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Ubicado cerca del centro histórico de Cuernavaca el barrio de Gualupita, entre el mercado Adolfo López Mateos, la Estación y la Selva es uno de los asentamientos humanos más antiguos de la ciudad. Hay evidencias que ubican la presencia más temprana en el barrio en el 900 antes de nuestra era. En el virreinato parece que la zona fue abandonada a pesar de las condiciones favorables que ofrecían los manantiales, según enseñan las investigaciones del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

El barrio tiene antecedentes históricos que remiten a su importancia en la construcción y el desarrollo de Cuernavaca. Además de las evidencias de la presencia de culturas prehispánicas, su acueducto construido en tiempos de la colonia, elementos del porfiriato, presencia en la revolución zapatista, y una enorme tradición pagano-religiosa que se manifiestan en costumbres profundamente arraigadas en los vecinos de la zona.

Pero la que debería ser una de las grandes historias de identidad de la Ciudad de la Eterna Primavera, ha sido lesionada por componentes como el abandono de muchas administraciones municipales y la inseguridad que comprometía la paz de una de las zonas tradicionalmente más tranquilas de Cuernavaca.

El barrio está delimitado por las avenidas Plan de Ayala y Adolfo López Mateos al sur y oriente, y la calle de Pericón y la calzada Leandro Valle al norte y poniente. Es una zona amenazada por la inseguridad en La Estación y el mercado Adolfo López Mateos. También, a pesar de su importancia histórica y ambiental para la ciudad (tiene el espacio verde público más extenso de la ciudad), fue ignorada por las administraciones municipales durante décadas que permitieron el deterioro del parque Melchor Ocampo, su biblioteca y las calles aledañas.

Varios años antes de ser candidato a la alcaldía de Cuernavaca por segunda vez en el 2021, José Luis Urióstegui Salgado junto a vecinos del barrio y colaboradores suyos iniciaron labores de limpieza y rescate del espacio público en Gualupita. El amor de los vecinos a su barrio y la coordinación con agrupaciones ciudadanas permitió ir paulatinamente limpiando y reviviendo el parque; pero aún se padecía la falta de recursos para su rehabilitación integral, además de que el componente de inseguridad seguía como una amenaza para los visitantes, algo que se ha contenido, pero no erradicado del todo.

Cuando Urióstegui ganó la alcaldía por primera vez, el ayuntamiento tomó el liderazgo de las acciones para rescatar el barrio, en las que participan vecinos, empresarios y la autoridad municipal; una comunicación que poco a poco ha permitido la recuperación de espacios como la plaza María Félix y el parque Melchor Ocampo. Los trabajos han tomado en cuenta a los vecinos que se han venido apropiando de los espacios y responsabilizando de su conservación.

Aún con ello, se mantenían tres pendientes importantes; reactivar la biblioteca Félix J. Frías Sánchez; fortalecer la seguridad en la zona, especialmente en el área limítrofe del barrio; y conceder al barrio la nomenclatura de poblado originario de Cuernavaca.

El primero se está cumpliendo con la obra que recupera la biblioteca y extiende sus funciones a las de un centro cultural y comunitario para el barrio de Gualupita, algo digno de reconocerse dado el añejo abandono del edificio, uno de los más bellos de su tipo en Cuernavaca.

El segundo poco a poco se atiende, aunque valdría la pena reforzar la presencia policial en el área para reducir los riesgos.

La petición de volver a Gualupita un pueblo originario de Cuernavaca fue presentada hace casi un año al cabildo de Cuernavaca que aún no ha resuelto el tema. Valdría la pena que se determine pronto, a lo mejor la próxima fiesta de Guadalupe sería buena fecha para que la ciudad tenga su décimo tercer poblado originario.

La Jornada Morelos