el gobierno de México y otra mujer gobierna –también por primera vez– el estado de Morelos, nos reunimos en Xochitepec para celebrar a las mujeres que han participado en este programa. Fue un día luminoso en el que, desde nuestras individualidades y desde la colectividad, hicimos visible la constancia de la escritura de las mujeres.
En ese encuentro reflexionamos sobre las miles de mujeres que han transformado su vida a través de esta metodología, sobre las fronteras que ha cruzado y sobre la vasta cantidad de antologías que ha generado. Y mientras celebrábamos, surgió la pregunta inevitable: ¿Qué sigue? Como toda mayoría de edad, esta también nos confronta con un futuro incierto y con la responsabilidad de sostener un programa de tal envergadura, con tal impacto en nosotras, en la sociedad y la historia. Al revisar, entrecerrando los ojos, el gran camino recorrido, surge también el deseo de encontrar respuestas. ¿Será que, para mantenernos en pie, debemos volver al origen, reconocer cada oportunidad para avanzar y reconfigurarnos sin perder la esencia?
En palabras de Ethel Krauze: “Si cambio… voy a ver el mundo de manera diferente, y el mundo también me verá diferente”. Apostemos a ello. Gradualmente, con constancia, seguiremos narrándonos, escribiendo la historia –y nuestra propia historia– porque el mundo cambia y nosotros cambiamos con él. Volvamos a mirarnos en el reflejo de nuestras madres, de nuestras ancestras, de todas las que han hecho posible nuestra historia a través de sus miradas. Volvamos a mirarnos en quienes, con su palabra o su silencio, nos mostraron que escribir no sólo cuenta la vida: la transforma.
*Directora de Fomento a la Lectura de la Secretaría de Cultura
Bibliografía
Krauze, Ethel.Mujer: escribir cambia tu vida. Orígenes, teoría y modelo. Fondo Editorial del Estado de Morelos. Secretaría de Cultura de Morelos: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. México.2015.
Woolf, Virginia. Una habitación propia. Alcaldía de Medellín, Secretaría de Cultura Ciudadana. Colombia. 2023.


