“ La vida es aquello que te pasa mientras tu estás ocupado haciendo otros planes” JWL.



John Lennon nació un 9 de octubre del año 1940. Lo hizo en el Liverpool Maternity Hospital de ese puerto mercante que alguna vez fue uno de los más grandes y activos del mundo. Su madre Julia Stanley acomodaba al recién nacido en un cajón de madera que cabía bajo su cama para poner a salvo al bebé de las esquirlas, astillas o pedazos de vidrios provocados por los estruendos y temblores de los bombardeos nazis.

El propio John subrayaba que a pesar de haber nacido en plena Segunda Guerra Mundial era un bebé de la paz y no de la guerra: durante su alumbramiento y horas más tarde, las descargas de los bombarderos alemanes habían suspendido esa lluvia de muerte que durante semanas asoló a varios distritos de Liverpool. Seguramente por estrategia y logística la Lutwaffe, la Fuerza Aérea Alemana hizo esa pausa, pero esas horas de silencio sin bombas tendría un significado superior para quien estaba llamado a ser un símbolo de paz y de lucha contra las injusticias humanas. Puede ser que las sirenas de alarmas de bombardeo y los marcados silencios después afinaran el oído del nene que a la larga se volvió músico y letrista. El héroe de la clase obrera que cantaba con potencia “Power to the People” y con dulzura “Give peace a chance”

John Winston -su segundo nombre en homenaje al Primer Ministro y Nobel de Literatura más tarde, Winston Churchill- primogénito de Julia tendría tres medias hermanas por parte de madre y dos medios hermanos por parte de su padre Alfred Lennon en segundas nupcias. David Henry y Robin Francis sus nombres.

Julia tuvo después de la separación definitiva con Alfred – padre de John- dos hijas más que crecieron hasta la adolescencia muy cerca de John. Julia y Jacqi, hijas de su segundo marido John Dykins a quien llamaban Bobby. Las dos niñas eran bienvenidas siempre a la casa de la Tía Mimí. John creció entre tías y hermanas, siempre rodeado de mujeres. Su mejor amigo de apellido McCartney estaba por llegar a su vida. Se conocieron un 6 de julio del año 1957. Les unió el gusto por la música y el compartir también que ambos perdieron a sus señoras madres, Julia y María, en plena adolescencia.

Gracias a la disciplina -mínima pero disciplina al fin- que Brian Epstein impuso a los jovencitos ingleses pudo llevarles a la cima desde el inicio de su carrera a partir de que firmara contrato con ellos como su manager el 3 de diciembre de 1962. La historia de esa naciente relación a través de esa firma estaba marcada por el destino: Un día entra al almacén Raymond Jones para comprar una copia del disco “My Bonnie” de un cantante llamado Tony Sheridan acompañado por los Beatles. Al no conocer ese disco, -Epstein era dueño del almacen NEMS- se empeñó en conseguirla. La petición se repitió y se repitió hasta que Brian dio con la grabación que había sido realizada en Hamburgo, Alemania por unos paisanos suyos que eventualmente eran contratados en ese puerto por diversos pubs y clubes de adultos de la zona roja de ese puerto alemán. Los buscó y los encontró; los audicionó y les consiguió un destartalado estudio para producir “Please Please me” y “Love me do” entre otros trabajos musicales. La historia romántica continuó al ser recomendados por el gerente de la marca que le sugirió entrevistarse con un productor musical muy serio, pero también dada su juventud muy atrevido, George Martin. Ahí se cierra el circulo bienaventurado del despegue del cuarteto Liverpool después de un inicio incierto, desordenado y caótico en Alemania e incluso superando la primera reacción de la empresa Decca cuyo gerente despreció el trabajo del grupo en dos ocasiones. Años después suplicaba: “tráiganme a otros Beatles o no me traigan nada” instruyó con amargura a sus subalternos.

Ya había ocurrido su despertar alemán en la ciudad mas “progre” de Europa como era el puerto de Hamburgo. Decía Lennon: “si bien nací en Liverpool fue en Hamburgo donde crecí”. Ya habían girado por el Reino Unido cuando en su breve paso por París les fue informado que “I want to hold your hand” había logrado el número uno en Estados Unidos, marca que se exigían para viajar al mítico mercado mundial norteamericano que decidía quien era top y quien no figuraba. Con millonarias preventas de discos fueron contratados para dos apariciones en el show mas importante del mundo – por su numerosa audiencia- que hacía de Ed Sullivan el líder de la pantalla de cristal. El resultado rebasó lo esperado. Rompieron todos los records de espectadores en toda la historia: 75 millones de televidentes según las casas encuestadores de la época. Jamás se había visto en todo el mundo una audiencia de esas dimensiones.

