Cuando la justicia no llega imaginamos escenarios divinos, donde la magia, los súper poderes o la fuerza de la naturaleza pone las cosas en su lugar, en el equilibrio necesario para poder seguir andando. Que glorioso sería que la tierra nos hablara, que nos guiara hasta el lugar donde habitan nuestras y nuestros desaparecidos. Esta es la historia de
Cometierra, novela de la escritora argentina Dolores Reyes, adaptada y dirigida por Daniel Burman, Martín Hodara y Cris Gris para Prime Video y que tuve la oportunidad de ver este fin de semana.

«Me acosté en el suelo, sin abrir los ojos. Había aprendido que de esa oscuridad nacían formas. Traté de verlas y de no pensar en nada más, ni siquiera en el dolor que me llegaba desde la panza. Nada, salvo un brillo que miré con toda atención hasta que se transformó en dos ojos negros. Y de a poco, como si la hubiera fabricado la noche, vi la cara de María, los hombros, el pelo que nacía de la oscuridad más profunda que había visto en mi vida».

La historia, originalmente situada en Buenos Aires, fue adaptada en el contexto de la periferia de la Ciudad de México, protagonizada por Lilith Curiel, Gerardo Taracena, Yalitza Aparicio, Juan Daniel García Treviño y Harold Torres. Desde el primer capítulo se muestra un escenario terriblemente cotidiano: una mujer sola en las calles de la Ciudad de México observa que otra mujer es perseguida, en su intento por ayudarla es raptada. En medio de la angustia por la desaparición de su maestra Emma, Aylín, -la protagonista-, siente que la tierra le habla, y descubre que, al comer tierra, puede ver, como en un sueño, el lugar donde la tienen secuestrada. Aylín acude con un comandante de la policía quien, incrédulo, sigue sus pasos hasta encontrar a Emma, demasiado tarde.

Aceptar el don de conectarse con la tierra para encontrar, con y sin vida a personas desaparecidas, es una responsabilidad que la adolescente carga con pesar, intenta desprenderse de él, pero los acontecimientos y la posibilidad de aliviar el duelo de los familiares de las víctimas la llevan a abrazar y potenciar su don para colaborar con quienes caminan todo tipo de senderos desenterrando esperanza: las madres buscadoras.

La historia está llena de simbolismos de la cosmovisión prehispánica en torno a la muerte y los guardianes espirituales. Su mejor amigo “El Calaca” es hijo de quien fuera un nahual y usara sus poderes espirituales en un contexto de violencia. El Calaca heredó ese poder y se convierte en un aliado de la Cometierra en la búsqueda de justicia. En sus visiones, Aylín a veces se encuentra con un lugar donde los muertos caminan y no pueden trascender hasta que la verdad sea descubierta. En ese inframundo, se encuentra con su madre, quien le revela que no se suicidó, sino que Raúl, su padre, la asesinó.

La banda sonora de Cometierra es una especie de sortilegio que acompaña magistralmente cada momento de la historia. El tema principal fue compuesto e interpretado por Natalia Lafourcade y también forman parte canciones como “Madre Tierra” y “Colores” de Ampersan, “Flama” de Masta Quba y Mayki Graff, “Larga Vida” de Audry Funk, Rebeca Lane y Victor Murillo, “El Gigante” de Juana Aguirre, “Nada” de Lido Pimienta y Li Saumet o “Brota” de Alaide, “Si me matan” de Silvana Estrada, entre otras.

Cometierra es la primer novela de Dolores Reyes. Fue censurada en Argentina por el gobierno de Miley y grupos conservadores. Es dedicada a Melina Romero y Araceli Ramos, jóvenes víctimas de feminicidio, a todas las víctimas de feminicidio y a sus sobrevivientes.

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Jessica Rivera Hamed