En lluvias torrenciales o en sequía extrema,

la solución siempre será la naturaleza

 

En Morelos, como en gran parte del país, los fenómenos climáticos extremos se han vuelto parte de la vida cotidiana. Inundaciones repentinas en temporada de lluvias y sequías prolongadas durante gran parte del año son recordatorios de que el delicado equilibrio entre sociedad y naturaleza está en riesgo. Frente a esta realidad, la respuesta más sensata y urgente no es levantar más concreto de manera indiscriminada, sino apostar por la mayor aliada que tenemos: la naturaleza.

Los servicios ecosistémicos —ese conjunto de beneficios que brindan los bosques, selvas, ríos y barrancas— son invisibles para muchos, pero absolutamente vitales para todos. Desde la infiltración del agua en los mantos acuíferos, la regulación del clima, el control de la erosión, la provisión de alimentos, la captura de carbono que ayuda a mitigar el cambio climático y la reducción de riesgos son algunos de ellos, la naturaleza trabaja silenciosamente cada día para sostener la vida. Una de las herramientas que tenemos para preservar tales servicios son la Áreas Naturales Protegidas (ANPs).

En Morelos apenas un 24% del territorio se encuentra bajo algún tipo de protección oficial, a través de 14 ANPs. De estas, sólo existen dos ANPs Municipales, que en su conjunto protegen únicamente el .07% del territorio estatal. Esta situación contrasta con la fragilidad municipal que existe para atender las amenazas climáticas y atenuar sus efectos. Por ello se considera urgente que los municipios morelenses analicen y establezcan nuevas áreas de conservación, de diferente índole y escala, acorde a sus planes de ordenamiento y gestión territorial. No hablamos únicamente de grandes reservas, sino también de parques urbanos, corredores bioculturales, barrancas, manantiales, zonas ribereñas y relictos de selva baja que todavía sobreviven en medio de paisajes agrícolas y urbanos.

La importancia de estas acciones no es lejana ni abstracta: los beneficios se reflejarán de manera inmediata en el bienestar de la población. Cada hectárea de bosque protegida es agua más limpia para las comunidades; cada barranca restaurada significa menos riesgo de inundaciones; cada área verde urbana aporta aire más puro y espacios de convivencia social. Al mismo tiempo, estas áreas pueden convertirse en zonas productivas conforme a sus características y al establecimiento de líneas de protección claras: proyectos de ecoturismo, apicultura, aprovechamiento sustentable de hongos, frutos, semillas o plantas medicinales. La conservación, bien entendida, no es un obstáculo al desarrollo, sino una forma de desarrollo más inteligente y duradero.

En este sentido, Morelos tiene un enorme potencial. Desde las montañas del norte, que recargan los mantos acuíferos que abastecen a todo el estado, hasta la Reserva de la Biósfera Sierra de Huautla al sur, que es un laboratorio natural de biodiversidad y oportunidades de ecoturismo, la riqueza natural del territorio es vasta. Pero esta riqueza también es frágil. Dejar que continúe la fragmentación de selvas y bosques equivale a hipotecar el futuro de las comunidades morelenses.

Los municipios tienen la oportunidad histórica de ampliar la cobertura de áreas naturales protegidas con la participación activa de comunidades, ejidos y ciudadanos. Una política municipal de protección de ecosistemas no solo preserva la biodiversidad, también asegura agua, salud, seguridad y recursos para las poblaciones.

Algunas personas podrían decir que antes de pensar en crear nuevas ANPs habría que resolver los problemas de dinero y personal que ya enfrentan las que existen. Y sí, esos retos son reales, pero no deberían ser un freno. La crisis climática no espera y los riesgos de sequías, inundaciones o pérdida de especies crecen cada día. Dejar de considerar la creación de nuevas áreas es cerrar la puerta a soluciones que pueden mejorar la vida de la gente. Además, cada municipio tiene mucho que aportar: la creatividad de su gente, la organización comunitaria y el interés ciudadano pueden convertirse en una gran fuerza para cuidar su entorno y encontrar formas de aprovecharlo de manera responsable.

Hoy, cuando los impactos del cambio climático son cada vez más visibles, proteger la naturaleza no es un lujo, es una estrategia de sobrevivencia. En lluvias torrenciales o en sequías extremas, la naturaleza siempre ofrece la solución. Apostar por ella es garantizar que Morelos pueda enfrentar los desafíos del presente y construir un futuro compartido.

*Victor Hugo Flores-Armillas (@victor.bios). Centro de Investigaciones Biológicas de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.

Vista de una ciudad desde lo alto de una montaña

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Víctor Hugo Flores-Armillas