

(Tercera parte)
Queda claro que odiar a los «gringos» no es la solución. ¿Qué sí lo es? Los problemas que la migración de estadounidenses a México genera no son imaginarios ni pequeños. La solución es la implementación de políticas que mitiguen los efectos negativos o, preferiblemente, que utilicen el dinero que traen para mejorar la vida de toda la ciudad y no permitir que se concentre en esas colonias ricas a donde llegan. Porque, aunque es triste que te desplacen de la Roma, el problema real no está ahí; está en que, al mudarte a Iztacalco, desplazas a la gente que vivía ahí, y lentamente las personas se mudan a lugares más inseguros y con menos atención del gobierno a la calidad de vida (esto también aplica a todos los estados de la república y a cómo las personas de la ciudad terminan mudándose a ellos). Si te desplazaran de la Roma a Iztacalco y este último tuviera los mismos servicios, espacios públicos, tiendas, infraestructura caminable, parques, y acceso a transporte público limpio y seguro, probablemente no te afectaría tanto mudarte de la Roma; seguiría siendo la ciudad en la que creciste. De igual manera, si el nuevo club de golf en Cuernavaca te obliga a mudarte al sur de Morelos, pero hay camiones limpios con horarios constantes y claros, además de infraestructura urbana que propicie la comunidad donde ahora vives, probablemente no te afectaría tanto alejarte de la ciudad. ¿Cómo logramos esto? Depende de cada caso; lo que funciona para una comunidad no funcionará para todas, pero aquí va una lista de propuestas políticas que podrían ser útiles para solucionarlo o que, al menos, son una mejor causa por la cual pelear que el concepto abstracto y xenofóbico de «correr a los gringos».
Fundamental para que la situación mejore es un MEJOR MANEJO DE LA MIGRACIÓN Y COBRO DE IMPUESTOS A RESIDENTES EXTRANJEROS. Claro que pagan IVA, pero eso no es suficiente ni necesariamente representativo de sus ingresos. Si quieres vivir aquí con un sueldo estadounidense, vas a pagar impuestos mexicanos sobre ese sueldo, así de simple. Y si quieres rentar, sea a corto o largo plazo, deberías aplicar para obtener residencia (ahí hay un problema mayor de simplificar el proceso), y preferiblemente se establecerían escalones de impuestos diferentes para ciudadanos y para residentes (según su situación económica), pues esto aseguraría que contribuyan de manera más proporcional a sus ingresos y a su efecto en el país.
Hacer esto es necesario para cualquier otra acción. El detalle está en el uso del dinero recaudado y en políticas relacionadas. Una de las más populares son las leyes de control de rentas; estas históricamente no han funcionado en ningún lado y solo crean problemas distintos que, a largo plazo, empeoran el costo y la escasez de vivienda, pero eso es un tema para otro día. Claro está que no abogo por esto.
Hablé en el pasado sobre una posible solución: todo el dinero que deberíamos recaudar de residentes extranjeros debe ser destinado al desarrollo de vivienda para personas de bajos recursos y en regiones del país que históricamente han sido marginalizadas. Un ejemplo de esto sería el fideicomiso de tierra comunitaria de Puerto Rico, el cual hace justamente eso con el dinero de estadounidenses que se mudan al territorio. Más allá, se deberían destinar estos recursos a proyectos que mejoren la calidad de vida de toda la ciudad. Por ejemplo, el 60% del dinero recaudado puede ser destinado al desarrollo de vivienda, el 25% a mantenimiento y desarrollo de infraestructura pública (principalmente áreas verdes y transporte público), y otro 15% a iniciativas comunitarias en zonas marginalizadas, similares a la idea, mas no a la implementación, de las «utopías» de Clara Brugada en Iztapalapa. Y finalmente, deberíamos tomar nota de lo hecho en Barcelona para prohibir rentas a corto plazo en zonas céntricas, cosa que ayudó a controlar los costos de vivienda considerablemente y evita las inversiones especulativas.

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