

Los costos asociados con la atención de desastres naturales han aumentado en todo el mundo derivados del impacto del cambio climático y decisiones terribles en términos de desarrollo de las regiones.
Y no es solo cuestión de la inflación, lo cierto es que las catástrofes son cada vez más frecuentes y los daños que provocan se acumulan y contrastan con lo poco que se invierte en la prevención de desastres, menos del 1% de los presupuestos públicos a nivel mundial de acuerdo con el último dato disponible de la Organización de las Naciones Unidas.
De hecho, en México, se destina el 1% del presupuesto público a esa área; en Morelos la cosa es aún peor, el estado tiene un presupuesto de alrededor de 150 millones de pesos (menos del 0.44% del presupuesto estatal) para atender los desastres naturales (que además son difíciles de acceder al estar divisos en un fondo especial y un fideicomiso).
En El Mundo Según Garp, John Irving ocupa todo su talento narrativo para recordarnos nuestra existencia en riesgo de desgracias. “Si a Garp le hubieran concedido un deseo simple e inmenso, habría escogido el de poder convertir el mundo en un lugar seguro. Tanto para los niños como para los adultos. El mundo impresionaba a Garp como innecesariamente peligroso para ambos”.
Y Garp no vivía en el México donde a alguien siempre se le olvida tapar el hoyo que hizo para reparar una coladera, la inconveniencia de desafiar leyes naturales como la gravedad o la resistencia de los materiales; y tampoco una geografía bastante proclive a los desastres naturales.
Vivir y normalizar el riesgo

El Atlas Nacional de Riesgos, y el estatal para Morelos, ubican al país y el estado como con altos riesgos de ocurrencia de desastres naturales como sismos, huracanes, inundaciones, sequías y hasta erupciones volcánicas. En el caso de Morelos se identifican niveles altos y muy altos de riesgo sísmico, derrumbes por inestabilidad de laderas, inundaciones y otras catástrofes mayormente asociadas a la combinación entre factores climáticos e irresponsabilidad humana.
La urbanización acelerada, la invasión permanente de zonas de riesgo son problemas locales que se suman a las condiciones preexistentes de peligro en el estado. Hay zonas de enorme riesgo en donde la gente ha normalizado arriesgar su vida, como la colonia Los Pilares en Cuernavaca, o la Vista Hermosa en Jiutepec. En ambos asentamientos irregulares, aún con los llamados constantes de las autoridades para desalojar, los vecinos permanecen quizá apostando (como suele hacerse en algunas culturas) a que la desgracia ocurra solo a los vecinos.
La presencia de ese tipo de asentamientos irregulares en muchos municipios de Morelos ha aumentado drásticamente la ocurrencia de catástrofes asociadas con fenómenos hidrometeorológicos. En los últimos cincuenta años, de acuerdo con los reportes de protección civil, han aumentado sustancialmente las afectaciones que provocan las inundaciones, derrumbes y deslaves asociados con ellas tanto en las áreas conurbadas de Cuernavaca y Cuautla como en municipios de la zona sur del estado.
A estos factores históricos y culturales se suma desde hace años también una pésima gestión de obra pública en la mayoría de los municipios donde se vuelve común el abandono de las intervenciones a medias, el olvido de materiales, que se suman a la mala calidad en los insumos y ejecución de obras.
El Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres
En 1989, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la resolución 44/236 en que proclamó el Decenio Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales y designó el segundo miércoles de octubre como Día Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales. Si bien estaba programado para solo una década, la proliferación de las catástrofes y el aumento sustancial de los riesgos a los que se encuentran sometidas las comunidades humanas lo ha mantenido como una efeméride para la reflexión.
La Organización de las Naciones Unidas advierte que “el aumento del coste asociado a los desastres refleja el creciente impacto del cambio climático y las malas decisiones de desarrollo. A nivel mundial, los países se enfrentan a fenómenos naturales cada vez más graves, impulsados por fenómenos meteorológicos extremos y una planificación que ignora los riesgos”.
Subraya también que los desastres cada vez resultan más caros, y “aunque los costes directos de los desastres han aumentado hasta aproximadamente 202 mil millones de dólares anuales, se estima que el coste real es 11 veces superior, casi 2,3 billones de dólares. Los países en desarrollo se llevan la peor parte, aunque los países desarrollados sufren grandes pérdidas financieras”.
Y advierte: “la inversión en la reducción del riesgo de desastres (RRD) sigue siendo escasa. Menos del 1% de los presupuestos públicos se destina a la RRD y solo el 2% de los proyectos de Ayuda Oficial al Desarrollo incluyeron la RRD entre sus objetivos. Dentro del sector humanitario, la cantidad de fondos para la prevención y preparación ante desastres también ha disminuido”.
La ONU calcula que, si bien el sector privado realiza el 75% de las inversiones, es el que suele pasar por alto las amenazas climáticas y la vulnerabilidad, lo que aumenta el riesgo de pérdidas. En el caso de Morelos es evidente esta tendencia; las inversiones privadas (legales o no) son las que mayores efectos nocivos han tenido en el incremento de los riesgos para desastres naturales.
Las recomendaciones de los expertos
Si bien John Irving tiene razón y el mundo no es un lugar seguro, los expertos en protección civil y prevención de riesgos hacen un listado de recomendaciones para reducir el impacto económico, humano y social de los desastres naturales. Todas ellas pasan por la necesidad de mayores presupuestos (un pendiente también en Morelos) y por el cambio de concepción de la protección civil a la gestión integral de riesgos (que en el estado apenas ha iniciado a partir de la administración de la gobernadora Margarita González Saravia).
Entre otras sugerencias están:
- Fortalecer la gestión integral del riesgo con enfoques multisectoriales que integren a los tres órdenes de gobierno y sociedad civil.
- Mejorar la identificación, análisis y monitoreo de riesgos mediante atlas actualizados y sistemas de alerta temprana, que en Morelos aún son insuficientes o inexistentes.
- Promover una cultura amplia de prevención y capacitación ciudadana para reducir la vulnerabilidad de la población.
- Fortalecer la profesionalización y equipamiento en los cuerpos de protección civil.
- Regularizar y evitar la ocupación de zonas de alto riesgo, y mejorar la planificación urbana con criterios de sostenibilidad y resiliencia.
- Impulsar convenios de colaboración más efectivos entre autoridades federales, estatales y municipales para una mejor coordinación en la prevención y respuesta.
Y no es por malos augurios, lo cierto es que Morelos enfrenta amenazas de catástrofes que van desde su alta actividad sísmica (300 temblores sensibles en las últimas dos décadas); hasta las inundaciones por desbordamiento de canales y sistemas de alcantarillado; los socavones por el colapso de tuberías y drenajes; los deslizamientos de tierras en laderas inestables; las sequías severas que amenazan la integridad de los suelos; los efectos de remanentes de huracanes y tormentas tropicales; incendios forestales y de pastizales, entre otros riesgos de nivel considerable.




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