

Las perspectivas para los prestadores de servicios turísticos varían según a quien se escuche.
Las autoridades federales, estatales y hasta municipales del ramo esperan con optimismo el 2026 al que proyectan como “un año histórico” en que aumentará la afluencia mediante acciones reforzadas de promoción y coordinación.
En contraste, los restauranteros locales, centran sus predicciones en el daño que podrían producir los aumentos de impuestos a refrescos y bebidas azucaradas (3.0818 por litro), ventas por plataformas digitales (10.5%), y a las tarifas de acceso a museos, sitios y zonas arqueológicas, motores de la oferta turística morelense; lo que limita su optimismo.
La posición del empresariado es normal, por una parte, a nadie le gusta pagar impuestos y cualquier aumento en las contribuciones corre el riesgo de resultar contraproducente para el consumo y, con ello, el ingreso de quienes distribuyen productos con gravámenes altos; por otra, la cubetada de agua fría que resultó la aprobación del incremento a algunos de los existentes y los nuevos impuestos vino antes del anuncio de la estrategia de promoción del turismo para todo el país, por lo que el golpe no tuvo medio de contención o reparación.
Aunque para muchos el evento turístico del 2026 es el mundial de futbol que tendrá como sede los tres países de Norteamérica, la estrategia de promoción que impulsa el gobierno federal en coordinación con los estados (Morelos es una de las nuevas apuestas) no se limita a aumentar la presencia relativa de México como polo turístico competitivo con los Estados Unidos y Canadá, lo que de sí mismo ya es un acierto.
Extender la presencia de México en las ferias internacionales de turismo y otros eventos relacionados con el sector a través de la oferta particular de los estados, las regiones y las rutas turísticas, potenciará la afluencia de visitantes a todo el país, y aquí depende del esfuerzo coordinado de trabajadores, empresarios y funcionarios del sector turístico local el que de ese gran flujo a Morelos le corresponda una participación importante.

Por eso la rehabilitación del aeropuerto; la mejora de la infraestructura carretera; el respaldo a las actividades que por sí mismas atraen y el impulso y desarrollo a otras con potencial; la participación del empresariado local en muestras y ferias nacionales e internacionales; la mejora en la seguridad pública; el embellecimiento y limpieza de las ciudades, pueblos y barrios; se vuelven asuntos tan relevantes.
El abanico de opciones para el turismo local es amplísimo, algo que debería sorprender por la poca extensión del estado, pero que se explica con la historia y actividades diversas que se practican en todo el territorio. Apostar por la gastronomía como un eje transversal que unifica toda la oferta turística local tiene mucho sentido dada la diversidad que va desde el turismo de bienestar, relajación y sanación, hasta el llamado turismo extremo o de aventura; pasando por los de reuniones, naturaleza, cultural, religioso, académico y otros de mercados mucho más especializados.
La primera condición para lograr el desarrollo es el optimismo, algo que con razón y después de muchos años de crisis, promesas incumplidas y sueños rotos parecen haberse perdido en la mayoría de los morelenses. Pero deberá reconocerse los proyectos y en las primeras acciones parecen bases sólidas para confiar en que la apuesta al turismo en Morelos, por primera vez en por lo menos una década, va en serio y empieza a dar frutos; algo que puede ayudar a recuperar la confianza y el futuro.


