La crisis en la educación puede resolverse fácilmente



Mal haría la sección 19 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación si continúa asumiendo atribuciones que corresponden a la autoridad. Porque una cosa es la defensa necesaria, legítima y obligada de los derechos de los docentes y administrativos del sector educativo en Morelos y otra asumir las funciones que, por negociaciones, debilidades, acuerdos, abandonos, deja la autoridad educativa.

Joel Sánchez Vélez, dirigente de la 19 tenía claro este riesgo hace años, cuando hace más de dos décadas inició su tarea sindical cuando empezaba la consolidación del poder caciquil de Elba Esther Gordillo Morales que lesionó no solo los derechos de quienes no se rendían ante su poder, también la gobernabilidad del sector educativo, las políticas de desarrollo en el sector y la calidad del servicio educativo. El propio Joel, junto con Leandro Vique Salazar, Felipe Castro Valdovinos y otros profes aguerridos formaron la única planilla sindical que pudo derrotar a Gordillo en una elección en Morelos, la que encabezaba Mario Luis Salgado Salgado, de los pocos dirigentes que asumieron el laborismo como guía para su gestión.

El sindicato está para funcionar como contrapeso de la autoridad y mientras mayor solidez tenga mejor hará ese papel. Pero es fácil confundir la solidez con el poder, y a menudo los líderes del SNTE sucumben a la tentación de empoderarse para suplantar a la autoridad educativa y se consideran dueños de los espacios de mando.

No es un asunto fácil, al final, el que todos los trabajadores de la educación pertenezcan de inicio al SNTE, obliga a que todos los mandos (por esas cosas del servicio de carrera) sean sindicalizados, así que tienen un director (en el caso de Morelos Leandro Vique Salazar), y un líder (igual para el estado, Joel Sánchez Vélez). Si las partes trabajan de forma armónica y asume cada una lo que le corresponde, las cosas suelen funcionar, como se demostró allá en los inicios del Instituto de la Educación Básica del Estado de Morelos que dirigían primero Francisco Argüelles Vargas y luego Julio Reyna, cuando estaban perfectamente delimitadas las fronteras entre la gestión administrativa y la sindical.

Las debilidades de los mandos posteriores en el IEBEM, y el empoderamiento del gordillismo en el plano nacional, permitieron que el sindicato se fuera apoderando poco a poco de espacios en las oficinas administrativas al grado que mandaba incluso en la asignación de plazas y los nombramientos de directores de área; igual que ocurría en el plano nacional donde Elba Esther ponía hasta subsecretarios de educación básica y directores del ISSSTE. El argumento que se utilizaba era el beneficio de los trabajadores, pero muy pronto quedó claro que se trataba de obtener canonjías, favores y hasta utilidades de esquemas de corrupción para unos cuantos.

La caída del gordillismo en el sexenio de Enrique Peña Nieto no mejoró mucho las cosas, por cierto, los años de malas prácticas se habían vuelto costumbre y los gobiernos, federal y de muchos estados prácticamente abandonaron al sector colocando en los mandos a cualquier inepto para permitir que el sindicato siguiera ocupando las posiciones operativas clave.

Cuando Leandro Vique Salazar asumió el cargo en el IEBEM cometió el error de intentar reproducir el esquema para llevar la fiesta en paz. La decisión parecía sencilla, había una dirigencia sindical sumamente fuerte resultado de la primera elección por voto directo del magisterio y Joel Sánchez Vélez es (o era) su amigo y aliado político desde hacía muchos años. Leandro confió en eso… y se equivocó.

Pero Joel es copartícipe del error.

El dirigente sindical empezó a asumir tareas de la autoridad por interpósitas personas, estableció una red de control en áreas operativas del IEBEM con personajes que no funcionan para esas tareas y con ello permitió que los conflictos laborales se prolongaran, porque no es lo mismo ser borracho que cantinero. Joel se equivocó también porque sucumbió a la tentación de tomar decisiones de autoridad, chiflar y comer pinole.

Joel y Leandro se equivocan más si creen que la situación de crisis que atraviesan hoy no tiene solución. La respuesta al problema de desorden que vive la educación básica en Morelos es muy sencilla y ellos la saben, aunque probablemente se nieguen a verla a estas alturas del choque. Ambos deben sentarse a dialogar, evaluar lo que no funciona y tomar decisiones sobre el nombramiento de nuevos mandos operativos en el IEBEM a partir de las capacidades y habilidades de los candidatos a cada puesto, y no de sus relaciones con el SNTE, con la autoridad, con partidos políticos o con grupos de poder.

La niñez y las adolescencias, pero también el magisterio de Morelos, merecen que los mejores sean quienes ocupen los puestos clave en los espacios educativos. Mucho de lo que se pudo haber perdido en estos días de conflicto puede recuperarse si se nombra a la gente ideal en los cargos correctos.

En todo caso, se trata de una cuestión de voluntad.

El problema es que el asunto parece haberse contaminado ya con asuntos personales y con la peregrina idea de traiciones contra ambas partes. A estas alturas de sus trayectorias políticas y sindicales, todos los involucrados en el asunto deberían saber que la gente suele hacer lo que debe con la información y en las circunstancias que tiene. Lo personal está padre para el chisme y los reclamos ya entrados en copas, pero no en la gestión pública, mucho menos cuando se trata de la educación de miles de niñas, niños, adolescentes y jóvenes morelenses.

Uno siempre está en el momento ideal para corregir si se dan los pasos correctos y la educación en Morelos requiere que todos los involucrados en ella comiencen a darlos. Los trabajadores de la educación requieren de un sindicato que verdaderamente sea sindicato; pero también de una autoridad que se asuma, actúe y resuelva como tal.

@martinellito / martinellito@outlook.com

Daniel Martínez Castellanos