

Aunque por supuesto no a la velocidad que todos quisiéramos, parece que las acciones de restauración del medio ambiente aparentemente pequeñas, pero integradas en un proyecto de gobierno que entiende y respeta la naturaleza, empiezan a dar resultados que lucen muy prometedores.
El avistamiento de un venado cola blanca en las barrancas de Cuernavaca, el éxito que empieza a tenerse con el cultivo de bagre del Balsas para restaurar el equilibrio de los cuerpos de agua del estado, el paulatino pero evidente freno a la depredación e invasión de los bosques y áreas naturales protegidas, son señales que permiten tener un entusiasmo moderado sobre el futuro ambiental de Morelos.
Y no solo se trata de las acciones de protección ambiental mediante la protección y restauración, también son vitales, y empezarán a notarse pronto, las que se relacionan con la convivencia entre las actividades humanas necesarias para el desarrollo de las comunidades. A diferencia de lo que ocurría en el pasado, en que las dependencias gubernamentales no trabajaban, pero tampoco tenían conciencia ecológica, actualmente los proyectos de desarrollo económico, turístico, de infraestructura, y agropecuario, tienen un enfoque de convivencia con y respeto a la naturaleza.
Las actividades agrícolas, que son indispensables para la alimentación y la obtención de materias primas para otras industrias, pueden ser particularmente agresivas con el medio ambiente cuando no existe el enfoque científico y el amor por la tierra que hay en las comunidades campesinas. La Secretaría de Desarrollo Agropecuario ha coordinado la integración del conocimiento y la investigación científica con el respeto por la naturaleza que tienen los productores del campo en Morelos, lo que ha permitido la transición paulatina al uso de biofertilizantes, técnicas de cultivo que no dañan el medio ambiente, la descarbonización de la producción alimentaria, y el mayor conocimiento de los suelos para obtener mejores rendimientos sin afectar su equilibrio.
En materia de Desarrollo Económico, el proyecto de impulso a la industria que tiene el gobierno estatal lleva un componente importante que no solo respeta la vocación productiva del estado, sino cierra las puertas a las industrias altamente contaminantes en tanto compromete al resto a reducir su impacto en la naturaleza o absorber los costos de las restauraciones que hacen necesarias. Porque el crecimiento económico no solo debe acompañarse de un componente de justicia en la distribución del ingreso; sino también de la garantía de que sus beneficios no irán con cargo al futuro ambiental del estado.
La mejora de infraestructura, adicionalmente, reduce los costos y tiempos de traslado, facilita la transición a energías limpias y con ello reduce el consumo de energía y combustibles fósiles; que en términos reales son los principales contribuidores a la contaminación no sólo en la quema de energía sino en la producción de ésta.

La generación de actividades productivas que permitan a las comunidades aledañas a alas zonas naturales protegidas generar esquemas de desarrollo y crecimiento que no afecten al medio ambiente es también vital para que la protección de la naturaleza no condene a la pobreza y marginación a quienes pueden ser sus mejores guardianes.
Y finalmente, se tiene por primera vez un proyecto integral de turismo que, segmento por segmento reconoce el valor de la naturaleza como uno de los atractivos primordiales del estado y, por lo mismo, obliga a respetarlos y colaborar en su restauración.
Se trata de un conjunto de acciones con el que las buenas señales de restauración del medio ambiente pueden convertirse en mucho más que una tendencia y, con razones fundadas, nos harán pensar que hay un futuro posible en que los morelenses convivirán armónicamente con su medio ambiente, lo que redituará beneficios para todos. Solo debe evitarse abandonar los proyectos por caer en las tentaciones o la codicia.


