

La idea del descubrimiento científico
“La inevitabilidad de los descubrimientos e invenciones son un tema fundamental para el desarrollo de la ciencia en cualquier país”
Escribió Edmundo O´Gorman, historiador y filósofo mexicano que América no fue descubierta sino inventada. Contraviniendo la idea de que Cristóbal Colón descubrió América, O´Gorman discute en el prólogo de su libro La invención de América que ese hecho histórico fue meramente circunstancial y casual, y por demás insuficiente para explicar la existencia de América como fruto del pensamiento occidental. Aunque el libro abunda en ideas sobre América y lo americano, el concepto de descubrimiento y su relación con los descubridores tiene un sentido más general y práctico en el contexto de la ciencia.
Una consecuencia inmediata de la idea es que si no hubo descubrimiento de América tampoco hubo un descubridor como tal sin demeritar la figura de Cristóbal Colón. El mundo a finales del siglo XV estaba en ebullición cultural y comercial que impulsaban la exploración de los límites de la Tierra. Así, tal como se ha descrito en numerosos textos, una de esas expediciones –que posteriormente revolucionaría el concepto del mundo– fue la de Colón. Pero visto en un contexto amplio, el descubrimiento de América era inevitable y cualquier explorador con suficiente tenacidad y arrojo lo hubiera podido lograr.
La inevitabilidad de los descubrimientos e invenciones son un tema fundamental para el desarrollo de la ciencia en cualquier país. Haciendo un recuento breve de grandes descubrimientos en las ciencias naturales, hay que recordar que Alfred Wallace en el siglo XIX coincidió de manera independiente con Carlos Darwin en las mismos conceptos e ideas sobre la evolución de los seres vivos. Lo mismo sucedió con las leyes de la herencia que Gregorio Mendel formuló en 1865. Pasaron tres décadas para que estas leyes fueran redescubiertas por Hugo de Vries, Carl Correns y Erick Von Tschermak.
En tiempos modernos, la prioridad del descubrimiento científico es un asunto de patentes, reconocimientos e incluso de premios. Un caso ilustrativo es el descubrimiento de la estructura de ADN, la molécula de la herencia. James Watson, recientemente fallecido y Francis Crick establecieron que esta molécula posee una configuración de doble hélice compuesta por unidades químicas dispuestas secuencialmente en dos hebras complementarias. No obstante, este acontecimiento no habría sido posible sin las evidencias obtenidas por Rosalind Franklin, cuya contribución fue infra valorada en su tiempo. Una imagen de rayos X de la molécula de ADN cristalizada, fue observada por Watson de manera furtiva sin el consentimiento de Franklin. A Watson, Crick y Maurice Wilkins (colaborador de Franklin) les fue otorgado el premio Nobel en 1962 por este descubrimiento, pero la historia no ha pasado por alto el trabajo de Rosalind Franklin quien ahora es reivindicada. Hay que señalar que el hecho histórico consignado –el descubrimiento de la estructura del ADN– se hizo en un contexto científico donde cabría esperar que fuera ineludible y casi cualquier científico cercano al problema lo hubiera podido resolver.

Desde luego, no deja de ser importante el papel de observadores meticulosos como Darwin, y de individuos brillantes, tenaces y competitivos como Watson, Crick y muchos más, que provocan avances significativos en la ciencia, pero su aportación creativa no está a la altura del arte como dijo el biólogo mexicano Antonio Lazcano. La ciencia es un esfuerzo colectivo.
La invención de América y los pocos ejemplos citados aquí, ilustran perfectamente el papel de la colectividad cultural y científica más que de individuos geniales para impulsar la creación y el descubrimiento. Entenderlo desde la historia muestra que el progreso en la ciencia depende de la interacción –competencia y mutualismo– entre comunidades humanas que comparten conocimientos, experiencias y métodos, y del contexto cultural donde se insertan. Elementos que son escasos en nuestro entorno.

