

Hace menos de una semana, ya cuando estaba por concluir el mes de octubre, Servicios de Salud Morelos confirmó tres casos importados de sarampión en habitantes de Jonacatepec que habían residido casi todo el año en Michoacán. Apenas cuatro días después de ese primer reporte, llega uno actualizado en que el secretario de Salud del estado, Mario Ocampo Ocampo, reconoce la existencia ya de trece casos confirmados del padecimiento y nuevamente hace énfasis en que fueron importados de Michoacán y Guerrero.
El que los contagios hayan ocurrido en otros estados es un asunto relevante en el plano de la estrategia sanitaria con la que se enfrenta el riesgo epidemiológico inicialmente; pero no lo es para el virus altamente contagioso del sarampión, ni para la mayoría de las personas a quienes no solo preocupa la vacunación propia, sino los vacíos en la inmunización del resto de las personas.
Apenas hace una semana, La Jornada Morelos publicó el texto Conversaciones en Salud Pública/ El riesgo del regreso del sarampión, en que Celia Alpuche Aranda, especialista del Instituto Nacional de Salud Pública, advierte sobre la posibilidad de extensión del padecimiento a partir del brote que inició en febrero pasado en Chihuahua, y refiere la identificación de población susceptible por falta de vacunación o esquemas incompletos, lo que permitió su diseminación a otras entidades como Sonora, Jalisco, Michoacán y Guerrero.
En su texto, que puedes encontrar en www.lajornadamorelos.mx/opinion/conversaciones-de-salud-publica-146/, Alpuche Aranda señala dos elementos fundamentales para enfrentar el resurgimiento del sarampión. La notificación inmediata (un problema con médicos jóvenes que no han visto casos del padecimiento), y el reforzamiento de la vacunación, especialmente entre menores de 40 años y las infancias.
La confirmación de trece casos en un periodo tan breve como una semana es motivo de preocupación, aunque no de alarma, pues por un lado evidencia la vulnerabilidad derivada de la alta movilidad entre estados que presenta la población de Morelos; pero por el otro hace pensar que probablemente la autoridad sanitaria local, Secretaría de Salud, habría ignorado o no atendido lo suficiente este fenómeno como para evitar que el virus entrara a Morelos.
Porque más allá del llamado de cajón a no alarmarse y vacunar a la población de riesgo; la autoridad ha fallado en generar en la población las certezas necesarias para evitar esa alarma en la población: no hay información sobre si los casos fueron detectados y reportados a tiempo, las cualidades y extensión del cerco sanitario que ha implementado.

También parece fallar en ofrecer la disponibilidad y accesibilidad suficientes de vacunas para la población abierta (los módulos instalados en espacios públicos no siempre están abiertos, a veces ni siquiera se instalan, por ejemplo).
Si bien el enfoque de reforzamiento focalizado a la vacunación en los tres municipios donde se han confirmado casos (Jonacatepec, Ayala y Totolapan) pareciera ser correcto, preocupa saber si se está cumpliendo con la misma previsión en otros municipios de los límites del estado o con alta movilidad; en los casos de Cuernavaca, Jiutepec, Yautepec, Cuautla, parece que no es así; aunque desde los primeros reportes de contagios en Chihuahua en febrero, se podría haber previsto que eventualmente se presentarían casos en Morelos.
Tampoco ha habido un llamado más severo a participar de la vacunación, lo que dificulta enfrentar los obstáculos impuestos por creencias o desidia personal; o capacitación intensiva para la identificación por médicos jóvenes del padecimiento con base en primeros síntomas.
El sarampión llegó a Morelos y la Secretaría de Salud no parece preparada para contenerlo.


