Izquierda o derecha, semblanza de dos fantasmas políticos

 

En el relato del gobierno actual, este se autoproclama como el heredero del pensamiento de izquierda, que también autodenomina progresista, al tiempo que construye un enemigo permanente, real o imaginario: “la derecha”, para explicar cualquier mal nacional.

El relato oficial crea una confusión deliberada que polariza, manipula y descalifica cualquier intento de crítica. Pero ¿cómo y cuándo surgió la etiqueta de la izquierda?, ¿cuáles son sus principios? y, ¿cómo se contradice con el pensamiento de derecha?

La disputa entre “izquierda” y “derecha” nació en 1789, en la Asamblea Nacional Francesa. Los que defendían los privilegios del Antiguo Régimen se sentaron a la derecha del presidente; los que exigían reformas profundas, a la izquierda. Ese acomodo terminó siendo un símbolo ideológico.

El principio rector de la izquierda es la defensa de la igualdad, teniendo al Estado como instrumento para equilibrar el mercado. Este pensamiento se alimentó de la Ilustración, el marxismo, así como de las luchas obreras que, desde el siglo XIX, cuestionaron el poder económico concentrado en pocas manos.

La izquierda transitó de la revolución a la institucionalización, y ahora a la tentación del autoritarismo. Dejó de ser una trinchera de los derechos sociales para convertirse, en un dogma que justifica cualquier acción del Estado, anulando la pluralidad que dice defender. Aunque hoy hay todo un enjambre de izquierdas, con visiones e intereses específicos.

La derecha, por su parte, defiende el orden existente, la propiedad privada, la jerarquía social, la tradición, la libertad individual frente al Estado, y coloca al mercado como organizador de la vida económica.

Su filosofía se soporta en pensadores como Burke, Tocqueville o Friedman. Su contradición radica en que, al defender “la libertad”, termina protegiendo privilegios, desigualdades y modelos económicos que generan exclusión.

En síntesis, y a riesgo de simplificar un debate tan complejo, el pensamiento de izquierda se orienta hacia la igualdad y la justicia social. Busca reducir la pobreza, proteger los derechos laborales y garantizar que el Estado asegure salud, educación y seguridad social para todos.

El pensamiento de derecha, por su parte, coloca en el centro la libertad individual y económica. Promueve la libre empresa y el mercado como motor del desarrollo, privilegia las tradiciones, el orden, la responsabilidad personal, y sostiene que la intervención estatal debe ser limitada.

No es posible el pensamiento único. Estos dos enfoques se oponen, pero también se complementan: una igualdad sin libertades ahoga a la sociedad; libertades sin mecanismos de igualdad llevan a la exclusión.

La tensión entre ambos pensamientos puede resultar, en el equilibrio indispensable para una convivencia más justa y libre. El equilibrio es una ley natural y también social (abordaré el tema en otra reflexión).

Cuando un gobierno se apropia de una ideología, como si fuera la “única moral posible”, se convierte en un instrumento de poder, por lo que se descalifica al adversario creando una narrativa que justifica todos sus actos y sus omisiones.

Las grandes tensiones sociales como el cambio climático, la desigualdad global, la migración, la violencia y la misma crisis del sistema político no pueden enfrentarse solo desde una ideología de izquierda o de derecha.

Los ciudadanos, en especial los más jóvenes, ya no pueden identificarse con etiquetas decadentes y obsoletas del siglo XIX como la izquierda o la derecha. Lo que se requiere hoy, es coherencia, justicia real, oportunidades, seguridad, instituciones funcionales y un futuro viable. ¿Usted qué piensa?

José Antonio Gómez Espinoza