Jazmin Aguilar

“Sus cortezas, surcadas por líneas como senderos de tiempo, se abren como bocas que susurran secretos al viento.”

Alejandro Aranda

Un horizonte sin tiempo, donde los sueños, la naturaleza y la humanidad se funden en un grito silencioso, es la imagen que recibe a quienes ingresan al Museo Universitario de Arte Indígena Contemporáneo en el centro de Cuernavaca. Presentando su más reciente exposición “Alusiones Oníricas”, disponible hasta el 12 de septiembre, Alejandro Aranda despliega una retrospectiva que reúne un lustro de creación, con obras que cruzan lo realista y lo surreal, lo ritual y lo íntimo, lo social y lo telúrico. “Pedacitos de mis vivencias y mis sentires”, en palabras del artista.

Sus lienzos y grabados, cargados de simbolismo, fusionan ese espacio entre la vigilia y el sueño con lo cotidiano, troncos, aves, raíces, manos y rostros que parecen sostener diálogos silenciosos con el espectador. Entre los cuadros de Aranda hay una cualidad magnética en las texturas y en los contrastes de su paleta, una fuerza que invita al público tanto a la contemplación de las expresiones culturales y las manifestaciones fruto de los procesos históricos que caracterizan a México como un país surrealista. ¡México sueña despierto!, dice Aranda.

Un realismo múltiple y persistente

El historiador de arte Raymundo Ernst sitúa la obra de Aranda en “una búsqueda constante, marcada también por ciertas constantes que resisten el paso del tiempo”. Citando a Panofsky (gran historiador del arte alemán) y para que una obra trascienda el propósito único de la apreciación estética, el artista debe sumergirse en el objeto de su percepción. “Su obra fluye. Expresa un anhelo de eternizar momentos, transferir mensajes e intentar vínculo. Para ello, Aranda forja una relación indisoluble entre forma y contenido, entre materia y espacio.”

En su análisis, enfatiza que no se trata de un realismo único, sino de un conjunto de realismos particulares: “lo indigenista, lo telúrico, lo surrealista, lo realista-mágico”. Para Ernst, el mayor logro del artista es “evitar cualquier alarde de tecnicismos” y seleccionar fragmentos significativos de la vida, las manos, las raíces, los objetos rituales, como metáforas visuales que encarnan. “La expresión certera de los tópicos expuestos está dada por el material, por los ejes, las tensiones y los ritmos que generan un movimiento que reclama ser (re)interpretado”, expresa.

Entre Freud y Prometeo

Con un estilo crítico y casi confesional, el psicólogo Enrique Álvarez describe el encuentro con la exposición como un cruce entre psicoanálisis y metáfora social. Desde su lectura, los cuadros de Aranda evocan tanto “deseos inconscientes e irracionales” como “sueños lúcidos” y, sobre todo, “sueños prometeicos”.

Desde que un tal Sigmund Freud publicó su famoso texto La interpretación de los sueños, por el año de 1900, dice Álvarez, “nos enrostró otro término que atribuía a quienes deseaban aproximarse a estos eventos la capacidad profunda e impenetrable de los hermeneutas o exégetas para comprender e interpretar la realidad”; refiriéndose a la interrogante de cómo interpretar los senderos plasmados por Aranda, por donde el ser deambula entre lo inconsciente y el principio de “realidad”.

Evocando un poema de León Felipe, Álvarez plantea la obra de Aranda con potencia de las grandes metáforas sociales, de lo clandestino y lo personal: “¿Y qué tal, vuelvo a inquirir a Aranda, que además de grabador, pintor, diseñador eres un auténtico genio prometeico, el genio del color, la metáfora y las imágenes, y esos cuadros que presentas en esta exposición revientan las conciencias aludiendo a tus sueños prometeicos y lúcidos?”.

Un artista entre lo social y lo íntimo

Para el museógrafo Luis Jiménez G., la obra de Aranda ha transitado desde los grabados de luchas sociales y revoluciones del siglo XX hasta un universo mucho más introspectivo y simbólico: “Estos trabajos llenos de símbolos, alusiones, significados y formas reflejan este otro mundo interno de Alejandro Aranda, un mundo de sueños, de mundos imaginados, llenos de vaticinios y advertencias que parecen estar dirigidos a toda la humanidad”.

Como realizador del montaje de la exposición, Jiménez subraya la capacidad del artista para construir atmósferas surrealistas que funcionan como advertencia y como una invitación a reflexionar sobre el deterioro ambiental y el proceder materialista de la humanidad. “Nos muestra un mundo interno que evidencia al hombre como creatura omnipotente que agrede y atropella a la naturaleza. Nos invitan a la reflexión profunda acerca de nuestro proceder materialista y primitivo, a veces inconsciente otras consciente. Dejando siempre al último, como si no existieran, las leyes eternas que rigen el universo”.

Lo intangible

En suma, Alejandro no se limita a un recorrido estético en sus “Alusiones Oníricas”, sus imágenes, rotundas, seductoras, sugerentes, convocan tanto a la interpretación cautiva de quienes han experimentado un sueño lúcido, como a la sujeción surrealista colectiva. Como lo escribió Ernst, “frente al trabajo de Alejandro Aranda hay una especie de irradiación sugestiva hacia quien lo contempla y, por lo mismo, nos sitúa como testigos activos de la belleza del pensar”.

La exposición permanecerá en el Museo Universitario de Arte Indígena Contemporáneo hasta el viernes 12 de septiembre, como una oportunidad de asomarse a los sueños, las metáforas y la potencia prometeica de un creador que insiste en imaginar y hacer imaginar.

Un dibujo de una persona

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“Ciclo biológico”, Óleo sobre tela, 1.86 x 1.44 mts, 1989. La obra representa “cómo la vida se gesta en la raíz, se impulsa hacia el cielo, se transforma por el amor y el vuelo, y termina siempre en un punto frágil donde la belleza se mezcla con la certeza de lo efímero”. Foto: Cortesía

Un hombre sentado en el suelo

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Alejandro Aranda inició su camino en el arte como grabador, acompañando con su gráfica las luchas sociales y revoluciones del siglo XX del país. Foto: Cortesía

 

La exposición está integrada por fragmentos de vivencias, memorias y sueños traducidos en óleo, grabado y dibujo. “De tierra somos”, Óleo sobre tela, 40 x 31 cm,1978.

En sus obras, Aranda fusiona formas, colores y naturaleza con un toque de identidad e intimidad. “Mujer de palma anidando la esperanza”, Aguafuerte aguatinta, 61 x 41 cm, 2015.

“La utopía”, Aguafuerte aguatinta, 57 x 38 cm, 2012.

“La huella del hombre”, Dibujo tinta china, 40 x 60cm,1984.

Jazmin Aguilar