

En 2021, el caso de un acumulador de perros en Santa María Ahuacatitlán, al norte de Cuernavaca, puso al centro del debate las regulaciones que debe tener un “rescatista de animales”, pues el problema no se soluciona con resguardar al animal, y esto puede llegar a esconder realidades complejas y nocivas. Durante varios meses, el individuo acumuló decenas de perros dentro de su vivienda, sin condiciones mínimas de higiene, socialización y alimentación adecuada. El hallazgo inicial de 34 animales hacinados, seguido del descubrimiento de más de setenta perros en el mismo lugar, reveló no solo un grave caso de maltrato animal, sino también una problemática asociada a trastornos de salud mental, negligencia y una alarmante desprotección institucional.
Esta anécdota la comparte Alicia Moya, académica e integrante del colectivo Seres Sintientes, al reflexionar en torno al Día Internacional de los Derechos de los Animales, una fecha que nos invita a pensar en sus libertades fundamentales y que nos recuerda que ellos también sienten dolor, miedo y ansiedad; y que las sociedades modernas no pueden sostener políticas públicas que ignoren esa realidad.
Castrillón colabora también en las campañas de esterilización del Registro Único de Mascotas (RUM) de Morelos y ha sido impulsora clave desde hace 8 años de una iniciativa de Reglamento para la Atención, Control y Bienestar Animal para Cuernavaca, instrumento que busca precisamente prevenir este tipo de situaciones de abandono y que la sociedad reconozca que un perro, un gato no es un accesorio doméstico o está subordinado a la voluntad humana; sino también un llamado a las instituciones municipales a reconocerlos como sujetos de derechos, que detrás del maltrato hay una dinámica compleja de violencia y salud comunitaria.
¿Qué se necesita para atender el maltrato animal?
El maltrato animal no solo ocurre cuando hay violencia física o aparecen heridas evidentes, la académica refiere que vulnerar las llamadas cinco libertades de los animales formuladas originalmente por John Webster: negarles comodidad, libertad de miedo, salud, alimento o la posibilidad de comportarse como su especia es también violencia. Estas libertades, explica Alicia Castrillón, deben ser el punto de partida de cualquier reglamento serio: “Con algo tan simple como empezar con llamar tutor en lugar de dueño, para reconocer a los animales como seres que sienten y no como objetos”, señaló.
También hizo énfasis en que otro de los grandes retos es la simplificación del problema de la sobrepoblación canina y felina. “El actual Reglamento de Bienestar Animal de Cuernavaca, vigente desde 2018, solo aborda la operatividad de la perrera municipal”, explica, no se debe abordar solo como “un problema de salud pública”, como normalmente se trata; se debe revisar desde las condiciones materiales en las que viven los perros y gatos, así como la forma en que se relacionan con quienes los rodean.

Alicia quién además tiene cuatro maestrías y dos doctorados en el área de la psicología, filosofía y ciencias de la complejidad, sostiene el maltrato animal no es un hecho aislado, sino un síntoma del entorno social. Perros golpeados, animales encerrados en azoteas o con desnutrición severa suelen compartir casa con hogares donde también hay niñas, niños, mujeres o adultos mayores en riesgo: “Es una violencia social que va en escalada, donde la autoridad no interviene hasta que ya es demasiado tarde”, advirtió.
Una propuesta digna
A partir de esta lectura, su propuesta de reglamento no se limita a regular la operación de la perrera municipal, sino que introduce un enfoque biopsicosocial para comprender la relación entre bienestar animal y bienestar comunitario. Integrar a profesionales de salud mental, rescatistas, autoridades y vecinos en un Consejo Consultivo que permitiría romper la estructura vertical que históricamente ha dejado estos casos en el margen de la agenda pública.
“No han entendido que la sociedad se tiene que ver como un todo”, comenta Castrillón. Para ella, un reglamento integral tendría que reconocer que la violencia es circular: lo que afecta al animal afecta también al barrio y a la familia, y viceversa. Por eso sostiene que el municipio debe dejar atrás la idea de que los animales son un problema sanitario y asumir que su bienestar está conectado con la forma en que se construyen las relaciones humanas en los hogares, en las calles y entre las instituciones.
Con este enfoque, el Día Internacional de los Derechos de los Animales deja de ser una fecha simbólica y se convierte en un llamado urgente, sin reglas claras, sin campañas permanentes de esterilización y sin una política que articule a ciudadanía y autoridades, la violencia hacia los animales seguirá reproduciéndose y junto con ella, otros ciclos de daño que atraviesan la vida comunitaria.
Una responsabilidad compartida
En la recta final de la entrevista, Castrillón comparte una reflexión que llama a la acción: “Hay que incluir el bienestar animal en las agendas públicas. No basta con recoger animales, hay que educar, sancionar lo que corresponde y trabajar en equipo”. El mensaje se extiende tanto a autoridades, rescatistas y tutores, “se debe entender que la violencia hacia los animales no se resuelve con buenas intenciones, sino con políticas públicas que reconozcan la sintiencia, integren datos, articulen instituciones, asociaciones animalistas y coloquen a la concientización de la ciudadanía en el centro”.
En un 10 de diciembre dedicado a los derechos de los animales, Alicia Castrillón insiste en que la discusión no es solo sobre perros y gatos (o cualquier animal), es sobre las relaciones que tejemos como sociedad y la urgencia de reconocer que proteger a otras especies también es proteger la vida humana.
Alicia Castrillón Moya muestra parte del archivo de oficios, propuestas y revisiones del reglamento de bienestar animal que ha impulsado desde 2017 hasta la fecha. Foto: Jazmin Aguilar

Con una amplia trayectoria en trabajo clínico y defensa del bienestar animal, la académica es integrante de la asociación civil Seres Sintientes, con quienes colabora en las esterilizaciones masivas del programa de Registro Único de Mascotas del Estado de Morelos (RUM). Foto: Jazmin Aguilar

El Proyecto de Reglamento para la Atención, Control y Bienestar Animal para Cuernavaca, impulsado a través de las múltiples administraciones desde 2017, sigue sin aprobación pese a evidenciar que el maltrato es un síntoma de violencia social que puede escalar. Foto: Jazmin Aguilar

Alicia Castrillón denunció ante la Fiscalía de Temixco el caso de Santa María Ahuacatitlán, luego de que autoridades locales minimizaron la situación; el hallazgo reveló que la negligencia y la acumulación compulsiva también son formas de violencia hacia los animales. Foto: Jazmin Aguilar

Las autoridades suelen reducir el bienestar animal a una cuestión operativa, institucional sanitaria, sin entender y asumir que su bienestar involucra también la dimensión social. Foto: Jazmin Aguilar

