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La cantidad de morelenses que se dedican de tiempo completo, parcial a las artes o estudian para convertirse en creadores resulta alarmante la escasez de espacios para la expresión artística y el poco interés que han mostrado muchos gobiernos y organizaciones por la promoción del talento local.

La buena noticia de que Morelos cuenta con un nuevo espacio cultural en el edificio que hace ocho años aún era el Congreso del Estado; el anuncio de la gobernadora Margarita González Saravia sobre la habilitación del edificio Ocampo como Centro de Artes Visuales; y la declaración de ella misma sobre el mucho talento que hay en el estado en que reconoce también la poca disponibilidad de espacios artísticos y culturales; obligaría a una reflexión para quienes piensan que el desarrollo de un estado está solo en la industria “dura”.

Porque, aunque para muchos el sector artes y cultura representa sólo una carga a los presupuestos sin mayor utilidad que el goce estético; lo cierto es que sólo en el 2023, el sector Artes y Cultura contribuyó con el 2.7% del Producto Interno Bruto (PIB) en México, lo que representó actividades valoradas en más de 820 mil 963 millones de pesos.

Los principales contribuyentes al PIB cultural en el país fueron las artesanías (19.1% del total), contenidos digitales e internet (18%), los medios audiovisuales (17.6%), el diseño y servicios creativos (13.6%); artes escénicas y espectáculos (6.6%); libros, impresiones y prensa (6.3%); y patrimonio cultural y natural (6.2%). Además, las actividades culturales generan alrededor del 3.5% de los empleos en el país, con casi 1.5 millones.

Y aunque los datos pudieran impresionar a muchos, lo cierto es que la contribución del sector Artes y Cultura a la economía nacional es moderada, particularmente por las contracciones que estas actividades han tenido en los últimos años. En los Estados Unidos, por ejemplo, las actividades artísticas y culturales generaron el 4.2% del PIB en ese mismo año lo que representó 1.2 billones de dólares.

A estos sólidos ingresos deben asociarse también al turismo, a los aportes de sus innovaciones, su valor agregado y las industrias y servicios que crecen alrededor de las artes y la cultura.

Pero adicionalmente, los estudios sobre la utilidad social de las artes reflejan más que lo estético y lo estrictamente económico. La actividad creativa se vuelve un catalizador de cambios sociales, salud mental y cohesión comunitaria; contribuye a la construcción de la paz y tratamiento de los conflictos; y con ello reducen costos al gobierno y los particulares.

Frente al gasto económico y el costo humano que tiene la actual crisis de salud mental en el país y el estado, explotar la científicamente probada conexión entre el arte y la salud mental tiene mucho sentido. Las artes tienen, en sus creadores y su público efectos de reducción de estrés, expresión emocional, sanación, mejora de la autoestima y la confianza, procesamiento de experiencias traumáticas, reducen tasas de declive cognitivo, mejoran el estado de ánimo y la cultura física. También generan capital social al reforzar la conexión comunitaria, la identidad, el sentido de pertenencia, la solidaridad; mejoran la participación ciudadana y la educación; y promueven la inclusión.

Aunque los proyectos de promoción de espacios creativos y culturales y llevar el arte a las comunidades en la administración de la gobernadora se fundan en el espíritu humanista que ha impreso a su gestión, lo cierto es que desde perspectivas pragmáticas y hasta monetizadas, la apuesta tiene mucho sentido económico y social. Así lo prueban las regiones que, en diversas partes del mundo, han apostado al sector Artes y Cultura como segmento relevante para su desarrollo económico.

La Jornada Morelos