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La salud pública de Morelos fue, durante el sexenio anterior, uno de los frentes más golpeados por la desidia administrativa y por prácticas que hoy están bajo revisión formal. La infraestructura detenida, los hospitales en penumbra, los procesos viciados y los medicamentos insuficientes no fueron accidentes, sino consecuencias de decisiones—u omisiones—que alcanzaron el nivel de auditorías forenses. Sobre ese contexto, tan adverso como delicado, se sostiene la actual transición institucional, cuyo eje es el modelo IMSS-Bienestar y la promesa de que la atención a la población deje de depender del azar administrativo y recupere el estándar básico de dignidad: ser oportuna, profesional y universal.

Lo que hoy encabeza el secretario de Salud, Mario Ocampo Ocampo, no es solamente una agenda de mejoras técnicas: es una operación de rescate. Porque, a diferencia de otras dependencias que pueden detener actividades para reorganizar procesos, un sistema de salud no puede dejar de atender ni un solo día. El desorden heredado—que él mismo describe como estructural, administrativo y operativo—no se resuelve de un día para otro, será una tarea de muchos meses -en los que quizá veamos sanciones contra quienes incurrieron en irregularidades- y la determinación de impulsar una nueva dinámica interna.

Las investigaciones abiertas por la Auditoría Superior de la Federación e instancias estatales deberán llegar a donde corresponda: personas, empresas, funcionarios o sindicatos. Sería un error que la justicia sólo se limite al expediente técnico; los agravios ocurrieron sobre los cuerpos y la salud de miles de usuarios.

Sin embargo, en materia operativa ya hay resultados. La reducción del dengue, de más de 5 mil casos el año pasado a menos de 200 en este ciclo, es un efecto combinado de acción temprana, coordinación y vigilancia epidemiológica real. La contención inmediata del sarampión —sin defunciones y con cerco sanitario activo—demuestra un criterio preventivo que no figuraba en gestiones previas. El modelo Código Infarto, con una tasa de éxito cercana al 80%, también duplicó la sobrevivencia respecto de administraciones pasadas. Se trata de indicadores que dan pie al optimismo.

La reconfiguración de la estrategia de vacunación también marca cambio de enfoque. No sólo regresan brigadas y módulos itinerantes; se trabaja en la corresponsabilidad familiar frente a un escenario social donde la memoria epidemiológica se ha disipado. No ver niños con polio o adultos marcados por la viruela ha relajado conductas. El llamado del titular del sector es, más que institucional, pedagógico: vacunarse no es un acto individual, sino una obligación social.

A ello se suma un hito reciente que no debe pasar desapercibido: la reapertura del Hospital General del ISSSTE “Dr. Carlos Calero Elorduy”, por la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo. Ese gesto federal es también una lectura política: Morelos no fue abandonado en el proceso de reconstrucción de su sistema de salud, y se respalda su transición como proyecto prioritario, en el que se incluye la construcción de un Hospital del IMSS en Yecapixtla y otro del IMSS Bienestar en Jiutepec.

Como admite Mario Ocampo, la reconstrucción será difícil, pero es viable. El reto, ahora, es sostenerla sin tregua. Porque si algo enseñó la pandemia y su estela de pérdidas, es que un sistema de salud sin orden ni previsión tiene un costo irreparable. Morelos ya pagó demasiado por la irresponsabilidad de la administración anterior; el presente no puede permitirse repetir esos descuidos.

La Jornada Morelos