

Barreras en el acceso a atención especializada en salud mental en pueblos originarios
La importancia del entendimiento intercultural
(Segunda parte)
Gabriela Eugenia Rodríguez Ceja*
En los casos analizados se observó que las familias han enfrentado el dilema de decidir con qué curador acudir, lo que se relaciona con el acceso limitado a recursos materiales, así como con sus conocimientos y experiencias previas. Ya sea que hayan elegido a la ciencia médica como su primera opción, o que la hayan considerado luego de no haber percibido una mejoría satisfactoria al haber consultado con curadores tradicionales y/o populares, las personas han enfrentado grandes obstáculos para recibir atención adecuada para sus cuadros clínicos. En la mayoría de los casos registrados se encontró que en algún punto de sus trayectorias habían acudido con médicos, pues tenían la intuición o la esperanza de que podrían encontrar alguna solución favorable. Esas interacciones constituyeron oportunidades para que los profesionales pudieran detectar los padecimientos, tal vez como un problema relacionado con la salud mental, o que se hubiera considerado la posibilidad de que la persona requiriera de servicios más especializados; pero eso no siempre sucedió. Entre los principales obstáculos se encontró que el personal médico tenía una formación muy limitada en salud mental, lo que impidió que detectara la problemática. Por otra parte, se identificó a unas cuantas personas que habían logrado recibir atención especializada luego de años de búsqueda de recursos terapéuticos; sin embargo, fue visible la existencia de barreras culturales, lingüísticas, geográficas y económicas que impidieron que los tratamientos fueran sostenibles, o que obstruyeron el logro de adherencia terapéutica.
Los resultados muestran la existencia de una brecha en la relación que la población ha establecido con la ciencia médica, ya que los choles -al igual que el resto de los pueblos originarios- tienen sistemas de conocimientos propios desde los cuales suelen interpretar sus padecimientos; por otra parte, en muchas ocasiones los principios en los que se basa esta forma de atención les resultan ajenos y desconocidos, lo que dificulta su uso. Esto favorece que pueda llegar a ser un reto traducir la experiencia del padecimiento del código cultural local al código médico, y que los profesionales de la salud no logren identificar enfermedades que podrían ser tratadas por este sistema. A esto se agregan los bajos niveles de escolaridad de la población, y que la atención se ofrece en español, un idioma que para muchas personas no constituye su lengua materna o que es utilizado y comprendido de forma limitada. Una consecuencia de estos factores es que las personas suelen desconocer lo que puede ofrecer la ciencia médica a través de especialistas en diversos campos, a los que no han tenido acceso. Por lo tanto, cuando los médicos ofrecen tratamientos que no tienen eficacia o no detectan el problema de salud, las personas pueden concluir que su enfermedad no es “de doctor”, sino “de curandero”, es decir, que fue provocada.

Entonces, lo que vemos es que las personas acuden al centro de salud esperando encontrar una solución a sus padecimientos, pero esto no siempre sucede, en parte por las limitaciones que tienen los profesionales que se ubican en contextos de diversidad cultural. Considero importante resaltar que en ocasiones estas limitaciones han obstruido, o han incluso cancelado la posibilidad de encontrar un recurso de atención, de mejoría o en algunos casos de recuperación, dentro del campo de la salud mental, no porque no exista, sino porque la violencia estructural impide que éste sea visible y asequible.
Aun cuando en los últimos años ha habido avances en el reconocimiento de los derechos lingüísticos de los pueblos originarios en el ámbito de la salud y desde el Gobierno Federal se han impulsado políticas que han promovido prácticas que fomentan la interculturalidad en salud, los logros son insuficientes. Hasta el momento se han generado esfuerzos que no han podido articularse en propuestas integradas que generen un avance sustantivo en el ejercicio de los derechos en salud de estos pueblos.
*Gabriela Eugenia Rodríguez Ceja. Investigadora en el Centro de Estudios Mayas, Instituto de Investigaciones Filológicas, UNAM. gabriela.rceja@gmail.com

Ritual curativo chol encabezado por el xwujty. Foto: Gabriela Eugenia Rodríguez Ceja .

