

Sin cometer la grosería de incurrir en lugares comunes, las estadísticas muestran que, en general, los hombres viven menos que las mujeres. Madres, esposas, hermanas, novias y amigas de ellos en todo el mundo suelen añadir alguna frase chistosa como “por tarugos” y probablemente tienen razón.
Ya en las postrimerías del siglo pasado (1999), a iniciativa del Comité Internacional del Hombre en Trinidad y Tobago, se proclamó el Día Internacional del Hombre para celebrarse cada 19 de noviembre como una fecha para promover modelos masculinos positivos, la salud masculina y la equidad de género.
Aunque tiene 25 años de conmemorarse, los hombres no se lo toman muy en serio; las conductas de riesgo a la salud y la vida en que incurren los hombres se mantienen en proporciones sumamente altas. El 51% de los mayores de 15 años consumen alcohol por lo menos una vez a la semana; el 41% conducen a exceso de velocidad (el 70% de los accidentes viales son provocados por hombres); el 29% han manejado vehículos bajo el efecto del alcohol u otras sustancias; el 27% consumen tabaco habitualmente; 22% participan en discusiones con violencia física.
Si a eso se suman hábitos alimenticios tradicionales en los hombres como el consumo de alimentos altos en grasa (el tocino, la pizza con mucho queso, las frituras y fritangas, y otras delicias que consumimos porque somos hombres), el deterioro a la salud y calidad de vida suele ser extraordinariamente frecuente.
En términos generales, la esperanza de vida en Morelos, que además es menor a la del resto del país, es de 77.7 años en mujeres y 71.2 años en hombres conforme al último dato (2024) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI); una diferencia que se explica justamente por la mayor exposición a conductas de alto riesgo.
¿De qué mueren los hombres?

Morelos tuvo en el 2024 la tasa más alta de defunciones en el país con 212.6 por cada cien mil habitantes. La densidad poblacional es una de las razones, pero los dos factores definitivos son problemas de salud y seguridad pública.
La variación en las causas de muerte entre hombres y mujeres en el estado se explica justamente por la prevalencia de conductas de riesgo en los varones: asociar la masculinidad con la valentía, el riesgo, la resistencia al dolor y al miedo; la menor tendencia a acudir al médico y adoptar medidas preventivas de salud; la exposición mayor a situaciones de violencia y a usar sustancias nocivas (alcohol y tabaco, principalmente); y factores biológicos que determinan respuestas diferentes al estrés y percepción del peligro.
Las cifras ponen en evidencia las profundas diferencias en comportamientos. Si bien las enfermedades del corazón cobran vidas de hombres y mujeres por igual; la segunda causa de muerte en los hombres son las agresiones y homicidios, que se convierten en la primera entre los morelenses de 15 a 34 años. La diabetes también es causa de muerte de mujeres y hombres en la misma proporción, pero los tumores malignos y las enfermedades del hígado acaban con la vida de muchos más hombres que mujeres.
Después de las enfermedades crónicas, las principales causas de muerte de los hombres son las agresiones y homicidios, accidentes viales, suicidios, y VIH/SIDA. El contexto de violencia en Morelos, en el que las mujeres empiezan a registrar una mayor participación, sigue teniendo su principal impacto en la población masculina, con una tasa de homicidios con víctimas hombres tres veces superior a la media nacional (139.9 contra 46 por cada cien mil habitantes en el 2024).
Por tarugos, dirían ellas
Las causas de las diferencias están ligados al crecimiento silvestre de la masculinidad bajo patrones de una cultura patriarcal que, si bien coloca a los hombres en posiciones de privilegio en la toma de decisiones, ingreso económico y centralidad en la cultura, afecta directamente y cada vez con mayor fuerza la calidad y esperanza de vida de ellos.
El primer factor es biológico, la testosterona en los hombres incrementa los riesgos de hipertensión y enfermedades cardiovasculares, algo que podría ser tomado como advertencia para cuidar más la dieta, el estrés y procurar vidas más saludables y menos sedentarias.
El segundo son los estilos de vida, las mujeres consumen menos alcohol y tabaco además de tener mejores hábitos alimentarios. La dieta masculina incluye alimentos con altos contenidos de toxinas, grasas e ingredientes que debieran ser consumidos con alta moderación. La cultura de los hombres suele estar asociada con una serie de falacias, una de ellas es que el cuidado personal es un asunto de mujeres.
En tercer lugar, están las conductas de riesgo, los hombres incurren en comportamientos peligrosos como la conducción riesgosa, la violencia, el rechazo a medidas de protección para tareas con algún grado de peligro, el suicidio, con mucha mayor frecuencia que las mujeres.
Como cuarto factor se identifica el acceso a los servicios de salud. A pesar de ser bastante chillones en casa cuando están enfermos, los hombres no suelen acudir al médico cuando tienen algún síntoma preocupante; ello provoca que la intervención sea tardía en la mayoría de los padecimientos prevenibles o tratables.
