

El Sistema Nacional de Creadores de Arte, ha sostenido por más de tres décadas el compromiso de apoyar la labor individual de artistas con una trayectoria sólida y un lenguaje propio. Este año, entre 200 candidatos, los nombres de Iván Gardea, Cisco Jiménez y Daniel Lezama fueron reconocidos como parte de esa comunidad que mantiene vivo el patrimonio cultural del arte contemporáneo de México.
En esta entrega Plaza abrió las puertas de sus memorias íntimas, aquellas que dan motor a su proceso creativo. A través de este encuentro, nos acercaremos un poco al universo de cada uno de ellos y a las aristas de sus próximos trabajos.
Las virtudes y los vicios del arte: Cisco Jiménez
Guayabero de corazón y explorador incansable de las tensiones humanas, Cisco Jiménez ha tejido en más de cuatro décadas una trayectoria artística que ha cruzado desde los museos de Cuernavaca, y diversos estados al interior de la república, a escenarios internacionales como Nueva York, Ecuador, Edimburgo, Venecia y Hong Kong. Su obra, siempre inquieta, es un espejo de los contrastes que definen al mexicano. En cada pieza, el artista transforma la ironía en metáforas visuales que invitan al espectador a mirar de frente esas tensiones que atraviesan a la cultura moderna.
Con un lenguaje plástico que acuñó desde su juventud, Jiménez aprendió a mirar el entorno con “curiosidad antropológica”. En su memoria sigue vivo el impacto que tuvo, a los 15 años, la lectura de Los hijos de Sánchez, de Oscar Lewis, un libro que le reveló la complejidad de “la cultura de la pobreza” y le mostró que en lo popular también habita la inteligencia, la resistencia y la belleza. Desde entonces, su obra se nutre, como él dice, de esa “creatividad de la supervivencia”.
¿Cómo comprender la mente del mexicano?

“Siempre me interesó comprender por qué somos como somos”, dice Cisco Jiménez, quien aprendió a leer los vicios y virtudes humanas desde los rótulos de la calle, la ironía y el albur de los barrios, en la artesanía y en los vestigios arquitectónicos. Fue así como, de la mano de Rius, la caricatura política atestiguó sus primeras imágenes mordaces. “Él me empezó a dar todas las claves de lo que es hacer Cartón Político y sobre todo historieta, que era mi interés principal”. En 1998 publicó sus primeros cartones en Correo del Sur, periódico fundado por el obispo Sergio Méndez Arceo, más tarde en el suplemento El Búho de Excélsior y en las Histerietas de La Jornada Nacional.
Poco después aprendería del pintor abstracto Bruce Dorfman, en Nueva York, de donde se traería la influencia del collage y la instalación como lenguaje visual y la potencia del arte urbano característico de la “gran manzana” de ese entonces. “Me toco una época donde predominaba la muerte de muchos postulados y parámetros artísticos; entonces se hablaba de que el arte no era absoluto, sino que se permeaba felizmente de otras cosas. En mi caso, el arte hibridó de la caricatura política, de la crítica social, de otras disciplinas como la geología y del diseño industrial”, añade, “luego me toco justo el cambio tecnológico de lo análogo a lo digital”. Esta “contaminación creativa”, lo llevó a experimentar con una estética híbrida de colores, formas, objetos y conceptos “atemporales”, comenta Cisco.
Los escombros irónicos
Su propuesta alcanzó gran reconocimiento nacional cuando ganó la Bienal Rufino Tamayo en 2018, con una pieza que, según el propio artista, “resumía muchas etapas de mi carrera”. Elaborada con un marco tallado en madera gruesa con motivos mayas, la obra contraponía referencias tecnológicas con elementos arqueológicos de las culturas mesoamericanas. “A partir de ahí, empecé a meclar muchas intenciones en diversos materiales, como la cerámica; […] agregando valores de todo tipo para ir más allá del objeto”, explicó.
Esa búsqueda de síntesis entre opuestos también dio origen al término que una revista utilizó para definir su trabajo: ironic debris, o “escombros irónicos”. “Me encantó el concepto”, confiesa, “porque mis marcos estaban hechos de madera de cimbra, con restos de cemento y materiales que se iban cayendo. […] Irónico porque se hacía Fine art con materiales que estaban en permanente deterioro”, recuerda simpáticamente.
Cisco también se considera precursor en el uso del albur, “Cuando empecé a usar groserías en mis piezas, era algo reprobable. Hoy es normal, pero en su momento fue disruptivo”. “Esa ruptura fue una conquista maravillosa, y al mismo tiempo un nuevo problema, porque ya no hay regla”, advierte; “vivimos en una torre de babel para bien o para mal. Estamos justo en la era de las contradicciones”.
¿Si tuvieras que ponerle nombre a tu corriente? “sería el cisquismo”, responde entre risas, “como renombrando a las grandes vanguardias artísticas”. Pero detrás de la broma hay una reflexión seria sobre su tiempo: “A mí me tocó vivir el postmodernismo. La muerte de las verdades absolutas. Fue el diésel que alimentó mi carrera”, sigue, “soy un pospostmoderno, de eso trata mi propuesta”, un impulso por descomponer los cánones sepultados por la cultura, “un balance entre lo que rechazas y lo que te atrae”.
Pintar en grande, un reto personal
Jiménez ha pertenecido al SNCA en tres ocasiones, este año en la categoría de Pintura en el área de Artes Visuales. Considera, que más que un reconocimiento al mérito es una gran responsabilidad: “Es un privilegio y un compromiso del que estoy muy consciente”. Revela que en esta nueva etapa “tentará la atemporalidad” de su “arqueología contemporánea” con pinturas en gran formato. “Mi proyecto consiste en producir obras monumentales, para explorar la energía de la impronta visual, […] esa que te envuelve y te traga”.
En esta nueva serie, adelanta, la explosión de color de sus paisajes surrealistas, psicodélicos, neuróticos, seguirán siendo el alma de su estética, pero ahora con el impulso de reflexionar la tecnología y robótica como vestigio de la fisionomía. “La humanidad está dependiendo más que nunca de ella, las guerras ya son totalmente tecnológicas y la IA está a un paso de desplazarnos. Me interesa hablar de eso que nos queda entre el cuerpo, geología y máquina”, concluye.

Cisco Jiménez. Foto: Cortesía
Cortesía del autor.

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