Los recientes sucesos en el ámbito local en torno al fallecimiento del Secretario General de Gobierno, así como en el escenario nacional, derivados de las protestas de los productores de maíz, nos llevan de manera ineludible en Morelos, a recordar la figura del Ingeniero Felipe Rivera Crespo, gobernador del Estado de 1970 a 1976, un decidido impulsor del campo morelense así como de una generación de actores políticos y sociales, presentes en poco más de cincuenta años de la historia reciente del Estado.

Rivera Crespo, hombre de gran afabilidad, pero de un carácter firme que nunca tuvo la necesidad de confrontarse con la mesura, nació en el sur de la entidad, fue testigo de las jornadas que sucedieron a la Revolución del Sur y formó un matrimonio envidiable con Elena Aranda, su inseparable compañera y una mujer muy querida por todos. Fue a su vez, hombre de lealtades, un sinfín de anécdotas así lo retratan, dando cuenta de un perfil de congruencia. Siendo el dirigente de las juventudes almazanistas en Morelos, se entrevistó acompañado por una comisión de militantes, con el polémico General Juan Andreu Almazán, cuando se consumó el fraude electoral en 1940. Rivera Crespo, tomó la palabra y le aseguró a Almazán que los jóvenes morelenses estaban dispuestos a tomar las armas en defensa del voto popular, el veterano revolucionario emocionado les agradeció el gesto y le respondió al Ingeniero Felipe: “muchachos regresen a Morelos, las revoluciones no se hacen con escopetas huiloteras”

Pronto despuntó en la política, ocupó la presidencia municipal de Cuernavaca en dos ocasiones, algo inusitado en la época. Al llegar el momento de la sucesión de Don Emilio Rivapalacio, todo parecía indicar que el candidato favorecido sería el medio hermano del Ingeniero Felipe, el senador Diodoro Rivera, pero el Presidente Díaz Ordaz se decantó por Felipe Rivera Crespo y sin duda alguna, se puede afirmar que la decisión fue la acertada. Los tiempos que le correspondieron como gobernador fueron convulsos políticamente, el vecino estado de Guerrero estaba inmerso en los movimientos guerrilleros y una chispa podría encender una pradera en el territorio morelense. De igual forma, la entidad también tenía sus problemas sociales, su relación con el combativo Obispo Méndez Arceo fue ríspida, pero aun así Rivera Crespo mantuvo la gobernabilidad, generando trabajo e inversiones. Sostuvo magníficas relaciones y estrecha colaboración con los comandantes de la 24 Zona Militar, primero con el afamado General Luis Alamillo Flores y después con su sucesor, el General Francisco Andrade Sánchez, lo cual abonó no sólo a la relación cívico-militar, sino también a la paz social en Morelos.

Como ya se mencionó, apoyó a una promoción de jóvenes que fueron actores de primer orden en las décadas venideras, tales como el referido Juan Salgado Brito y los desaparecidos Marcos Manuel Suárez Ruiz, Ángel Ventura Valle y José Castillo Pombo entre otros. De igual manera también sobresalen David Jiménez González de abultada trayectoria dentro y fuera del estado, Hugo Salgado Castañeda prestigioso académico y notario público, pero también al frente de la Secretaría General de Gobierno y de la cartera de Turismo estatal, así como Roberto Abe Almada, quien ha destacado en la administración pública federal, el sector azucarero y en el rubro del turismo social.

Tan pronto como tomó posesión del cargo el 18 de mayo de 1970, Rivera Crespo, se volcó al campo, hizo de la agricultura y la ganadería una prioridad. Todas las mañanas, apenas amaneciendo, en su primer acuerdo atendía la agenda agropecuaria. No sólo estuvo al pendiente de los rubros tradicionales del agro morelense como la caña o el arroz, sino que fue un visionario, creó la obra hidráulica del canal lateral izquierdo de Las Estacas, uno de los mayores esfuerzos de riego en la historia de Morelos, nacieron las productivas granjas porcinas. las cuencas lecheras, las Sociedades de Crédito Ejidal y un adelantado Laboratorio de Bromatología.

Rivera Crespo fue apoyado por Díaz Ordaz para ser gobernador, entonces Echeverría que no le había dado el golpe, vino escéptico a su primera gira a Morelos. Cuando el presidente vio el campo morelense marchando a tambor batiente, quedó más que satisfecho y extendió la visita oficial un par de días más, más allá de la satisfacción por lo visto, se hizo buen amigo del Ingeniero Felipe. A Morelos en aquellas jornadas, llegaron a partir de entonces referentes del sector agropecuario nacional como el Dr. Pablo Zierold Reyes y Jorge Rojo Lugo. En suma, la entidad se constituyó como un obligado referente del campo mexicano.

Rivera Crespo, sobresalió en otra faceta, como un orgulloso de la memoria histórica y la identidad local, no en vano era un experto en la Revolución del Sur, aunado a que siempre sostuvo que, si bien la República honraba con justicia a Belisario Domínguez, también debía hacerlo con el Senador José Diego Fernández Torres, defensor de la soberanía de Morelos en 1913. Hoy a 33 años de la partida del Ingeniero Felipe Rivera Crespo, su legado y memoria siguen vigentes, no solo en el ejemplo de un morelense de excepción, sino también con el modelo de su gestión, manifestación de que el porvenir morelense, siempre estará atado al campo.

*Escritor y cronista morelense.

Foto en blanco y negro de un grupo de hombres posando para una foto

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Roberto Abe Camil