Además, está el estrés ocupacional, parte de la centralidad que han tenido los hombres históricamente en la esfera laboral, junto a las ideas de obligatoriedad de ser los principales proveedores y las que asocian el éxito vital con el laboral generan que las presiones para los hombres suelan ser mucho mayores que para las mujeres.
Y finalmente está el problema de las relaciones personales. Las mujeres acostumbran tejer sólidas redes de amistades y colaboraciones, algo que ayuda a la salud mental; mientras los hombres suelen tener círculos sociales mucho más estrechos que permiten mayor incidencia de padecimientos como la depresión, ansiedad, estrés postraumático, adicciones y otros de los que la población masculina evita hablar, otra vez por razones culturales.
El Día Internacional del Hombre
A diferencia de la mayoría de los días internacionales, el del hombre no está reconocido formalmente por la ONU, aunque la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y la Panamericana de la Salud han apoyado la iniciativa.
La concepción del Día Internacional del Hombre no se limita a una sola campaña de concienciación sobre la salud masculina, aunque la Organización Mundial de la Salud ha insistido en la necesidad de incluir la brecha en la salud de hombres y niños en la agenda de equidad en salud; que considera tiene que ver con la exposición ocupacional, las conductas de riesgos, y hábitos insanos que forman parte de la masculinidad entendida en su rol más anticuado, como hemos visto arriba.
Por ello, el Día Internacional del Hombre busca la promoción de modelos masculinos positivos y de la salud y bienestar de los varones; visibilizar la discriminación hacia los hombres en áreas de servicios y actitudes sociales, expectativas y legislación; celebrar las contribuciones positivas de los hombres a la familia, el matrimonio, la economía, el cuidado de los niños y el medio ambiente, y el entorno en general; para crear un mundo más seguro para todas y todos sus habitantes.
El comité responsable de la celebración ha construido una agenda temática por año; el tránsito de la niñez a la edad adulta en los hombres, crear un mundo mejor, masculinidades diferentes, hombres que lideran con el ejemplo, detener el suicidio en hombres, roles masculinos positivos, mejorar la salud de hombres y niños, mejorar las relaciones con las mujeres, hombres y niños que ayudan. Para este 2025, se trata de celebrar a niños y hombres.
“El 19 de noviembre, el Día Internacional del Hombre celebra en todo el mundo el valioso aporte que los hombres hacen al mundo, a sus familias y a sus comunidades. Destacamos ejemplos a seguir y promovemos la concientización sobre el bienestar masculino”, explica el comité.
En su preámbulo a la celebración, el comité hace la pregunta ¿cuándo fue la última vez que se agradeció a los niños y hombres que protegen, construyen, crean y cuidan en la sociedad? Y recuerda que cada día la población masculina contribuye de manera silenciosa y poderosa a las familias, las comunidades, la innovación y el mundo.
No es una pregunta retórica, si la traducimos en la realidad, lo cierto es que las contribuciones masculinas son consideradas obligatorias por la sociedad, así que pocas veces se reconocen y menos se celebran.
Ya no se puede ser varón como los de antes
Así como hay muchas formas de freír un huevo, también las hay de ser hombres.
Esto no suele admitirse fácilmente porque hay una raíz cultural y sistémica muy poderosa que plantea un conjunto de ideas que delimitan (el subrayado es intencional) las posibilidades de construcción de la personalidad masculina.
En términos generales, se asume que los hombres son antifemeninos en la dureza semántica de la expresión, es decir opuestos a las mujeres. También se considera que deben acumular logros para considerarse exitosos; está mal visto que muestren emociones que los hagan parecer débiles como tristeza, melancolía, miedo, esperanza, compasión, amor, admiración, vergüenza, vacilación. Además, tienen que ser arriesgados, aventureros y la proclividad a la violencia se considera natural y, en ocasiones, hasta deseable.
La Asociación Americana de Psicología, en sus Pautas para la práctica psicológica con niños y hombres advierte que la concepción de la masculinidad construida por el patriarcado es dañina tanto para ellos como para las mujeres, porque reproduce comportamientos nocivos como la misoginia, la homofobia, la consideración de privilegios por el hecho de ser varones, el estoicismo emocional, la idea de autosuficiencia, la competitividad, la supuesta invulnerabilidad, el privilegio de la fuerza física.
También establece que la crianza de los niños en contextos así limita el desarrollo psicológico de los varones, restringe su comportamiento, da como resultado una tensión de roles de género, influye negativamente en la salud mental y física. Además de, como hemos visto, acorta la esperanza de vida.
Hacia nuevas masculinidades
Todas las evidencias demuestran que la forma de ser hombre que tuvieron los abuelos y bisabuelos es una especie de catástrofe social, así que desde la pasada década en todo el mundo se habla de nuevas masculinidades, es decir, una especie de revolución en la forma de ser hombres que permiten una mejor convivencia lejana a la violencia y las fobias inconfesables, pero también mejorar los estándares de vida y salud de la población masculina.
