La Sierra Otomí-Tepehua, también conocida como Sierra de Tenango, es una pequeña región montañosa y boscosa que se encuentra en la parte oriente del estado de Hidalgo. Es conocida por sus múltiples corrientes de agua, su alta biodiversidad, y también por su bello bordado otomí, el “tenango”.

Bordado de Tenango. Fuente: Fleur Gouttefanjat.

Ahora bien, la Sierra Otomí-Tepehua ha sido también una región altamente marginada, socioeconómica y geográficamente. La principal actividad económica sigue siendo la agricultura de pequeña escala, junto con el comercio al por menor. Se siembra café bajo sombra, milpa y algunos árboles frutales. Pero los campesinos han tenido que enfrentar condiciones adversas, sobre todo durante el neoliberalismo: coyotaje y bajos precios; ausencia de apoyo y de asistencia técnica; carencia de infraestructura para la transformación y el valor agregado; plagas y mal clima. Como consecuencia de ello, en las últimas décadas, la pobreza campesina ha aumentado y los jóvenes se han desinteresado de la actividad agrícola; lo que creó, además, un problema de escasez de mano de obra.

Es en este contexto que el programa Sembrando Vida (PSV) llegó a implementarse en 2021, en tres municipios de la región: Huehuetla, San Bartolo Tutotepec y Tenango de Doria. Hoy, el programa cuenta con 784 beneficiarios; lo que representa un 13% del total de productores agropecuarios de la zona.

Los saldos del PSV en esta región han sido alentadores. Con el apoyo económico, los campesinos han podido renovar sus viejos cafetales, lo que permitirá un aumento de sus rendimientos a largo plazo. Asimismo, han consolidado y diversificado sus sistemas agroforestales, recuperando especies endémicas de sus variados ecosistemas: maíz de la región, huertas de plátano, frijol “gordo”, semillas de pipián, duraznos, ciruelos, quelites, peras, manzanas, etc. También han aprendido a cuidar sus tierras con métodos agroecológicos y a producir colectivamente varios insumos orgánicos como el bocashi, el biol o distintos caldos minerales.

Parcela con cafetales bajo sombra (Huehuetla). Fuente: Fleur Gouttefanjat.

Parcela con árboles frutales (Tenango de Doria). Fuente: Fleur Gouttefanjat.

Con el desarrollo de estos sistemas agroforestales se impulsaron también dinámicas de reforestación con árboles maderables, que fueron sembrados con técnicas de curvas a nivel, lo que reduce el riesgo de erosión y de derrumbe en esta región montañosa. Se estima que esta reforestación benefició a 1,960 hectáreas de la zona.

El trabajo colectivo, en sus viveros y biofábricas, permitió también fortalecer el tejido social y los campesinos realizan a menudo acciones en beneficio de sus comunidades: jornadas de limpieza, construcción de viviendas, cursos a los niños, etc.

Todo este trabajo tuvo como resultado el fortalecimiento de la agricultura campesina y un mayor arraigo de la gente a su territorio. Ahora bien, todavía hace falta consolidar puntos importantes: incluir más a los jóvenes, ofrecer mayor acompañamiento administrativo y comercial a los campesinos para la venta de sus productos, fortalecer la transición agroecológica, mejorar las vías de comunicación y consolidar mucho más las nacientes cooperativas campesinas.

Se han formado varios proyectos colectivos de interés como U´tafi, que produce azúcar mascabado artesanal en la comunidad de Rancho Nuevo, o la cooperativa de fabricación de licores caseros de frutas en la CAC de los Fruticultores Unidos en el municipio de Tenango de Doria. Es importante que el programa no deje solo a estos campesinos. Han germinado semillas de vida para toda la Sierra Otomí-Tepehua y es clave que el Estado los ayude a hacerlas crecer.

*Universidad Nacional Autónoma de México

La Jornada Morelos