

* Es el segundo pulmón más importante del estado y un importante regulador climático
* Los habitantes de sus comunidades son “bibliotecas vivas” de flora y fauna
* Actualmente se registra una recuperación de animales silvestres en sus 60 mil hectáreas
Cuando una persona abre una llave de agua en Jojutla, cuando una madre de familia corta mangos en Puente de Ixtla o cuando una familia disfruta del clima templado de Cuernavaca, rara vez piensan que esos obsequios del planeta llegan hasta ellos gracias a un trabajo sutil y constante de ecosistemas saludables como la Reserva de la Biósfera Sierra de Huautla (REBIOSH); que es el segundo pulmón más importante de Morelos, el mayor refugio de polinizadores de la entidad y un seguro climático e hídrico fundamental para casi dos millones de habitantes del estado.
Localizada en el sur de la entidad, en los municipios de Amacuzac, Puente de Ixtla, Jojutla, Tlaquiltenango y Tepalcingo, la Sierra de Huautla abarca casi 60 mil hectáreas y las comunidades que la habitan son guardianas de la naturaleza que aprovechan sustentablemente flora y fauna, aunque esto muchas veces limite sus opciones de desarrollo.
Esta es una realidad que hay que comunicar a los morelenses más citadinos y a las autoridades, como indica a PLAZA el biólogo Víctor Flores Armillas, del Centro de Investigación Biológica (CIB), de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM).

