El huachicol fiscal ha venido a desentrañar la podredumbre en las cañerías del Estado mexicano. La pregunta que surge es: si habrá alguna solución y, la respuesta parece ser, no. La corrupción, todo hace indicar seque es un modo de vida porque en, mayor o menor grado, corre por las venas de los mexicanos. Por supuesto, hay corrupción en otros países. Sin embargo, todo parece indicar que la corrupción es estructural, es decir, se encuentra en todos los estratos de la sociedad.

La corrupción estructural en México tiene raíces profundas que se vinculan con factores históricos, sociales y políticos que han permitido su persistencia a lo largo del tiempo. Desde la consolidación del Estado, la concentración del poder en pocas manos generó un ambiente propicio para prácticas corruptas, donde la falta de controles efectivos favoreció el abuso de autoridad. Esta dinámica se ha mantenido debido a la impunidad y la debilidad de las instituciones encargadas de la justicia y la transparencia. Y ahora, será peor con un poder judicial a modo.

Otro factor central en la corrupción estructural es la desigualdad social y económica que prevalece en el país. La carencia de oportunidades y servicios básicos en amplias capas de la población facilita que funcionarios y actores privados recurran a actos corruptos para obtener beneficios personales. La corrupción se convierte así en un mecanismo para acceder a recursos o servicios de manera irregular, perpetuando un círculo vicioso difícil de romper.

La cultura política también juega un papel crucial en el arraigo de la corrupción. En México, se normaliza el uso de redes clientelistas, favores y sobornos como parte de la interacción cotidiana entre gobernantes y gobernados. Esta cultura limita la participación ciudadana crítica y favorece la tolerancia social a prácticas ilegales, diluyendo el rechazo que debería existir frente a actos corruptos y debilitando la presión para una gobernanza limpia.

Por último, a mi parecer, el lado obscuro de la corrupción que se ha enquistado en las altas esferas de la política federal, estatal y municipal, por antonomasia, quienes ejercen el poder se vuelven intocables y los cubre el manto protector del poder per se, la complicidad y la impunidad.

*Ex catedrático de la UAEM y analista político

Foto: SEMAR

Antonio Ponciano Díaz