A/

El hijo ausente

—Un rico comerciante en perlas —dijo el marinero, desde el balcón— que vivía en Las Lajas, buscador de tesoros para más señas, tenía dos hijos. Uno de ellos le pidió su parte de la herencia y se vino para acá para San Miguel de Afuera y luego se marchó y anduvo de un lado a otro hasta que acabó con todo; quedó tan pobre que tuvo que emplearse en un acuario de la costa. Todas las noches sacaba las cubetas para alimentar a los peces y mientras lanzaba al agua los trozos de pescado se lamentaba, pues su miseria era tanta que no podía comer ni siquiera eso.

«Si estuviera en Las Lajas, con mi padre —se decía—, cada vez que quisiera podría sentarme a comer un caldo largo y unas dobladas de camarón.

“Y sufría con esos pensamientos, hasta que un día decidió volver a la isla y le escribió a su padre.

«¡Qué alegría sintió el viejo! Salió a la playa, con todos sus empleados, sus parientes, su otro hijo y su mujer. Cuando vio la lancha que traía a su hijo se metió al agua para recibirlo y en seguida ordenó que le dieran ropas nuevas y lo llevó abrazado hasta su casa, donde le tenía preparada una gran fiesta.

«Eso entristeció al otro hijo, que había trabajado siempre al lado de su padre. Cuando el comerciante se dio cuenta, fue con el hijo fiel y le dijo:

«—¿Qué te pasa, m’hijo? Tú siempre has estado aquí y has gozado de todas mis cosas, porque todo lo que es mío es tuyo. En cambio tu hermano estaba perdido y lo hemos recuperado. Ven a la fiesta y alégrate con nosotros.»

Alguien, entre la multitud, recordó la parábola del hijo pródigo y protestó a gritos. Los seguidores del cura de Los Mangos, los del presidente municipal, los poetas y los reporteros sintieron que, ahora sí, habían pescado al marinero en flagrante delito de plagio y armaron un escándalo fenomenal. El marinero tuvo que refugiarse en la cantina, con unos cuantos de sus amigos.

—No permitan —les dijo— que nadie le ponga títulos ni trámites al conocimiento verdadero.

—Déjame leerte algo que encontré y no entiendo —dijo el carnicero—: «Meditar es estar en satva. Pero al salir de la meditación, cuando se reanuda la actividad, entramos en rajas. Y cuando nos vamos a dormir estamos bajo tamas. Para vivir en este mundo hacen falta los tres estados: satva y rajas y tamas. Satva es el mejor, pero no podemos estar en él todo el tiempo. Como satva es bueno, debemos dedicar más tiempo a la meditación.»

—No se pierdan en las palabras —dijo el marinero—. El conocimiento verdadero no necesita palabras que no entiendan. ¿Por qué vivimos en la confusión, el dolor y el miedo, y morimos sin haber entendido nada? Porque la creación es sencilla, pero el apego, la forma en que vivimos hacen complicado lo que es simple. Lo que debería ser felicidad se vuelve dolor, y lo que debería ser amor se vuelve miedo y persecución. Nunca confíen en quien se diga representante del Ser. El Ser no necesita. ser representado por nadie. Miren en su interior y llegarán al Ser.

—Pues yo no entiendo —dijo Ramón el Cojo— la historia que nos contaste. Y, hasta donde yo sé, eso no sucedió nunca en la isla.

—El padre —dijo el marinero— es el Ser y los hijos son los hombres, unos ignorantes y otros con entendimiento. El hijo ignorante está apegado a los bienes materiales; por eso pide su parte de la herencia y se entrega a los placeres, alejándose del padre. Cuando sale de la isla desperdicia su fortuna. Por suerte, dentro de su tristeza, es capaz de ver en su interior, recuerda la abundancia de la casa paterna y decide regresar.

«El padre, que lo perdona todo, sale en su busca y entra al agua para recibirlo. Las ropas que le obsequia son señal de su nuevo conocimiento, que le permite comenzar una vida nueva. Las fiestas son para recibir a los que han estado se-parados. Los que viven unidos al padre siempre están celebrando.»

B/

La naturaleza del Ser

—No te entiendo —dijo el cantinero, que no usaba muchas palabras—. Hablas del Ser todo el tiempo, pero nunca nos has dicho cómo es el Ser.

—El Ser —contestó el marinero está en todas partes. No hace falta viajar para encontrarlo. Nadie puede huir de él. Los caminos del Ser, los modos del Ser están más allá de lo que nosotros podemos comprender.

«El Ser es la causa de todo y es todo y está en todo. Es el amigo y el enemigo, el santo y el criminal, la bestia y el hombre, la basura y las joyas, el apego y el desprendimiento.

«Para describir al Ser puedes usar muchas palabras o pocas palabras, es lo mismo, ya que no existe conocimiento que lo abarque y las palabras no hacen otra cosa que ocultarlo.»

* Doctor honoris causa por El Colegio de Morelos. Catedrático en la UNAM. Miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

Foto: Cortesía

Felipe Garrido