Desde el punto de vista de la disponibilidad de agua, esta reserva es una enorme área de captación y recarga para la zona acuífera de los valles de Tepalcingo-Axochiapan y el acuífero de Zacatepec.
Desde el punto de vista agrícola y forestal, la Sierra de Huautla provee alimento para aves y murciélagos durante todo el año, como han explicado las profesoras e investigadoras Sandra Ospina Garcés y Marcela Osorio Beristain, del Centro de Investigación en Biodiversidad y Conservación (CIByC), de la UAEM.
Esos animales contribuyen a la dispersión de semillas de especies de plantas importantes en procesos de regeneración natural, así como de especies de interés para el consumo humano. Comen frutas y luego dispersan las semillas a través de sus excrementos mientras vuelan, lo que permite que las plantas colonicen nuevas áreas, como han detallado Ospina y Osorio.
A veces, a la vista de quienes se pasean por la zona, la Sierra de Huautla parece niña harapienta cubierta de colores grises y varas secas, pero después reverdece y se viste de follaje con flores coloridas, dispersas desde el piso hasta las copas de los árboles más altos. Esa es la característica más notable de la selva seca caducifolia. Cualquier morelense atento sabe que durante los meses sin lluvias, de noviembre a mayo, esos cerros pueden ser descritos como terrenos de ramas sin hojas y espinas, pero al llegar las lluvias, entre junio y octubre, reverdecen hasta que el follaje no permite ver el suelo y el silencio se convierte en concierto de aves, insectos, anfibios y reptiles.
Hablar de esa área natural es pertinente porque el 3 de noviembre se celebra el Día Internacional de las Reservas de la Biósfera, una fecha establecida en 2021 por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), para destacar el valor de los espacios naturales en la conservación de la biodiversidad y la promoción del desarrollo sostenible.
En Morelos, la Sierra de Huautla es la única Reserva Internacional de la Biósfera reconocida por la UNESCO.
Desde 1993 el estado de Morelos reconoció su valor biológico y designó 30 mil hectáreas de la Sierra como Área de Conservación Ecológica Estatal. Después el gobierno de México también aquilató su importancia ecológica y en 1999 la declaró Reserva de la Biósfera, duplicando su extensión protegida. Finalmente, en 2006, fue reconocida por la UNESCO.
Bibliotecas vivas
La REBIOSH es la mayor área natural del estado de Morelos. Se localiza en la cuenca del Río Balsas. Como ya se explicó, la mayor parte de su cubierta vegetal pertenece al ecosistema Selva Baja Caducifolia, que quiere decir que los árboles que la habitan tienen menos de 12 metros de altura y que tiran su follaje en la época de sequía, lo que les permite vivir sin agua durante largas temporadas sin lluvias.
Adicionalmente al ecosistema de Selva baja se puede encontrar también, en las zonas ribereñas, bosques de galerías e incluso algunos especialistas han hablado de encinares en las partes más altas de los cerros, como explicó a los lectores de PLAZA el doctor Víctor Flores.
Esa sierra es tan importante por su presente biológico como por su pasado histórico, ya que en ella se encuentran evidencias de presencia humana de 10 mil años de antigüedad.
En todos esos años, la presencia humana no ha cesado ni se ha prohibido al interior de la Sierra, pues cientos de comunidades pequeñas, están asentadas, conviven o tienen larga historia de interacción con la reserva. Ellos son guardianes de esa biodiversidad tan amplia.
En la Declaratoria de esa Sierra como ANP, del año 1999, se señaló que en esa región existen muchas especies vegetales que los pobladores han aprovechado y conservado como plantas medicinales. También se consumen hongos comestibles y la fauna, los animales pueden ser aprovechados como medicina. De la misma Sierra obtienen leña para combustible o como materia prima para artesanías. Es una relación muy estrecha que permite considerar a los pobladores de la sierra como Bibliotecas vivas de saberes que no existen en otros lugares y que se pueden perder si no se valoran y cuidan..
Interdependencia
En esta Reserva de la Biósfera existen poblaciones relevantes como Huautla, Rancho Viejo, Santiopa Ajuchitlán, El Limón. En ellas viven más de 20 mil personas que se dedican a diferentes actividades, pero la agricultura de subsistencia es una de las principales y hay algo de ganadería en los lugares más cercanos a los centros de población, pero también como actividad de subsistencia. El maíz es el cultivo principal y, después de las cosechas y aprovechamiento de las personas, se destina una parte al ganado.
La REBIOSH es un Área Natural Protegida (ANP) de carácter federal, administrada por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp). La UAEM es una entidad co-administradora de la Rerseva de Huautla.
El trabajo de tres décadas dedicado a conocer y rescatar el área natural más grande del estado de Morelos ha logrado la recuperación de diferentes poblaciones de animales silvestres en la Sierra de Huautla, como los venados, tejones, mapaches, jabalíes y otros vertebrados.
Gracias a un proyecto de investigación universitaria, desplegado desde 2018, se ha podido documentar la estrecha interdependencia entra la conservación de la naturaleza y al viabilidad social en está área natural. El proyecto está a cargo del Centro de Investigación en Biodiversidad y Conservación (CIByC-UAEM) y es encabezado por los investigadores Xavier López Medellín y David Valenzuela.
Una de los retos centrales de ese estudio ha sido comprender las interacciones y percepciones de la población campesina frente a la fauna silvestre porque al mismo tiempo que ésta aumenta, se incrementan las visitas de los animales libres a las parcelas de campesinos y comen una parte del maíz que ellos siembran para alimentar a sus familias.
Ese fue el contexto en el cual los profesores y alumnos del CIByC-UAEM, junto con pobladores de los ejidos Ajuchitlán, El Limón y Huautla, desarrollaron un estudio pionero a nivel nacional para prevenir y tratar de evitar conflictos que pudieran detener esfuerzos de conservación, a raíz de afectaciones al trabajo de los campesinos.
Desde 2018 ese esfuerzo ha generado una decena de tesis de licenciatura, posgrado y artículos científicos que han documentado en entrevistas, trabajo de campo y análisis de datos que los asentamientos humanos en la REBIOSH son comunidades integradas, donde casi todo mundo se conoce y con una amplia relación biocultural porque todo lo que han vivido o experimentado con la naturaleza, a lo largo de la vida, queda reflejado de manera muy clara en su cultura.
Cosmovisión y naturaleza
Un ejemplo destacado de la manera como la interacción con la Sierra es la base de una cosmovisión original entre los habitantes de Huautla, es su relación con los venados cola blanca, que pueden cazarse como una práctica ritual, medicinal o de subsistencia, como han documentado el Biólogo Balam Quitze Vargas Sánchez y el Doctor Alejandro García Flores, del CIB-UAEM, junto con el Doctor Leonardo Beltrán Rodríguez, del Jardín Botánico del Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
En marzo de 2025, ellos reportaron en la revista de divulgación científica HYPATIA, del Museo de Ciencias de Morelos, una síntesis de las creencias, leyendas y usos tradicionales que habitantes de poblados vecinos de la Sierra de Huautla atribuyen a los venados de la zona, principalmente en Puente de Ixtla y Tlaquiltenango.
Curación mística: Algunos cazadores narran que, cuando disparan a un venado pero no logran abatirlo, el animal se dirige hacia los cuerpos de agua donde, según la creencia, es curado por ángeles que limpian sus heridas y les aplican hierbas curativas.
Venados astutos: Existen historias sobre venados que disfrutan confundir a los cazadores. Estos animales conducen a los cazadores por largos recorridos, llevándolos a lugares desconocidos que complican su retorno a casa.
Piedras de poder: Uno de los relatos más arraigados en Morelos y en el país habla sobre una “piedra con poder” que se encuentra dentro de los “venados con virtud”. Estos ejemplares son los más grandes y cuentan con mayor número de puntas en las astas, pero son los más difíciles de cazar. Se dice que la piedra puede hallarse dentro del estómago. Según la creencia, encontrar una de estas piedras otorga suerte para futuras cacerías. Para mantener su poder, las piedras deben “alimentarse” con la sangre de nuevos venados cazados.
Además de su importancia cultural, los venados cazados tienen diversos usos, ya que estos satisfacen diferentes necesidades de las comunidades.
Alimenticio: Existe una amplia variedad de platillos tradicionales, el favorito por la mayoría es el caldo, pero existen muchas otras recetas como prepararlo en bistec, carne seca, encebollado, barbacoa, huaxmole e incluso recientemente hamburguesas.
Medicinal: Diferentes partes del venado se emplean para tratar algunos padecimientos. Para la epilepsia beben la sangre de estos ejemplares, esto también dicen que sirve para mejorar la salud del corazón. Para curar resfriados, calientan la grasa y la utilizan como ungüento, en pecho espalda y nariz. Para el dolor de muela trituran el asta y aplican el polvo resultante en
la muela.
Herramienta: Con los derivados del venado se pueden elaborar herramientas. Por ejemplo, las astas se pueden utilizar como agujas para abrir costales, o toda la cornamenta puede servir de perchero. Las extremidades se utilizan para fabricar fuetes para los caballos, mangos de cuchillo y para hacer percheros.
El hueso de las patas sirve de piscalón para deshojar el maíz.
Otros usos: Los venados también son apreciados como animales de compañía, amuletos de buena suerte y ornamentos.
Como explican los universitarios, el venado cola blanca no solo es una especie que cumple una función biológica clave en los ecosistemas de Morelos, sino que también representa un elemento social que forma parte fundamental de la cultura y las tradiciones locales; lo que manifiesta históricas relaciones entre comunidades humanas y su entorno natural.
La subsistencia humana está estrechamente ligada a lo que ocurre dentro de los ecosistemas saludables; por eso cada reserva natural puede ser comparada con un seguro de vida.
“La mayoría de las personas que habita en las ciudades no sabe que las áreas naturales aportan grandes beneficios presentes en su vida cotidiana, como la captación de agua, provisión de especies medicinales o comestibles, conservación de la flora y fauna, además de la regulación del clima. Muchos de esos servicios ecosistémicos son posibles gracias a comunidades pequeñas que han recibido muy poco reconocimiento y apoyo, hasta ahora”, indica Víctor Flores Armillas, del CIB-UAEM.
Esta interdependencia es algo que se tiene que conocer con más profundidad y, aunque es posible que tome mucho tiempo, es indispensable comunicar de mejor manera y con más frecuencia cuál es la importancia que tienen para las ciudades las comunidades guardianas de las reservas naturales. El caso de la Sierra de Huautla es uno, pero lo mismo ocurre con el caso de las comunidades que habitan el Bosque de agua, en el norte del estado y otras zonas naturales de la entidad.

