Wilfrido Ávila García

En la poesía prehispánica se conocía como flor y canto, que se relacionaban a la vida y a la muerte, así como a la guerra y a la naturaleza, fundamentos del pensar y del sentimiento de nuestra gran cultura, en alegoría de la belleza y de la vida.

Nuestro país mantiene una cultura excepcionalmente rica, desde su origen irrumpiendo en lo principal la conexión entre el cielo y la tierra hablando religiosamente, en análisis de nuestra formación mestiza, es una obligación consistente el de mantenernos informados sobre nuestra cultura mexicana en la imagen representando a XOCHICUICATL, que significa “canto de flores”, o “canto florido”, de forma para describir a la poesía, o l a los cantos liricos de nuestros abuelos.

Al encontrar un símbolo representante de la poesía náhuatl, el glifo que habla del canto florido en el códice Borbónico, Xochipilli dios del amor, el canto, el baile y las flores se dirige con este signo al universo antiguo de los aztecas.

Como podríamos no pensar en los cantos en color, con metáforas y enjambres de ellas- jades, turquesas, flores, aves, amistad, vida y muerte; nuestros padres, las creaciones de los antepasados, las creaciones de los antiguos mexicanos resuenan con ritmos divinos y humanos, nos parece difícil en la comprensión del tiempo, entender la antigua palabra.

El descubrir la riqueza del arte con el arte, nos transmite la lírica de la palabra de los tlacuilos otorgadnos la semilla de los símbolos del color y de los cantos. Nuestra cosmovisión se ha estudiado desde los cuatro rumbos del mundo, aun cuando muchas de las creaciones de las palabras, son para nosotros obra de autores anónimos. Sin embargo, no debemos dejar de pasar, que, por ellos, al menos en varios casos es necesario contar algo de los que las compusieron.

Escrutando en textos familiarizados con el tema tropecé parte de lo que significó para nuestros abuelos la palabra arte. Hemos descrito parte de los cantares profundizando en la vida de los poetas, todo en manuscritos que se encuentran en ediciones de reconocidos escritores. Pero basándonos en una actitud crítica, cabe anticipar la existencia de fuentes indígenas, acerca de la información confiable de nuestros orígenes definidos.

Como no pretendo hacer aquí la historia de los estudios y trabajos que contribuyeron sobre la poesía náhuatl, me adentrare solo al manuscrito de la colección de cantares mexicanos, al cual he visto que aun con traducciones correctas, no alcanzó la magnitud de la oratoria descrita por profesores lingüistas en interpretación.

Así en la actualidad podemos vere que en la literatura náhuatl ha traspuesto ya los limites etnológicos de un interés ciertamente científico y por esta razón empezamos a ver el gran valor junto a otras creaciones indígenas en el campo del arte.

Con toda la información, es necesario decir que la literatura náhuatl de tradición prehispánica, de la época colonial y contemporánea induce formas antes no sospechadas de afinidad tanto por su riqueza como su originalidad de sus grandes fuentes de inspiración.

Fray Bernardino de Sahagún (1500-1590) gran humanista franciscano que dedico la mayor parte de su vida activa a investigar la cultura del México prehispánico, desde las instalaciones del colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, presento valiosas aportaciones poéticas que rescató de los varios géneros indígenas de cantos y poemas: Los Tochcuicatl “cantos de conejo” , los otoncuicatl y cuacuatacuicatl, entonadas posiblemente en algunas de sus comedias o farsas; los teponazcuicatl, cantos acompañados de la música de los tambores para invocar a los dioses o traer a la memoria a los grandes gobernantes o guerreros.

De la importancia que describe Sahagún destacó el de los cantos de las mujeres y del placer “los cihuacuicatl, que son muestras de los himnos sagrados entonadas en las celebraciones religiosas para honrar a sus dioses, además de reconocer la existencia de estos y otros géneros se ha logrado confirmar en documentos donde aparecen dichos transcritos aflorando conceptos sutiles y profundos derivados de la antigua sabiduría indígena.

Describiendo parte de la poesía náhuatl podemos identificar distintos cantares, con otros componentes; principalmente los que se relacionan con la religión prehispánica, donde podemos abordar cientos de cantares, que incluyen muchos cantos y poemas anónimos, pero a veces proporcionan al lado del texto la trascripción del nombre de la persona o a la que se le atribuye este. A veces se supone que sería desconcertante atribuir de algún cantar a una persona determinada. Pero contamos con un gran ejemplo el de Nezahualcóyotl, de quien se han conservado cerca de treinta composiciones y así mismo numerosos testimonios que reclaman su nombre como poeta.

Esta distinción se introduce en contraste con la afirmación explicita que adjudica una composición a determinado autor. Aquí podemos identificar que proviene del testimonio de otro cronista indígena que el presunto autor haba de sí mismo o simplemente usa el pronombre personal de “yo”.

A veces encontramos evocaciones de personajes famosos cuyos nombres se repiten en el mismo poema y aparecen respondiendo o hablando de distintas formas.

Existen infinidad de formas que se pueden nombrar acerca de estos u otros recursos estilísticos de los cantos en náhuatl, pero comparto un acercamiento a los textos de nuestros abuelos con los que identificamos su gran participación en el arte de la palabra cuyos rostros y corazones conocemos.

Proyecto | Xochicuicatl cuecuechtli

Imagen de Xochicuicatl poema homónimo, recopilado por Fray Bernardino de Sahagún en el siglo XVI, de la cultura Azteca

La Jornada Morelos