Anduvieron de gira por USA primero, y por las principales ciudades del mundo después. No fue muy larga esa experiencia. No eran amantes de las presentaciones personales al grado de suspenderlas definitivamente en el año 66 en San Francisco tres años antes de desintegrarse. La grabación del álbum Let it be cuenta como estudio al aire libre no como concierto, aunque en eso se convirtió.

En 1967 grabaron el video de la canción “All You Need Is Love” cuyo arreglo incluía una gran orquesta que iniciaba el tema con acordes del himno francés mas conocido como “La Marsellesa”, y con la compañía improvisada en los coros nada menos que Mick Jagger, Keith Richards sus amigos Rolling Stones y la cantante Marianne Faithfull, Eric Clapton y Keith Moon de The Who. La pieza fue la aportación inglesa al programa Our World que estrenaba un sistema satelital de nueva generación.

Su paso por las drogas desde la invitación de un porro de canabis por un ingenuo Bob Dylan – suponía que los Beatles la consumían con frecuencia sin saber que jamás la habían probado- hasta su paso por drogas duras como el LSD, la heroína y la cocaína que les permitieron inspirarse para aderezar piezas como el Submarino Amarillo , Rain. Yo soy La Morsa, Un Día en la Vida y la inocente Lucy in the Sky With Diamonds. Nunca terminaron por aceptar ninguna dependencia catastrófica de esas drogas sino mas bien era un consumo lúdico muy a tono con la sicodelia de ese tiempo, aunque Lennon en sus últimas reflexiones confió “que sin querer y sin saberlo me convertí en esclavo de las drogas”.

Lucía en el Cielo de Diamantes, en español fue inspirada por un dibujo infantil de Julian el hijo mayor de John sobre su su compañera de escuela de nombre Lucy. “Un título así merecía una canción” dijo John alguna vez sobre ese tema. Nada que ver con el LSD.

En total los Beatles firmaron 212 canciones grabadas. Se quedaron en sus cajones muchas más que poco a poco van viendo la luz con la estricta aprobación de Paul, Ringo, Yoko y Olivia la discreta viuda de George Harrison nativa de Los Ángeles de abuelos mexicanos. De a poco se publican libros con nuevos datos. Se encuentran manuscritos de temas personales. Se rescatan cintas. Toda una arqueología por el cuarteto.

Este nueve de octubre John hubiera cumplido 85 años. Nadie sabrá que hubiera hecho en los 45 años que ya no vivió hasta hoy, porque un desquiciado texano avecindado en Hawái le asestó cinco balazos por la espalda, uno de ellos directo al corazón. Ese mismo corazón que le llevó a escribir In my Life, Woman, Love y cientos de piezas mas armadas de mordaces ocurrencias y muchas aderezadas con corazonadas románticas.

La pistola con la que le mataron a sus escasos 40 años casualmente fue comprada con lo que obtuvo el asesino por la venta de su colección de discos de los Beatles. También se financió su ticket aéreo. La 38 mm fue comprada -según la factura- en una armería precisamente un nueve de octubre, día del natalicio de John y día también en que nació su hijo Sean tres años antes. Justo cincuenta días antes de la trágica noche. John había vuelto después de un retiro de cinco años. Ocupó sus últimos tres en cuidar a Sean y viajar con él mientras Yoko administraba los bienes familiares como buena hija de banquero que fue. “Sarting Over” volver a empezar se llamó su disco final. La ironía se impuso, nunca empezó de nuevo.

Dice Robert Rosen autor del libro Nowhere Man que Sean su “Beatiful Boy” fue quien le sacó de la terrible depresión que le llevara a ese retiro temporal gracias a esos esmerados cuidados de padre las 24 horas del día.

El 8 de diciembre un fotógrafo aficionado Paul Goresh retrató al asesino mientras John le firmaba una copia del disco final. Era conocido de John. La fotografía le dejó cientos de miles de dólares por su oportunidad y significado. Por la mañana John se había cortado el pelo para su sesión de fotos con la célebre Annie Leibovitz. El asesino volvió por la tarde a esperar a John Lennon. “Me dieron” gritó John al sentir el calor de los disparos como hubiera gritado un soldado en la guerra. “Me dieron” dijo doliente a las puertas del edificio Dakota de la calle 72.

En la última entrevista que concedió dos días antes de su asesinato confió que “había elegido Nueva York como lugar de residencia definitiva pues ahí podía pasear tranquilamente sin ser reconocido gracias a su sombrero de ala y sus lentes oscuros. Le parecía una ciudad muy segura” le dijo a Andy Peebles de la BBC de Londres el sábado anterior al lunes fatal. “Me dieron” le gritó John a Yoko. “Me dieron”. Nos dieron digo yo.

*Director General de Factor D Consultores

Fernando González Domínguez