La Reserva de la Biósfera Sierra de Huautla (REBIOSH) se localiza en el sur de Morelos y abarca 60 mil hectáreas. Imagen tomada de Research Gate / David Valenzuela

La REBIOSH tiene una cubierta vegetal en la que predomina la selva baja caducifolia, pero también contiene microclimas con otras vegetaciones. Foto: Facebook de la Reserva de la Biósfera Sierra de Huautla.

Entre otros servicios ambientales, la reserva alimenta todo el año a polinizadores y aves dispersoras de semillas. Foto: Antimio Cruz.

El conocimiento de las características y usos de las plantas de la Sierra hace que sus habitantes sean «Bibliotecas vivas». Foto: Antimio Cruz.

La convivencia estrecha entre cactus y mezquites en los cerros es una característica del paisaje en la REBIOSH. Foto: Antimio Cruz.

En temporada de lluvias es tradicional la colecta de hongos para consumo doméstico como estas, «orejas y sombreros». Foto: Antimio Cruz.

La diversidad de mariposas es otro indicador de la alta cantidad de polinizadores que habitan en la mayor reserva natural de Morelos. Foto: Antimio Cruz.

En la Selva Baja Caducifolia crece el Cuatecomate, planta medicinal para atender infecciones respiratorias. Foto: Antimio Cruz.

Desde el suelo hasta los árboles más altos se miran dispersas flores coloridas en temporada de lluvias, como estas flores de opuntia. Foto: Antimio Cruz.

En la Sierra, las enredaderas pueden crear domos vegetales que no permiten ver el suelo. Foto: Antimio Cruz.

