

Como en la nueva política morelense se trata de construir, y para ello hacen falta todos (o por lo menos mucho más que uno o algunos), la gobernadora Margarita González Saravia y la LVI Legislatura del Congreso de Morelos han andado muchas veces por el camino de los acuerdos y los consensos que han posibilitado lo que ellos llaman reformas con impacto social, pero que pueden entenderse como leyes centradas mayormente en las necesidades de la población.
Así transcurrió el primer año de actividades de las y los actuales diputados que establecieron una diferencia enorme con sus antecesores, acabaron con la parálisis en el Congreso y trabajaron en coordinación con el Ejecutivo. El segundo año de la Legislatura será diferente no porque haya agotado la voluntad para avanzar en los consensos y coordinación, sino, al contrario, por el fortalecimiento enorme que se está dando desde ambos poderes a esa práctica.
En su intervención en la tribuna del Congreso, la gobernadora dio un par de claves que evidencian la intención de mejorar la relación entre ambos poderes.
“Siempre daremos la bienvenida a la crítica madura y seria que ayude a mejorar las relaciones entre nosotros por el bien de nuestro estado”, dijo, lo que permite ver que desde el Ejecutivo se reconoce la necesidad de los eventuales señalamientos constructivos que se puedan hacer desde el Legislativo, el poder representante de la soberanía popular.
“Por ello son importantes las comparecencias del Ejecutivo en el Congreso para contar con cifras exactas y realistas e información veraz para la construcción de un mejor modelo”, un indicativo de la disposición del Ejecutivo a reunirse las veces que sea necesario con las y los diputados para aclarar los números, evaluar los resultados y detectar áreas de oportunidad.
Y no es que en el Congreso de Morelos se haya acabado el voto de confianza, los reconocimientos de prácticamente todas las fuerzas políticas a la labor del Ejecutivo y los retos que aún deben atenderse son muestra de que la voluntad se mantiene. Pero todas les relaciones deben madurar y en el Ejecutivo y Legislativo se apuesta a que la confianza de fortalezca ampliando el diálogo con información completa.

Sólo así se pueden construir políticas públicas sólidas.