Para empezar, el concepto es en plural porque se entiende que hay muchas formas y estilos diferentes de ser hombres, algo que no solía reconocerse en la sociedad. Y aunque se admite esa diversidad, en general las nuevas masculinidades apuestan por la horizontalidad, el consenso y las relaciones entre iguales.
También buscan que cada persona pueda mostrar sus debilidades sin temor a hacerlo; fortalecen las relaciones para aprovechar los talentos en el trabajo en equipo sin confrontaciones.
Todas las nuevas masculinidades son una apuesta por eliminar la violencia machista y de cualquier otro tipo; por erradicar los roles de género para lograr ampliar la libertad, esto permite que los hombres puedan hacer cualquier tarea y se involucren y vivan plenamente la paternidad.
Y buscan un equilibrio en el desarrollo dentro y fuera de la persona para mejorar las relaciones interpersonales y manejar mejor las emociones.
Las nuevas masculinidades, explica ONU Mujeres:
- Comparten el control de la realidad con las mujeres
- No utilizan el poder para imponerse sobre otros
- Apoyan las luchas de los grupos socialmente marginados
- Promueven formas justas de vivir en sociedad y de luchar por disfrutar del trabajo y el hogar por igual
- Comparten las labores domésticas y el cuidado de los hijos
- Se preocupan más por la mejora de la sociedad que por los intereses personales
- Apoyan las demandas y planteamientos de las feministas
- Se agrupan con otros hombres para plantear cambios en sus actitudes convencionales
- Se manifiestan contra la desigualdad en cualquier sentido
- Reconocen y apoyan el derecho de los otros a vivir de forma diferente
Todo está muy bueno, pero ¿cómo le entro?
Si has llegado hasta acá en la lectura sin convencerte de la necesidad de cambios, poco más podemos hacer por ti; pero si queda claro que en construir una nueva masculinidad está la clave para mejorar la salud, las relaciones personales, conseguir la paz interior y exterior, mejorar tu familia, probablemente te preocupe no saber qué o cómo hacer para reconstruirte o a los tuyos.
La ONU Mujeres también ofrece una serie de claves que te permiten expresar esa nueva masculinidad que hay en ti.
Lo fundamental, dice la organización, es estar consciente de que la masculinidad antigua es una construcción cultural que proviene del patriarcado y resulta dañina para ti, tu familia y la sociedad. En efecto, es momento de cuestionar los conceptos de masculinidad y feminidad (algo que además de necesario puede ser muy divertido).
Es vital promover la no violencia en tus hijos, pero también en el resto de la comunidad (la familia extendida, la escuela, el vecindario), y construir formas pacíficas para evitar los conflictos y resolverlos en caso de que se generen.
Tienes que aceptar que hay otras formas de vivir la masculinidad y oponerse al machismo en cualquiera de sus formas, lava los platos, prepara la comida, haz los quehaceres domésticos, ayuda a educar y cuidar a las y los hijos.
Ponte en contacto con tu lado femenino (no te hagas, todos tenemos uno) y desarrolla sus capacidades positivas, como la creatividad, el amor por la familia, la capacidad de crianza, la manifestación abierta de los sentimientos.
Reconoce las consecuencias negativas que el machismo trajo a tus relaciones interpersonales pasadas y actuales.
Defínete a partir de ti mismo y no con el espejo o los perfiles de otros, mucho menos si estos son negativos.
Evita considerar la homosexualidad, el compartir tus puntos de vista con las mujeres, el establecer vínculos afectivos con otros hombres como amenazas a tu masculinidad.
Busca que tus hijos no desarrollen identidades masculinas agresivas ni egocéntricas y acepta qua las madres también pueden formar hombres.
Cuida tu salud y tus relaciones; la mitología nos enseña a superhéroes hombres que carecen de debilidades y son invulnerables, pero tú no eres uno de ellos. Reconoce tu fragilidad y vulnerabilidad, contacta tus sentimientos, pide ayuda cuando lo necesites, acude al médico para revisiones frecuentes, aunque no acostumbremos a escucharlo, los hombres también hacemos falta.
Reconstruir la masculinidad bajo una óptica más saludable es cuestión de salud física y mental, y de vida o muerte según evidencian los datos. Es urgente hacerlo y bien puedes empezar ahora mismo. Las fechas próximas tendrás muchos días para ser diferente y mejor.
La masculinidad es una enorme fuerza creativa, no una enfermedad que deba erradicarse.
Camille Paglia
Universidad de Harvard
Los hombres que construyen, crean y trabajan por sus familias merecen todo el respeto
Margaret Thatcher
Los niños que aprenden a ser valientes se convierten en hombres de carácter
Winston Churchill
Ser varón es cuestión de nacimiento. Ser un hombre es cuestión de elección
Edwin Lewis Cole

La masculinidad debe ser replanteada para mejorar la salud física y mental, las relaciones familiares y la convivencia pacífica de las comunidades. Foto: Cortesía

Los roles de masculinidades positivas deben alentarse con el ejemplo. Foto: Cortesía IMD 2025

